Alberto vs Pichetto



Lucas Carrasco-. Aunque en la opinión publicada haya un esfuerzo para que no se diluya lo que ellos inventaron como "la grieta", tarde o temprano, la realidad se impondrá, como suele suceder.



Si la catarata de elecciones provinciales no fuera suficiente evidencia de que categorías inventadas por el ágrafo Jorge Lanata no sirven para mucho más que hacer buenos -bordeando la genialidad, incluso- shows televisivos, nos encaminamos a unas elecciones primarias sin contendientes en el nivel presidencial, con lo cual habrá menos votantes que en las elecciones reales. Pero la inmensa mayoría, que sí irá a votar, tendrá que definir entre la nueva cara de lo que aún por tradición se llama peronismo, que es Alberto Fernández y la apertura hacia la derecha de Cambiemos, que ahora se llama Juntos por el Cambio y tiene la cara de Pichetto, como la renovación (no es chiste).
El sistema electoral diseñado por Carlos Menem y Raúl Alfonsín en 1994 bajo el lema "Salvemos las dos vidas" (la de Menem y la de la UCR) sirvió para el cortísimo plazo. En el 2001 estalló lo que quedaba del sistema bipartidista y nació el negocio de alquilar partidos (mejor dicho, floreció el negocio, porque ya existía: por poner un ejemplo, el Partido Nacionalista Constitucional, hoy de moda porque el chanta experimentado de Alberto Asseff lo durmió a Espert, ya hacía esos negociados en los ochenta, cuando reivindicaba la dictadura, como bien puede contar un joven militante de sus filas en los años ochenta: Alberto Fernández). Bajo la creencia de que el descrédito de la política se solucionaba relajando las normas para crear un partido político, florecieron en todo el país partidos que perdían la vida en el primer round electoral. Pero la personería jurídica podía estirarse y alquilarse para quien la compre: sea la Amalia Granata de turno o el millonario aburrido a lo De Narváez que tenga ganas de ponerla.

Las PASO se copiaron de Santa Fe. Fue el sistema que reemplazó la ley de lemas y le dio vida por tres mandatos consecutivos al socialismo de la Sociedad Rural. Hermes Binner, el hábil intendente rosarino, fuera de su comarca no tenía locales, financiamiento ni militantes. Los reemplazó con lo salones de la Sociedad Rural Argentina y la generosidad de la SIDE. Apoyado por Néstor Kirchner en el marco de la transversalidad, al igual que el fracasado Luis Juez en Córdoba, Kirchner buscaba descabezar las grandes provincias para que no nacieran competidores internos. Lo logró en Buenos Aires, venciendo a Chiche Duhalde con Cristina, en Santa Fe a través de Hermes Binner y no pudo en Córdoba por el fraude orquestado por Schiaretti y Julio De Vido contra Juez. En CABA, Julio De Vido y Alberto Fernández se encargaron de allanarle el camino a Macri: luego de que Macri en el 2003 se presentara a Jefe de Gobierno con el apoyo formal y jurídico del Partido Justicialista, Néstor Kirchner junto a Elisa Carrió apoyaron a Aníbal Ibarra. Luego, dejaron que caiga por la tragedia de Once, donde murieron 200 jóvenes mientras el gobierno nacional -con excepción de Aníbal Fernández- se escondía en Santa Cruz. Ibarra resultó el culpable perfecto y Kirchner decidió que Alberto Fernández (en ese entonces, cuñado de Ibarra) apoyara al ex Secretario de Carlos Grosso y entonces Ministro de Educación Daniel Filmus, mientras que Julio De Vido apoyaba al Cobos porteño Jorge Telerman. Así, Macri pudo asumir la Jefatura de Gobierno.
Para proteger el bipartidismo luego de la última derrota en una elección de relevancia nacional de Néstor Kirchner, que jamás ganó ninguna, ideó junto al radicalismo las PASO. El canje fue, de nuevo, la sobrevivencia de la UCR a cambio de que se aplastara la muralla que estaba armando el peronismo de derecha para combatir a Néstor Kirchner, quien ansiaba volver a la presidencia en 2011 pero falleció antes.

Con una lucidez que hacía mucho tiempo no se le veía, Cristina Kirchner recuperó la audacia, marca de fábrica K y en una jugada maestra entronizó a Alberto Fernández. Cristina fue la única kirchnerista que se percató que el kirchnerismo había muerto.
La jugada deshizo el humo del Peronismo Federal y blanqueó que la empresa PRO estaba quebrada. Macri tuvo que reconfigurarse, con el sirviente Miguel Pichetto como símbolo. En tiempos de desabastecimiento, tuvo que comprar a Pichetto a precio remarcado, para después tratar de ponerle un precio cuidado. Las primeras marcas del peronismo de derecha se tomaban vacaciones y lo único que quedaba disponible en la góndola, solitario y con su cara avinagrada, era Pichetto, un peronista de segunda marca que ya estaba dentro del programa Precios Esenciales.
A Lavagna le sacaron Techint y Banco Macro (el primero se fue con Macri, el segundo con el Frente de Todos vía Massa) y solo le dejaron su ego multinacional, que cotiza a la baja en la bolsa de Burkina Faso.
A Espert le mandaron un par de jueces y a Del Caño le reservaron la habitación dentro de TN donde vivía Graciela Ocaña.
Ahora sí, la polarización a la que propende el sistema político, se ajustaba un poco a la realidad de los políticos. Por supuesto, todo esto sin preguntar la opinión de la gente a la que tanta demagogia discursiva se le dedica.
Mientras Alberto se desinfla porque no pareció comprender bien qué rol tenía que jugar, Pichetto logró persuadir con la jugosa billetera del FMI algunos heridos del peronismo, devolviéndole al macrismo la iniciativa y trasladándolos del arenero de Plutón donde se peleaban Marcos Peña y Rogelio Frigerio al Planeta Tierra. Les ordenó que se pusieran en el rincón contra la pared y guardaran silencio. Obedientes, más por miedo al mismo Comodoro Py que hoy defienden que por miedo a que pierda Macri, Peña y Frigerio volvieron a la realidad. Algo incómodos, trabajan a reglamento: solo firman los cheques.
El problema central sigue siendo el secreto mejor guardado de todos los politólogos, periodistas, publicistas, marketineros y punteros: las campañas no sirven para una mierda, suficiente si no te hacen perder votos. La realidad, tarde o temprano, se impone. 
En términos simples:
El gobierno es un desastre.
La oposición aparece deslucida y medio en coma.
Nadie espera mucho del futuro.
Y está bien, así son las cosas.


Nosotros leemos ésto: