Cultura y economía (parte I)



Joakito-. Por lo general, suele pensarse a los conceptos de "cultura" y "economía" como esferas totalmente distintas y separadas, cuando en realidad, la tendencia en el mundo actual, reflotan viejas ideas y ponen ambos conceptos como pata de una misma mesa.

Cuando se habla de cultura y de economía se las suele pensar como cosas absolutamente separadas, ya que la cultura suele remitirnos con su carga de positividad a un universo simbólico de artes, herencia humana, conocimiento, identidad, patrimonio, valores, cualidad, progreso, derecho de acceso, oferta pública; mientras que la economía con su carga de materialidad nos remite a recursos, valor de cambio, producción, costes, demanda, renta, beneficio, empleo.
Sin embargo, se necesitan mutuamente puesto que no hay cultura sin recursos públicos, privados o sociales.
Para la Economía -en su versión de Economía Política, es decir como ciencia social- la cultura no es una pura suma de recursos, bienes y servicios sino un fundamento social que incide en la reproducción social (socialización del saber; generación y transmisión desigual del capital simbólico y de valores y estéticas; lenguas; identidades) con el consiguiente impacto en la adaptación social a los cambios tecno-sociales y en las jerarquías sociales. Incluso en el plano político la hegemonía en claves de legitimación/deslegitimación, de consenso/resistencias y de formación de la opinión pública está en conexión con el lado cualitativo de la cultura y de las ideas y sus hegemonías internas, interactuando con las hegemonías política y/o económica que, diría Gramsci, especialmente en la vigente "guerra de posiciones" sociales por apropiarse del sentido (incluso del sentido común) y generalizarlo. Bourdieu, con su teoría de los campos y los capitales profundiza en este sentido.
La economía de la cultura y la comunicación tiene su objeto de estudio en el ecosistema simbólico y no solo en el sector económico comunicativo-cultural sino que también se centra en los lados creativo, productivo, distributivo, usos y efectos sociales de la cultura y la comunicación, así como en sus agentes, estructuras e interacciones.
Es obvio que las producciones culturales y su valor "real" difícilmente pueda ser expresado en términos económicos  y a su vez la economía registrada tampoco puede dar cuenta de la inmensidad de recursos humanos puestos en acción y no computados más que indirectamente -amateurismo, voluntariado, prácticas sociales, bienes comunes, servicios públicos sin precio o con precio político, producciones generadas por usuarios, interacciones.
A partir el avance de la tecnología, de las redes sociales, y de la llamada "revolución industrial del conocimiento", David Harvey en su libro "El nuevo imperialismo: acumulación por desposesión", sostiene que el modelo de acumulación de capital en esta época es de "acumulación por desposesión" con mercantilización de la vida, privatización de servicios sociales, comunales y públicos, financiarización y distribución regresiva de la renta, a la que Renan Vega agrega la expropiación de saberes, lo que produce la desposesión simbólica tanto en las empresas como de los imaginarios y de la libertad real creativa. En la empresa del posfordimo asume la función intelectual de primer nivel y subsume a los brainworks (trabajo intelectual) en su propio proyecto estratégico. En la vida social la desposesión simbólica conlleva una exponencial y opaca informatización de ficheros incontrolados, a la transparencia cristalina de individuos y colectivos ante empresas y Estados, con apropiación de información de nosotros mismos; llevando a  una cultura banalizada de usar y tirar y de espectáculo; el control de población con lógica disciplinaria y justificada en aras a una seguridad tan ofertada por los Estados como demandada por una ciudadanía asustada. Todo ello a costa de la privacidad aunque se haya multiplicado la capacidad de acceso a muchas fuentes.

Nosotros leemos ésto: