La cuasi acefalía municipal



Osvaldo Quinteros-. Una de las consecuencias de adelantar las elecciones, es el descalabro que sigue durante la larga transición si no gana el mismo partido político. El caso de la ciudad de Paraná es elocuente.
Se trató de una irresponsabilidad del gobernador Bordet y de la totalidad de la clase política que convalidó el adelantamiento de las elecciones según cálculos personales, de espalda a la ciudadanía y sin ninguna responsabilidad social por lo que llegara a ocurrir si no ganaban su reelección y tenían por delante una larga transición. El caso de Paraná es elocuente. Al desgobierno, se le suma el sufrimiento cotidiano de millares de paranaenses por el pésimo transporte público, que ya ni siquiera funciona.
Con el  extorsivo empresariado del transporte, que se maneja en los medios de comunicación como si vivieran en una monarquía. No hacía falta ser un genio para darse cuenta que las autoridades electas no tienen incentivos políticos para colaborar con las autoridades salientes. Más bien por el contrario: cuanto peor le vaya al radicalismo y el PRO en su salida de la Municipalidad de la capital entrerriana, mejor para el candidato ganador, que es el vicegobernador de la provincia pero hace de cuenta que es un extraterrestre sin ninguna responsabilidad política en lo que suceda en Entre Ríos.

Los largos meses de transición se ven atenuados porque Bordet consiguió su objetivo personal de ser reelecto, sino, nadie estaría pagando los miserables salarios públicos y el desborde social, que tan bien le vendría al gobierno nacional, lo pagarían como siempre los sufridos ciudadanos comunes.

Esta irresponsabilidad mayúscula de la clase política de espaldas al pueblo que dice representar, resulta convalidada por la mayoría de los ciudadanos, que no castigan estas prácticas caudillistas y subdesarrolladas de utilizar las instituciones públicas según la conveniencia personal del mandamás de turno. Si hubiera castigo electoral, estas cosas no pasarían. De manera que también, aunque en menor medida, hay una responsabilidad cívica en esta cuestión.
Esperemos que no se repita.
Pero es más sensato esperar la carroza que esperar un despertar ciudadano que ponga freno al descalabro institucional.

Nosotros leemos ésto: