El verdadero adversario de Macri


Pablo Mori-. Luego de hacer la plancha, en una evidente componenda con el macrismo, el gobernador entrerriano Gustavo Bordet puso a todo el aparato de prensa militante oficialista (con Análisis en primer lugar - siempre acorde a los deseos del oficialismo de turno, recordemos cuando eran ultraurribarristas- que ya funciona como unidad básica discursiva, aún con su precario discurso) a militar la sensación de que militaban por Alberto Fernández.

Cualquier persona informada en serio, sabe que ésto es una vulgar mentira, pero que si Alberto gana, para disimular, ya tienen puestas las fichas en las dos canastas. Sin embargo y como es tradición en el movimiento peronista, ningún dirigente alza la voz contra quien maneje la chequera y por lo tanto, el mando. Las oficinas de campaña, los locales partidarios, la movilización militante, brilla por su ausencia.
Sin embargo, esto trae a colación, por un lado, la caótica campaña del Frente de Todos y por el otro, que el verdadero adversario de Macri no son precisamente ellos. El verdadero adversario de Macri es la realidad. Ni más ni menos.
Por "realidad" englobamos las promesas incluidas, el ninguneo al radicalismo, el fracaso de atraer dirigentes fascistas como Alberto Olmedo, José Luis Espert y Gómez Centurión y hasta el cavernícola dinosaurio de Salta, que a diferencia de Miguel Pichetto, tiene votos. Nos referimos al candidato de Beatriz Sarlo, Margarita Stolbizer y el Partido Socialista, Juan Manuel Urtubey. Que era durante tres años el candidato a Presidente de Bordet. 
Lo único disponible en góndola para acompañar a Macri era Miguel Ángel Pichetto, que saltó de jefe de la bancada opositora mayoritaria a oficialista y candidato a vicepresidente, nada menos, en 24 horas y supuestamente por razones ideológicas y no por dinero. Lo cual agrava el cuadro dado que Pichetto es fascista declarado, sin vueltas ni firuletes discursivos diseñados por Durán Barba. Que luego se venda al mejor postor no lo hace mejor que su amigo, Alberto Asseff.

Como contrapartida, la socialdemocracia, o la izquierda democrática si se prefiere, está huérfana en estas elecciones. No tiene ni candidatos testimoniales.

Por "realidad" tomamos también los pésimos indicadores económicos, el notable endeudamiento externo que deja al país con las manos atadas por lo menos durante un siglo, la ineficacia en la gestión de gobierno y el marketing político vacío, que muy bien explicó el experto Alexis Gravier en estas páginas días atrás.  El elocuente título, en una persona que suele ser moderada, lo dice todo: "La máquina de hacer humo del PRO ya no funciona". 
Con este adversario estratégico que es la realidad, los adversarios tácticos que son el Frente de Todos se benefician a pesar de la sucesión de errores de campaña que vienen cometiendo. Aunque en esa sucesión de errores también lograron, tal vez sin querer, acertar una: poner a la economía en el centro de la campaña, a partir de los dichos de Pindonga, Cuchuflito y las Leliqs en relación al sensible voto de los jubilados, hasta ahora, mayoritariamente macrista.
Por eso, Alberto Fernández apunta a ese segmento prometiendo remedios gratis y un inmediato aumento de las jubilaciones, diciendo que lo financiará con la fiesta que viven los bancos. El gobierno y sus aliados mediáticos salieron rápidamente a llorar como cocodrilos porque pobrecitos los bancos. Es obvio de qué lado se va a poner la sociedad en este tema.

No hay dudas que la campaña de Juntos Por el Cambio (ex Cambiemos) es mucho más profesional, aunque poco republicana. Además, cuentan con infinidad de recursos monetarios, simbólicos y estatales. Junto al apoyo de las grandes potencias, los bancos extranjeros, los grandes productores rurales y los medios de comunicación. Aún así, siguen estando por debajo de las encuestas. Y esto solo se explica porque el verdadero adversario es, justamente, la realidad.




Nosotros leemos ésto: