"Es una lástima que ya no sea legal la seducción"



Mercedes Derna Viola-. Conocí a  Lucas Carrasco, periodista y escritor argentino, cuando teníamos quince años, eran los tiempos de los centros de estudiantes en los años ’90 en Argentina. Escucharlo en las reuniones era un placer no solo político sino también, y sobre todo para mí que rápidamente me alejé de la política, literario. Porque Lucas posee una capacidad de lectura de la realidad y una forma de narrar esa lectura, que hace imposible abandonar sus artículos o sus libros hasta el final, y una vez terminados dejan huellas, imágenes que acompañan durante años.

 Periodista y escritor argentino, director del diario Noticias Entre Ríos, “Lucas sega il ramo che lo tiene. Lucas inoltre dice che sega il ramo che lo sostiene. Lucas inoltre mostra la sega con la quale sega il ramo che lo sostiene. Il ramo lo tiene? No. Lucas si tiene da solo. E agita con quella apparenza autodistruttiva e autoboicottante il maggiore dei suoi piaceri: concepire la scrittura e l’intervento pubblico in un’evoluzione temeraria verso la verità.” (traducido al italiano dado que esta entrevista fue publicada en Panorama, la reconocida revista italiana)

Así empieza el prólogo de Martín Rodríguez al último libro  de Lucas Carrasco Crónicas de un paria.
Lucas  Carrasco es díscolo y es bueno. Es también muy incómodo. Siempre lo fue. Porque su mirada lava los maquillajes, corta las tiras de los corset que elevan los hechos, quema las vestiduras, y ve lo que es, no lo que se quisiera ser o lo que se quisiera mostrar.


Yo le voy a hacer algunas. preguntas, él hablará de lo que quiera.


Te perdí el rastro al terminar el secundario para leerte años después como periodista. ¿Qué te llevó al periodismo? ¿Encontraste lo que esperabas? Una critica (constructiva o destructiva) al periodismo de hoy.

Cuando era adolescente empecé a trabajar de periodista. Mis primeras notas en diarios las escribí en máquina de escribir.  Ya flotaba en el ambiente cultural la noción de que el periodismo es un oficio en extinción. Y los nuevos periodistas se sumaban a la épica, que habían inventado los viejos, de que los periodistas éramos osos pandas: una especie en extinción que merecía, por nobles y difusos ideales, pasar a ser especie protegida. Nunca me convenció esa épica. Pero entenderla desde adentro fue una gran enseñanza. Hay tres razones que te pueden despertar la vocación periodística: la fama, la plata o la pereza. La fama ya no existe, está en los influencer, plata ya no hay, queda la pereza, que requiere de tener habilidades narrativas. Si uno las tiene y las sabe adaptar a las modas de turno en el género periodístico, es la mejor forma de no trabajar.


Una pregunta que me hacen frecuentemente en Italia: ¿por qué un país tan grande, con poca gente pero alfabetizada, con todos los recursos naturales posibles, está siempre en crisis?

La mejor forma de responder esa pregunta es a la inversa: ¿por qué Italia no está siempre en crisis?. Gobierna un fascista aliado con un payaso, pero como Italia no tiene moneda, su soberanía fue impuesta tras perder una guerra, su capitalismo familiar es heredero de la mafia y fue tutelado por el Plan Marshall dado que tenían un Partido Comunista grande e influyente, que competía con la Iglesia Católica, la conclusión es que Italia puede darse el lujo de tener un Berlusconi o un Mani Pulite porque a nadie le importa lo que pase en Italia. Entonces Italia puede darse el lujo de borrarse el disco rígido de su historia milenaria y preguntar: ¿por qué tal país está en crisis? Como si la crisis no fuera una condición permanente. Argentina tiene las tasas de interés más altas del mundo y una de las cinco inflaciones más altas del mundo. Ambas son consecuencia de los constantes quilombos en la balanza comercial. Argentina puede darse esos lujos, Italia, no. Porque no tiene moneda, ni soberanía, ni decide sus exportaciones e importaciones. Pero puede divertirse con gobiernos extremistas del nacionalismo, si total no gobiernan nada. Ser Presidente de Italia es como ser monarca en Suecia, con la diferencia de que te dan un par de modelos y prostitutas para te entretengas y no se te ocurran ideas raras, como tratar de ser Presidente.


 ¿Cuándo empezaste a escribir? ¿Pensas algún día dedicarte enteramente a la literatura? 

En la infancia escribí una novela en un cuaderno, era una espantosa copia de Oliver Twist. La vendía, por entregas, a mis familiares junto con el diario que, a mano, editada. Además de novedades familiares como quién cumplía años y en qué casa se festejaba, incluía crónicas sobre Francéscoli, Valdano y Maradona.

¿Qué haces cuando las musas te abandonan, dónde encontras inspiración? Sea a nivel periodístico que literario.

En ningún lado.  En el ambiente literario hay una misa en Latín que tiene sus cosas que no existen, como la santísima trinidad: la inspiración, el inconsciente, el pánico a la hoja en blanco. Una idea, que los mortales comunes y corrientes que no hablan latín, no comprenden. Somos todos personajes de Hermann Hesse, alejados de lo mundanal. Pero a todos nos pueden tomar el pelo llamándonos, como a Alberto Moravia, y diciéndonos que ganamos el Premio Nobel.

¿Qué futuro le ves al lenguaje inclusivo que se insinúa con más o menos fuerza en distintos países?

Ninguno. En tres o cuatro años nadie se acordará del lenguaje inclusivo. El castellano tiene conjugaciones verbales que derivan del Ser y Estar.
Quienes se enamoran de una naturaleza muerta es porque creen que son libres de dotarse de la identidad sexual que prefieran. Y está bien. Pero se hace demasiado drama victoriano con ese asunto, como si coger fuera divertido. Coger es la parte más fea de la seducción. Cuando aún era legal y no violaba la Sharia Progre el hecho de levantarse minas, que era todo un arte pero también una ciencia, entre los mujeriegos y parias de esta época neovictoriana, sabíamos que la relación sexual era casi una obligación, y era la parte más fácil. El verdadero desafío era la seducción. Es una lástima que ya no sea legal la seducción. Pero bueno, uno de sus derivados es que hay quienes creen que inventan su propio Esperanto. Que, por cierto, es la lengua más internacional del mundo, aunque nadie sepa hablarla.
Los lenguajes son seres vivos, cumplen una función social. Por ejemplo, el cocoliche, que ya no existe, fue el idioma popular que hablaban los inmigrantes italianos en Buenos Aires a fines del siglo 19 y principios del 20: una mezcla de español con italiano. Aún perduran muchas palabras del cocoliche en Argentina, pero su rastro se perdió y se integró al castellano, porque el cocoliche ya no cumple una función social. El castellano, sí. Quienes creen que el lenguaje inclusivo cumple una función social creen en la neutralidad de género en el lenguaje pero no en los sujetos sociales, pues se autodenominan oprimidos por el lenguaje y se presuponen como autoescultores y autocultores de la identidad: libres seres al viento capaces de escapar de la política, la economía, los condicionamientos sociales en los que cree la izquierda y la extrema derechas dice que no existen. En las ex colonias del continente americano las élites culturales pueden creer que las mujeres fueron "invisibilizadas" por la historia y que deben tener "sororidad" con Margaret Thatcher porque nació con vagina, pero en las monarquías milenarias, aunque no tengan actualmente rey como en Italia y Francia, es difícil sostener esta visión de la historia.
Por eso en New York y Buenos Aires se retiran estatuas de Cristóbal Colón.  Acusado de ser peor que Hitler. Sus querellantes son estalinistas que no podrían vivir ni cinco minutos en la Rusia actual, ni hablemos de vivir en la Unión Soviética y decidir que puedo hablar mi propio Esperanto y decidir mi propia identidad a través de mi biografía en Twitter. El punto es que la neutralidad del lenguaje se practica, no se impone.


¿Qué tiene que tener, para vos, un buen escrito?

Unos buenos lectores. Quedan pocos lectores. La mayoría quiere leer cosas que le confirmen lo que ya pensaban. Son pocos los lectores curiosos, valientes como para poner en crisis sus propias creencias. Los demás es técnico, formal. Y cambia. En ninguna Facultad de Literatura te aprobarían un relato copiado textualmente de Cervantes, pero sí te pondrían un diez si uno sarasea con las categorías de los postestructuralistas franceses seguidores de Sarkozy. Si uno escribe deconstruir, empoderar, forclusión, rizomático y dictamina la muerte de algo -tengamos en cuenta que el hombre ha muerto, la realidad ha muerto, el lenguaje ha muerto, el pensamiento ha muerto- como por ejemplo, la muerte del cepillo de dientes, o la muerte de los ravioles de ricota, tiene el éxito asegurado. Es más, te doy el título para dictaminar la muerte del cepillo de dientes: "Las caries no han tenido lugar:  Destruktion y Abbau ante la opresión del cepillo de dientes". Sería un ensayo que le encantaría a los niños, porque lo entenderían: ¿qué niño se lava los dientes por voluntad propia?. Pero también le encantaría a los académicos, porque no lo entienden. Porque está escrito para no ser entendido.

Autobiografismo y creación literaria. ¿Se puede escribir lejos de uno mismo? ¿O se debe? ¿Cuál es la distancia?

En el género literario del periodismo, es una aspiración. Imposible. Pero hay ciertos protocolos que deben seguirse para tratar de arribar a ese ideal. En el género literario, la respuesta está en tu pregunta. La creación. Crear implica un yo. La creacién- osea, la creación en Lenguaje Inclusive, que es Lenguaje Inclusivo traducido al Lenguaje Inclusivo- del sujeto dividido por la esquizofrenia del capitalismo, implica una guerra nómade de la multiplicidad de los sujetos rizomáticos que me habitan como contrapoder de mi herida narcisista en el subconsciente . ¿Qué quise decir con eso? Nada. Borges decía que había un escritor que habitaba en él y que él era un mero instrumento. Cuando firmó una solicitada para las Madres de Plaza de Mayo, a pesar de apoyar fervorosamente la dictadura argentina y la de Pinochet en Chile, cabría preguntarle, dado que lo hacía para lavar su imagen y ganar el Premio Nobel, quién iría a recibirlo: el fantasmita que lo habitaba o él mismo, un genio literario, pero tan dependiente de los elogios.
  
 ¿Cómo te llevas con la oscuridad?

Ahora que me he deconstruido y hablo lenguaje inclusive, por lo tanto no entiendo las conjugaciones verbales, respondo tu pregunta de qué me llevo a la oscuridad: un cajón de cervezas. Y luego escribiré cosas que a algunos les gustará, a otros no y a la gran mayoría le chupará un huevo. Al otro día me arrepentiré, aunque no recuerde bien qué mierda escribí. Aunque seguramente escribí que soy una persona torturada por su conciencia, desgarrada por su hipocresía, víctima de algún conjuro universal. Todo lo cual se soluciona yendo a Alcohólicos Anónimos, pero como no voy a ir porque yo escribo para levantarme minas y bebo por mi timidez y ansiedad, esperaré la próximo oportunidad, donde haré las mismas lamentaciones patéticas. Yendo al grano: yo no me tomo en serio a mí mismo.  No creo que haya oscuridad ni luz ni inspiración ni abismos. Hay chicas que son lindas. Hay chicas que no. Y esa es toda mi teoría literaria.

 ¿Nos regalás un cuento?

Cuando despertó, el dinosaurio ya no estaba allí.