Los Bombardeos del 16 de Junio de 1955: Masacre impune y prólogo genocida

Gonzalo García Garro-. El 16 de junio de 1955, en la ciudad de Buenos Aires se consumó, indiscutiblemente, la mayor masacre del siglo XX contra una población civil e indefensa. Este hecho sigue impune. Sigue sin estar presente en la memoria de las nuevas generaciones, incluso de aquellos que de un modo u otro sufrieron el terrorismo de Estado del golpe de 1976.


La masacre del 16 de junio del 55, por la forma y el nivel de la violencia ejercida marca una bisagra en las prácticas represivas del poder oligárquico en la Argentina contemporánea. Al igual que lo sucedió en la Guernica de la guerra civil española, constituyó un crimen sin precedentes, un bombardeo a una población indefensa.

Fue un crimen atroz, pero jamás fue condenado. Un hecho que nunca se debatió, en la profundidad y en la importancia que merece dentro de nuestra historia nacional. Nunca se realizó una investigación seria del caso, jamás se pudo lograr una sentencia condenatoria de sus autores, cómplices y partícipes.

La Masacre de Plaza de Mayo fue un hecho de violencia que se multiplicó en el golpe del 55 y los fusilamientos de León Suárez. Allí nació un espiral de violencia que desembocó en el genocidio, el terrorismo de Estado y la entrega del patrimonio y la soberanía nacional que la dictadura militar de 1976 consumará definitivamente 20 años después.



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"...nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: La experiencia colectiva se pierde, las lecciones colectivas se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de las otras cosas. Esta vez es posible que se quiebre el círculo".... Rodolfo Walsh.

"La lucha debe ser entre soldados. Yo no quiero que muera un solo hombre más del pueblo. Yo les pido a los compañeros trabajadores que refrenen su propia ira; que se muerdan, como me muerdo yo en estos momentos. Que no cometan ningún desmán. No nos perdonaríamos nosotros que a la infamia de nuestros enemigos le agregáramos nuestra propia infamia". Juan Perón. (Palabras dirigidas al pueblo argentino minutos después del segundo bombardeo).



Masacre Olvidada

En el mes de junio del 2005, coincidiendo con el 50 aniversario de los bombardeos, se publicaron dos de los muy pocos libros que se escribieron sobre este estremecedor hecho histórico. Muy pocos libros publicados en un período de 50 años. Los libros que hacía mención son: "La masacre de Plaza de mayo" de Gonzalo Chávez, Ed. La Campana y de Daniel Cichero, "Bombas sobre Buenos Aires, gestación y desarrollo del bombardeo aéreo sobre Plaza de Mayo". Ed. Vergara.
Ambos trabajos, admirables y meritorias investigaciones, asumen con pasión y rigor la crónica histórica. Sirven para empezar a saldar la deuda que la sociedad argentina toda tiene con los mártires del 16 de junio. Ambos trabajos, realizados sobre la base de múltiples fuentes tienen las discrepancias propias de un estudio de memoria colectiva. Y, reconstruyen la nómina de muertos que, hasta el día de hoy, no precisa con certidumbre el número de víctimas.

El bombardeo de Plaza de Mayo ha sido silenciado a lo largo de los años. En contraste con la enormidad del crimen, las narrativas sobre el 16 de junio son escasas.

Hubo, sí, algunas crónicas producidas en el campo de la investigación periodística o como práctica complementaria a la militancia política. Pero, por lo general, el 16 de junio ha sido solamente descrito como un suceso más de la serie que jalonaron el camino al golpe de septiembre del 55.

Negación sistemática del Régimen

Consideremos, solamente a título de ejemplo, un trabajo del hoy fallecido periodista-historiador Félix Luna, escritor "equilibrado" capaz de reconocer las virtudes y los defectos de los antagonistas, aunque siempre termina resultando funcional a la historia oficial, a la historia de la oligarquía, escrita por los criminales.

El mencionado periodista- escritor, en su obra "Breve historia de los argentinos" Ed. Planeta, de gran éxito comercial, en la página 234 expresa lo siguiente: "Lo demás es historia conocida, bombardeo a la Plaza de Mayo y consiguiente masacre de 200 a 300 personas que andaban por ahí (sic), cuando lo que buscaban era matar a Perón que estaba en el Ministerio de Guerra. Esa noche se desataron todos los demonios...." Demasiado breve la referencia del profesor Luna, demasiado breve, ligera y falaz.
Las 200 o 300 personas muertas resultaron ser al día de hoy 375, algunos hablan de más de 400. Se olvida de los 2.000 heridos de los cuales más de 250 quedaron inválidos para toda la vida. No menciona tampoco que las personas "que andaban por ahí", eran civiles indefensos, muchos de ellas mujeres y niños que se encontraban en la plaza para presenciar un desfile aeronáutico en desagravio a la bandera que había sido quemada 5 días antes.

No menciona tampoco que Buenos Aires era una ciudad abierta, y que no existía una guerra declarada entre las partes. Que ese bombardeo fue un intento de golpe de estado contra un gobierno constitucional elegido por más del 60 % de los sufragios, esto también lo oculta....

Y obviamente también oculta, maliciosamente, la participación de civiles en el intento, entre ellos, Miguel Zavala Ortiz, que fue durante el gobierno de Arturo Illía Canciller de la Nación. Este relevante dirigente radical voló con los aviones que bombardearon inocentes y asumió como Ministro de Relaciones Exteriores, años después, sin que mediara el más mínimo gesto,... ni hablar de arrepentimientos o autocrítica.

En fin, para el profesor Luna las "200 o 300 personas que andaban por ahí" fueron asesinados por un error de cálculo militar....Los marinos solo querían matar a Perón....Fue un lamentable equívoco, parece, según el mencionado Luna...un error. Oculta de esta manera, que los aviones ametrallaron intencionalmente y a mansalva a los civiles sorprendidos que se encontraban en la plaza.

Félix Luna al menos lo menciona. Sin ningún tipo de vergüenza, una gran cantidad de historiadores "académicos" pasan por alto estos episodios.

Antecedentes del crimen

La del 16 de junio de 1955, fue la segunda intentona militar para matar a Perón. El 28 de septiembre de 1951, el general Benjamín Menéndez había encabezado un levantamiento, dentro del cual, el entonces capitán Alejandro Agustín Lanusse tenía asignada la misión de atentar contra la vida del general Perón.

El atentado fracasó, Lanusse y sus secuaces fueron detenidos, este es el mismo General Lanusse que fue, en los inicios de los ´70, Presidente de facto de los argentinos y responsable político, entre otras cosas, de la matanza de Trelew del 22 de Agosto de 1972.

"Enfrentamiento" con la Iglesia

La situación política se había agravado seriamente en 1955. Unos días antes al bombardeo, el 14 de junio, una marcha del Corpus Christi va hacia el Congreso Nacional y bajo la consigna "Cristo Vence" recorre la avenida de Mayo y reúne a todos los partidos de la oposición.

Como en otras ocasiones en la historia argentina la Iglesia lograba reunir a toda la oposición, radicales, socialistas, conservadores, nacionalistas ultramontanos y antidemocráticos, comunistas, etc. Los manifestantes arrancan placas del frente del edificio del Congreso y llegan a izar dos banderas amarillas del Vaticano. Y tras esos incidentes, la policía encuentra una enseña nacional quemada. Así, la oposición quedó complicada gravemente en el hecho. Aunque, de inmediato, ellos atribuyeron el agravio a un plan urdido por el jefe de la policía federal.

El enfrentamiento, entre el gobierno peronista y un sector conservador de la Iglesia Católica, venía tensándose hacía unos meses a causa del proyecto de ley para separar la Iglesia del Estado presentado por el oficialismo. Al proyecto en cuestión se sumaban otros dos de similar efecto irritante para los sectores reaccionarios de la Iglesia: cese de la enseñanza religiosa obligatoria en las escuelas públicas y la Ley de Divorcio.

El momento del "golpe"

En ese marco, aquel 16 de junio, Perón decide organizar un desfile, en tierra y aire, para desagravio a la bandera nacional quemada en los incidentes del 14.

Esa circunstancia es la que acelera los planes de los conspiradores. Vieron la posibilidad, que la salida de sus aviones iba a pasar desapercibida para los otros mandos militares. El plan estaba en marcha.

Hechos, autores y víctimas

A las 12:40 de aquel día 16 de junio, el capitán de fragata Néstor Noriega inicia el bombardeo al mando de un avión Beechcraft y le sigue el capitán de corbeta Santiago Sabarots. Cada uno lanzó una bomba de 50 kilos.

El diario Clarín narra al respecto: "incendió y transformó (la bomba) en chatarra dos automóviles estacionados junto al cordón de la vereda, mientras la segunda destruía a otros dos vehículos". "Las esquirlas habían matado a las primeras ocho personas, a las que manos piadosas les cubrieron el rostro con diarios".

La cuadrilla, integrada por cuarenta aviones, había salido de la base aeronaval de Punta Indio y durante tres horas, cubrió de sorpresa, dolor y muerte la histórica plaza. En medio de las corridas envueltas por el pánico, los disparos sin descanso de las ametralladoras dejaron huellas que aún hoy se pueden ver, por ejemplo, en el frente del edificio del Ministerio de Economía que da a la avenida Leandro Alem.

"Blancos" militares

En la Casa de Gobierno impactaron 29 bombas, seis sin estallar: Allí hubo 12 muertos y 55 heridos, entre civiles empleados y militares.
Tras arrojar unas 100 bombas de entre 50 y 100 kilogramos, la masacre quedó consumada: más de 350 personas muertas y otras dos mil heridas. La inmensa mayoría eran civiles que se encontraban aguardando el desfile aeronáutico, trabajadores que se hallaban en el lugar, y empleados que se dirigían a almorzar.

Un trolebús repleto, frente a la plaza Colón, detrás de la Casa de Gobierno, fue perforado por una bomba: sólo allí hubo 65 muertos, la mayoría de sus cuerpos quedaron despedazados por la tremenda explosión que dio de lleno en el trolebus.

Otro transporte recibe un bombazo en avenida Las Heras y Pueyrredón, en cercanías de la antigua residencia presidencial, donde algunos disparos dieron en varios frentes de vivienda y produjeron muertos y heridos. El predio era el conocido "Palacio Unzué", residencia alternativa a Olivos del Presidente de la Nación, es el mismo predio sobre el que hoy se levanta la biblioteca Nacional.

En otro sitio, en el conurbano bonaerense, una columna de soldados del Regimiento de Infantería de La Tablada, también fue bombardeada desde aviones rebeldes. Tres fueron los muertos y seis los heridos.

Los alrededores de la sede de la Confederación General del Trabajo (CGT), en Azopardo e Independencia, son también ametrallados, cuando comenzaban a reunirse los trabajadores que eran movilizados en camiones para defender al gobierno justicialista.

Una masacre
No fue una batalla. Fue una masacre. El símbolo de esa desigual lucha, entre miles de manifestantes y los militares golpistas, fue quizá el obrero Héctor Passano. "Cayó partido por la mitad cuando le disparaba a un avión "Gloster Meteor" con un revolver".

Resuena aún, en la memoria de la militancia, la anécdota de John William Cooke. Aquel prohombre del movimiento nacional y popular vació un par de cargadores de su pistola 45, parado en el medio de la plaza, disparando contra los aviones que sembraban bombas y muerte en la ciudad. Enfrentar la ofensiva gorila aquel día fue una tarea de héroes y mártires.

Rojas y la Marina

Aquella mañana de junio, hubo también algunos combates en tierra. Un grupo del Cuarto Batallón de Infantería de Marina, al mando de Juan Carlos Argerich, se apoderó del edificio del ministerio de Marina.

Los infantes tenían los nuevos fusiles semiautomáticos belgas, recién ingresados de contrabando en el último viaje de instrucción de los alumnos de la Escuela Naval de Río Santiago, que dirigía el contralmirante Isaac Rojas.

Se frustra la intentona golpista

A las dos de la tarde, los infantes de Marina, atrincherados en las cercanías de la Casa Rosada, en el sector de la Plaza Colón, tras disparar a mansalva a la población, tuvieron que capitular al ser rodeados por cuatro tanques Sherman.

Las tropas leales estaban al mando del general de Ejército, Ernesto Fatigati y se desplegaban en medio de los miles de trabajadores que habían comenzado a rodear el edificio de los marinos y que amenazaban con lincharlos.

Entonces, los jefes golpistas, contralmirante Samuel Toranzo Calderón y el comandante de la fuerza, vicealmirante Benjamín Gargiulo, tuvieron que rendirse. Eran las cuatro de la tarde. Todos los sublevados fueron detenidos, salvo Gargiulo que se suicidó con un tiro en la sien.

El General Juan José Valle fue uno de los responsables de negociar la rendición de los militares sediciosos. Este patriota será fusilado por la dictadura militar que derrocó a Perón meses después. Su muerte fue otro criminal episodio de nuestra historia moderna.

Nombres que retornan 

Los restantes sublevados, incluido Zavala Ortiz, el jefe de los autodenominados comandos civiles, habían huido al Uruguay en treinta y seis aviones.

Los aviadores navales sublevados que descendieron en Montevideo fueron recibidos por el ex oficial del Ejercito Carlos Guillermo Suárez Mason, prófugo en ese momento de la Justicia argentina, quién estaba exiliado en Uruguay desde 1951, era uno de los responsables del abortado golpe de estado contra el gobierno justicialista.

Este personaje siniestro, es el mismo general que después será el Jefe del Primer Cuerpo de Ejército durante la última dictadura militar.

Conocido como "Pajarito" Suarez Mason, fue uno de los jerarcas de más peso de la dictadura del 76. Murió recluido en la cárcel de Villa Devoto en el año 2005 a los 81 años. Perseguido por la justicia argentina e italiana, capturado por la INTERPOL, condenado por violación a los derechos humanos y otras causas de corrupción económica, le fueron comprobados 47 asesinatos y 23 secuestros.

Otro célebre genocida

No es de asombrar que, el entonces Teniente de Navío Eduardo Emilio Massera fuera participe de la masacre. Era, en ese momento, el secretario del almirante Oliveri, comandante de la marina.

Sí, estamos mencionando al mismísimo Massera. El comandante "Cero", el hombre que con el grado de almirante integró la Junta Militar del golpe del 76.

"Escuela" de Terrorismo de Estado

La masacre de Plaza de Mayo fue para algunos de los actores de la misma, una "escuela" de terrorismo de Estado que profundizaron hasta la ignominia años después.

También estuvieron implicados en la masacre: Horacio Mayorga (éste oscuro personaje estuvo implicado en los asesinatos de Trelew en 1972) y el entonces Capitán de Navío Oscar Montes que fue posteriormente con el grado de Almirante, Canciller de la dictadura del 76.

Entre los pilotos que manejaban los aviones bombarderos se encontraba el que luego fue el Brigadier Osvaldo Cacciatore Intendente de facto de la Capital Federal durante la dictadura y el hermano de Massera de nombre Carlos A. Massera.

Según un expediente de la investigación, que murió archivado en los galpones de las Fuerzas Armadas, el mismísimo Pedro E. Aramburu fue parte de la conspiración criminal golpista de los bombardeos.

Complicidad política

Es también imprescindible que mencionemos a algunos de los políticos, de los civiles, "paladines de la democracia", que participaron en esta masacre: el ya mencionado radical unionista Zavala Ortiz, que voló en uno de los aviones y estuvo exiliado en el Uruguay, quien fue Ministro de Relaciones Exteriores del formalmente democrático gobierno de Arturo Illia en los ´60.

El dirigente "nacionalista" Mario Amadeo también participó. Cerrando esta galería de "próceres democráticos" el inefable "Norteamérico" Ghioldi, dirigente del Partido Socialista que en 1956, luego de los fusilamientos de León Suarez, expresó: "se acabó la leche de la clemencia". Incitación gorila ésta, para instigar la represión sobre el pueblo peronista. Para este dirigente socialista la sangre derramada por los mártires del 16 de Junio, no era suficiente. Terminó su carrera política como Embajador de la dictadura en Portugal.

La lista de nombres y apellidos "celebres" de la oligarquía, de militares gorilas y del antiperonismo político, vinculados a la violación sistemática de los derechos humanos, golpes militares y gobiernos antipopulares podría extenderse mucho más. Para todos ellos el peronismo fue siempre el enemigo a vencer.

Después de los bombardeos

Para terminar la crónica de esta trágica jornada del 16 de Junio del 55, sólo resta contar cómo en la noche de ese día aciago, parafraseando a Félix Luna "se desataron todos los demonios".

Después del paso de los aviones, gruesas columnas de humo se elevan en el centro de la ciudad, una multitud enardecida por los crímenes se moviliza y marcha sobre las iglesias.

Así fueron quemados los edificios de la Curia metropolitana y algunos otros templos del centro de la ciudad. Cabe destacar que en los barrios de Buenos Aires no hubo un solo incidente contra la iglesia, no se molestó a ningún cura, ni se profanó ningún templo. Todo ocurrió en el centro de la ciudad.

Este incidente es también un punto oscuro en la historia de la Argentina contemporánea en cuanto a imputación de responsabilidades, que debe ser saldado por los historiadores y por la sociedad toda.
Sospechosamente el mismo 16 de junio, día en que se llevó adelante un verdadero crimen de lesa humanidad, el Papa excomulgó a Perón, los integrantes de su gabinete y a las "supuestos responsables" de la violencia contra la Iglesia.

El principio del fin

El peronismo y el gobierno democrático y popular caerán unos meses después. El golpe se produce porque se desarticula la coalición que lo había sostenido (es lo que se denomina sociológicamente como la ruptura del bloque histórico). Por uno de esos avatares de la historia esa coalición triunfante del 45 se desarticula.

El bombardeo de 1955 es la primera muestra real de esa ruptura. La oligarquía contaba con nuevos aliados: la dirigencia de la Iglesia ya estaba enfrentada a Perón. El ejército por su parte ya no apoyaba en su conjunto al gobierno. Dos de las tres patas del peronismo, la Iglesia y el Ejército, estaban rengas o habían desaparecido. Sólo el pueblo defenderá al pueblo de allí en adelante.

Orígenes del terrorismo de Estado

Cuando los historiadores defensores de proyectos antipopulares, esos "profesores" universitarios expertos en "olvidos" que sirven para cultivar la desmemoria, ubican la génesis de la violencia política en los 70, lo hacen omitiendo deliberadamente tres hechos fundamentales.

Estos episodios fueron los primeros y, en gran medida, las causas de la violencia política y las violaciones a los derechos humanos en la argentina moderna:

a. el golpe militar de 1955;

b. los fusilamientos en José León Suárez, Lanús y La Plata de 1956,

c. Este hecho que analizamos, el bombardeo contra el pueblo, en la Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955.

Como hemos afirmado en distintas ocasiones, de todos, es sin dudas es el último el que, para gran parte de la sociedad, se encuentra más olvidado. Pero, paradójicamente es el que tiene una trascendencia histórica determinante. Aquel 16 de Junio nace el proceso de violencia institucional contra el pueblo.

Una Masacre impune

Fue un crimen de lesa humanidad, pero jamás fue condenado. Un hecho que nunca se debatió, en la profundidad y en la importancia que merece dentro de nuestra historia nacional. Nunca se realizó una investigación seria del caso, jamás se pudo lograr una sentencia condenatoria de sus autores, cómplices y partícipes.

El silencio histórico impuesto sobre la matanza del 16 de junio colaboró para que 20 años después se pudieran concretar los horrendos crímenes del Proceso de Reorganización Nacional.

Olvido es impunidad

Ocultar, mentir, olvidar, esa es la metodología de la historia del Régimen. De esta manera artera, las clases dominantes se adueñan de la historia diría Walsh. Pero, Rodolfo Walsh insinúa también una esperanza: que "es posible que se quiebre el círculo".

Esa es la intención de la memoria política, la memoria militante, quebrar desde espacios políticos, el círculo de mentiras de la "historia oficial" para que el pueblo sea dueño de su propia historia, una historia de Verdad y Justicia.

Quebremos el círculo entonces y no minimicemos el 16 de junio de 1955 porque en la ciudad de Buenos Aires se consumó, indiscutiblemente, la mayor masacre del siglo XX contra una población civil e indefensa. Este hecho sigue impune. Sigue sin estar presente en la memoria de las nuevas generaciones, incluso de aquellos que de un modo u otro sufrieron el terrorismo de estado del golpe de 1976.

Por memoria, verdad y justicia

La importancia crucial del recuerdo de esta masacre radica en que fue la primera manifestación de violencia anti-popular de tal dimensión. El ametrallamiento y el bombardeo sobre la población civil indefensa dan inicio a un nuevo capítulo de la violencia institucional.

Este episodio marcó un antes y un después. Aquí nace el "modus operandi" que los sectores reaccionarios y antidemocráticos pondrán en marcha en forma sistemática para la resolver los conflictos políticos cada vez que las urnas les fueron adversas.

La Masacre de Plaza de Mayo fue un hecho de violencia que se multiplicó en el golpe del 55 y los fusilamientos de León Suárez. Allí nació un espiral de violencia que desembocó en el genocidio, el terrorismo de Estado y la entrega del patrimonio y la soberanía nacional que la dictadura militar de 1976 consumará definitivamente 20 años después.

Es importante rescatar la actitud del actual gobierno nacional que rindió un sentido homenaje institucional las víctimas de los bombardeos.

Pero la memoria también se milita, en especial desde la política. Este hecho no puede quedar impune ni lo podemos olvidar. Jamás.