La máquina de hacer humo del PRO ya no funciona



Alexis Gravier-. Como nunca en mucho tiempo, hoy queda claro para la mayoría de los observadores políticos, cómo sobrevaloraron las técnicas de Marketing Político, especialmente del PRO, asignándole una importancia que no tienen ni tuvieron nunca.



Por supuesto, una mala campaña electoral puede restar votos. Esos votos pueden ser bastantes, por cierto. Sin embargo, una buena campaña electoral es la que retiene los votos, y si puede, suma algo, pero esa cifra nunca será significativa por la injerencia del Marketing, sino por otras variables duras.
Hoy, esto que desde hace varias elecciones decimos en este espacio de Noticias Entre Ríos y en otros medios, queda claro.
Hay cierto consenso de que el oficialismo del PRO, hoy llamado Juntos por el Cambio, apuesta a que los ejes de la campaña pasen por la ideología, en este caso, bien corridos a una derecha clásica. Que tiene una cantidad de adeptos importantes, aunque minoritarios, por lo tanto necesitan juntar todo lo posible de no peronismo. Esto es lo que explica que el gobierno nacional apueste todo a un balotaje y ponga de candidato a vicepresidente a un peronista clásico como Miguel Pichetto.
En el peronismo, hoy llamado Frente de Todos, apuestan a la economía como factor central que guíe el voto. Pero saben que con esto tampoco alcanzan, por tanto tratan de reunificar todo el peronismo -absorviendo a Alternativa Federal- y sumarle sectores progresistas. Así se entiende la candidatura de Alberto Fernández a Presidente.

Ambos le hablan a electorados distintos y en el medio queda un segmento volátil que decidirá la elección, hacia ahí apuntan el Marketing Político una vez que esta disciplina ya logró contener la mayoría de los votos "cautivos", aún cuando esta categoría esté en duda en la sociología electoral. Aunque a priori, la ideología es más importante que la economía, separar tajantemente una y otra no es conveniente para un análisis profundo. A los propósitos de esta nota, sirve para delimitar cuál es el campo de lo posible en las estrategias de Marketing Político, por más sofisticadas que éstas se presenten de acuerdo al uso de las nuevas tecnologías disponibles. Sobre las cuales, digamos al pasar, hay un vacío legal que permite un uso desproporcionado al oficialismo, que cuenta con los datos que el Estado debería proteger, para utilizarlos electoralmente. Sin que la Justicia actúe, lo cual sienta un grave precedente.


Durante años, cuando el desastre económico aún no se veía en la vida cotidiana de mucha gente, desde el PRO se vendía humo sobre los supuestos grandes expertos de Marketing Político que eran. Ahora el rey está desnudo y las propuestas de campaña son un rejunte de los viejos dictados de la derecha tradicional: servicio militar, punitivismo, demagogia conservadora, subordinación a las potencias mundiales, beneficios fiscales para los ricos, idealización del "campo", etc. Todo el manual de las recetas que antes eran difundidas por los gobiernos militares y partidos políticos marginales, como la UCEDE u otros más volátiles. Aunque es probable que esta estrategia sea para impulsar el "voto duro" para que concurra a votar en las PASO, por los efectos psicológicos que los resultados de ésta derraman sobre el voto en la elección general. Así el gobierno pasó de desdeñar las PASO al punto de querer eliminarlas, a considerarlas estratégicas para su núcleo duro.
Seguramente, luego de las PASO matizarán el discurso e incorporaran un Marketing Político menos agresivo, se correrán discursivamente hacia el centro y tratarán de chicanear con propuestas progresistas que el adversario no toma en cuenta. Pero eso es lo elemental de la política y lo elemental de una campaña. No es magia. Es vender humo decir que hay algo novedoso, un misterio cuya clave solo conocen los gurúes del PRO, como se creía hasta hace no mucho.

Las campañas sucias, por su parte, mostraron su límite. La persecución política sistemática que realiza el gobierno nacional (y algunos provinciales) sobre los opositores no melló su intención de voto, por el contrario, les otorgó vigencia.

Nosotros leemos ésto: