Qué hacer ahora que se pasó el frío


Joakito-. Hace más de 2 años escribí sobre las personas que viven en la calle y como son ninguneados constantemente por todos los que deben hacerse cargo. Con esta nueva ola polar, la gente que vive en la calle, y la caridad ocuparon todas las portadas de los diarios y se dedicaron horas y horas a resaltar lo lindo que es la caridad. Pero ¿Y el Estado? ¿Y la opinión y propuestas de que hacer para solucionar este pesar? Bien, gracias.
Con los años y con la aplicación por parte de absolutamente todos los gobiernos de turno -y la iglesia católica- de acciones tendientes a "administrar la pobreza" nos hemos estamos acostumbrados al asistencialismo, cuando en realidad,  lo que se necesita del Estado es una posición sostenida  y fuerte  para trabajar con esa población excluida, que termina sin techo, con escasas posibilidades  y refugiándose en la calle.
Las personas que viven en la calle representan a los más excluidos, a los más pobres. No puede ser que salgamos todos a aplaudir a Juan Car o al "Once por todos" -aplausos merecidos por cierto- cada vez que nos encontramos ante una polar. Tampoco  podemos ser indiferentes, pero lo que necesitamos es un estado en serio que elabore políticas largo plazo. Tenemos que generar condiciones para que quienes viven en la calle, al igual que todos los ciudadanos, puedan ser considerados como sujetos de derechos, en su calidad de persona con dignidad, y siempre en una perspectiva de respeto a los Derechos Humanos fundamentales. 
 Hay que empezar a analizar la situación de las personas que viven en la calle y entender las complejidades, lo cual va a permitir de alguna manera dejar de invertir en medidas de emergencia y temporales para así poder generar una nueva institucionalidad al respecto. 
La situación de calle es un aspecto social que se puede prevenir. Muchas de las personas que se encuentran en esta situación son personas que egresan de determinadas instituciones (cárceles, hospitales, medidas cautelares que implican el abandono del hogar) sin alternativas reales y adecuadas de alojamiento. Por lo tanto, la mejor forma de prevenir que la gente termine en la calle, , no es ni la caridad, ni el asistencialismo, sino un trabajo mancomunado de transformación en las instituciones que lo originan.
El hecho de que haya personas que vivan en situación de calle, además de ser doloroso, es a la larga un alto costo económico para el estado ya que, por ejemplo, cuando una persona vive en la calle, se hace increíblemente difícil tratar los problemas de salud con eficacia. Los medicamentos son difíciles de guardar en un lugar apropiado; es difícil dormir; es imposible tener una dieta saludable; están expuestos prolongadamente a los elementos naturales. Entonces,  muchos indigentes terminan en urgencias, o entran como pacientes en los hospitales y en los asilos de ancianos, colapsando el sistema de salud pública. Por lo tanto, no se puede hablar de salud pública sino se enfrenta el tema de la falta de vivienda y de los que no tienen dónde vivir.
En distintas ciudades del mundo, existen experiencias que muestran que las personas sin casa que abusan del alcohol (u otras sustancias) incluso aquellos que requieren tratamiento, mejoran su situación dramáticamente y a la vez reducen el costo de salud.  Aquellos individuos que viven en lugares donde reciben apoyo gastan  menos al mes en fondos públicos que los que viven en la calle. Cuando se invierte primero en vivienda, todos salimos beneficiados —la ciudad, los que pagan impuestos y, sobre todo, quienes reciben el apoyo.
Si ponemos  la necesidad de vivienda en primer plano y el método que se use hace de la vivienda una prioridad, entonces, el enfoque debe estar en colocar como primera necesidad de un persona un hogar, y después los demás servicios tales como ayuda contra la adicción a drogas, salud mental. 
Hablar de personas que viven en situación de calle,  no es solamente hablar de "pobreza" o de "adicciones", sino que es algo mucho mas simple: se trata de un déficit habitacional (de hecho de la mayoría de las personas en situación de calle en la ciudad de Buenos Aires, muchas cuentan con un trabajo estable y ayuda económica estatal pero no les alcanza para pagar un hotel o un alquiler). Este déficit habitacional no se producto de faltas de vivienda, sino que es algo que ningún gobierno nacional -a excepción de algunas iniciativas de Alfónsín y de Menem- se dedico a atacar: la especulación y concentración inmobiliaria. De hecho muchas veces el estado es quien mas alimenta este mercado, sino miremos la cantidad de casas particulares que son alquiladas para que funcionen dependencias estatales. A su vez, en la mayoría de las ciudades de Argentina la mayoría de los permisos de obra son otorgados para construcciones lujosas y suntuosas y el espacio urbano que se produce se dirige a sectores altos y no a resolver el déficit habitacional, haciendo que las personas que viven en situación de calle se conforme con los pocos refugios y albergues que existen.
Entonces, ahora que amenguó el frio es bueno empezar a debatir estas cuestiones para que año tras año no tengamos que lamentar nueva muertes, que como se ha dicho, son sumamente evitables.

Nosotros leemos ésto: