A propósito del 40º aniversario de la caída del dictador Somoza


Monge con Daniel Ortega


ADIOS MUCHACHOS*  . . .  
EL REGRESO DE ANASTACIO

Jorge Monge-. El 19 de julio de 1979 el Frente Sandinista de Liberación Nacional concluía un largo proceso de luchas, en el que había contado con el decisivo apoyo  militar, financiero o diplomático de varios estados vecinos,  accediendo al poder  en este pequeño país centroamericano. Así  Costa Rica;  Panamá gobernada por Omar Torrijos; la Venezuela de Carlos Andrés Pérez; Méjico, gobernado a la sazón por José López Portillo colaboraron logísticamente con el movimiento fundado por Carlos Fonseca Amador. También la Internacional Socialdemócrata apoyó al FSLN en su lucha contra Somoza.


En aquella calenda del verano boreal de 1979 cobraba fin en Nicaragua la sangrienta dictadura inaugurada en 1937 por quien fuera condecorado por el Estado argentino con el gran collar de la orden de San Martín y la condecoración peronista “Al leal amigo” el 17 de octubre de 1953, Anastasio Somoza García.  Más de cuatro décadas de oprobio, de violaciones a los derechos humanos, de concentración atroz de la economía que llevó a que cerca de la mitad de las riquezas del país estuviera en poder del dictador y su clan familiar.

En el comienzo de los ’80 hubo una generación de jóvenes  - no sólo en Nicaragua, sino también en variados puntos del orbe -  que se ilusionó con el proceso que se abría concitando la solidaridad internacional de muchos sectores y países para ayudar a la reconstrucción de Nicaragua. Por aquellos años iniciales del nuevo gobierno nicaragüense desde la Juventud Radical mirábamos con fundadas expectativas dicho proceso, entablando relaciones desde la conducción nacional de la JR con dirigentes políticos y funcionarios sandinistas (1).

Recuperadas las instituciones de la república en nuestro país, el gobierno de Alfonsín produjo un natural vuelco sustancial en la política exterior enderezando la misma con arreglo a los históricos principios del Radicalismo en la materia. En este caso se pasó de la activa colaboración económica, militar y armamentista para con el régimen de Somoza (y luego con la “contra”) que llevó adelante la dictadura argentina a la colaboración y solidaridad fraternas.  En esa inteligencia corresponde destacar la ayuda desde 1984 del Estado argentino con asistencia crediticia  para compra de maquinarias industriales y agropecuarias y con importantes acciones diplomáticas como fue el impulso a la constitución del Grupo de Apoyo a Contadora (junto a Brasil, Perú y Uruguay), políticas llevadas a cabo desde la Cancillería por parte de Dante Caputo y en especial desde la Subsecretaría de Asuntos Latinoamericanos, a cargo de Raúl Alconada Sempé, entre otras acciones de solidaridad, sin soslayar – claro está – la actitud de Alfonsín cuando se plantó frente al mandatario norteamericano Ronald Reagan en los jardines de la Casa Blanca, con réplica medida, exenta de estériles bravuconadas pero firme en relación a las expresiones reprobables en torno a la cuestión nicaragüense.
El triunfo de la insurrección popular en la patria de Rubén Darío dio paso a la conformación de un gobierno provisional pluralista compuesto no sólo por sandinistas. El FSLN y mucho menos la conducción del gobierno podían ser calificados como “clasistas”. Imperaban ideales que reivindicaban una economía mixta y pluralismo político.

Ratificado en elecciones generales en 1984 el FSLN sería derrotado en los comicios de  1990.  Daniel Ortega, luego de varios intentos frustrados, llega nuevamente  al poder  en 2007 siendo reelecto en 2012 y en 2017, en las que convirtió a su propia mujer Rosario Murillo, en vicepresidente. En estos doce años muchas son las regresiones que parecen haber llevado al país a los aciagos años ’70 (2).  En la actualidad  hay más de 50.000 exiliados (en un país de solo 6 millones de habitantes), 325 muertos y cientos de presos políticos producto del gobierno de mano dura sólo durante 2018. La OEA, ha expresado su “preocupación” frente al “deterioro de las instituciones democráticas” y la vulneración de “los derechos humanos” en Nicaragua.

Este “nuevo” Daniel Ortega cada vez se asemeja más a Anastasio Somoza, no sólo por las reiteradas violaciones a los derechos humanos, sino también por horadar la institucionalidad en el retorno al Estado patrimonialista, colocando las instituciones y el poder del Estado a su servicio personal.                                                                                                                                                                   

Los jóvenes y la dirigencia que a principios de los ’80 plagados de ilusiones  habían empezado a cambiar las relaciones sociales, a generar una ética de la solidaridad, de seguro nunca imaginaron el regreso al peor de los caudillismos. Si bien a ellos puede criticárseles cierto mesianismo en los comienzos que los llevó a imaginar la permanencia eterna del FSLN en el poder sin siquiera contemplar la posibilidad de la alternancia en el gobierno, jamás esos protagonistas de las décadas de los ’70 y ’80  concibieron  al poder en torno a una persona y más lejos aún de “una persona y su familia”.

Otra vez como a lo largo de la historia de América Latina, con el patrimonialismo, el personalismo, el verticalismo exacerbado  “la familia vuelve a ser el molde en que vacía un partido político y se vacía el Estado” como sostuviera  el ex vice de Daniel Ortega, Sergio Ramírez Mercado. 



·         ADIÓS MUCHACHOS  es el título de la obra autobiográfica de Sergio Ramírez (Premio Cervantes) histórico dirigente sandinista y vicepresidente con Daniel  Ortega quien abandonó - al igual que muchos y valiosos cuadros- el FSLN denunciando serias y corruptas desviaciones. La denominación “los muchachos” es sinónimo de algún modo de  “sandinistas”. 

1) Admirábamos a los dirigentes que eran  poetas y escritores del FSLN  como Ernesto Cardenal, el propio Ramírez, Tomas Borge,  Omar Cabezas, entre otros. Con este último, el más joven de los mencionados, autor de “La montaña es mucho más que una inmensa estepa verde” y más dedicado a las relaciones con las juventudes latinoamericanas  tuvimos oportunidad de reunirnos en más de una ocasión, una de ellas por largo tiempo en el aeropuerto de Ezeiza (c. 1987) con un grupo de jóvenes radicales entre los que estaban Carlos Raimundi, Pablo Soria,  Hugo Passalacqua (hoy gobernador de Misiones), Luis María Sobron (hoy Director Asuntos Consulares).

2) Sectores del progresismo han denunciado por ej.  las reformas al código penal convirtiendo en delito el aborto terapéutico, permitido desde mediados del S. XIX por la  legislación nicaragüense, para reprimirlo con varios años de cárcel, como producto del acuerdo de Ortega con el catolicismo regresivo del extinto cardenal Obando y Bravo.  También el aumento excesivo de miembros de la Corte Suprema de Justicia, habiendo llegado a 17 y las concesiones al gran capital pese al discurso inflamado  que convoca a utopías regresivas.

Nosotros leemos ésto: