Tercera Vía o Tercera Diva



Osvaldo Quinteros-. Desde que Cristina, a los efectos prácticos, se bajó de la candidatura presidencial, dejó de existir la identidad de Cambiemos y, por eso, Pichetto va de vice de Macri y se diluyó Alternativa Federal.
Hasta ahora, los grandes medios nos venían contando una ficción que convenía a Cristina Kirchner y Mauricio Macri: el país entero estaba "agrietado". La hora de la verdad llegó con la sucesión de elecciones provinciales que desmentían, de manera bastante tajante, ese relato del macrikirchnerismo.
Como consecuencia de este baldazo de realidad, Cristina Kirchner se bajó de la candidatura presidencial, y bajó también su apellido de casada, que simbólicamente utilizó siempre, ya sea en principio por conservadurismo -en los años en que era más conocida que su marido- o por oportunismo -los cuatro años de duelo, vestida de negro siempre-.
La consecuencia no se hizo esperar. Cambiemos, cuya identidad se construyó y sostuvo, a pesar del desastre económico, la ineficiencia y la corrupción, a partir del antiperonismo, perdió razón de ser. Y puso un peronista, varón, de derecha y servicial como candidato a vicepresidente: Miguel Pichetto, la antítesis de la derecha cool que se pretendía el PRO. Nadie se imagina a Pichetto bailando Gilda con globos y diciendo estupideces del manual de Durán Barba. El Manual de Estilo de Marcos Peña para las campañas electorales se estrelló contra la realidad. Entre Ríos es un ejemplo, donde la derrota abarcó también la estratégica capital, Paraná.



Entre ambos polos de la supuesta grieta, salieron a pescar al lago más grande, el de la realidad. Donde verdaderamente estaban los votantes y sus preocupaciones.
Al bajarse Cristina, se cayó a pedazos su relato y quedó lo que quedó: los problemas judiciales. Pero atención, que ya no quedan casi presos políticos K sin condena, salvo Milagros Sala, de quien se han olvidado rápidamente. Nadie recuerda, casi, que Florencia Kirchner no volvió nunca de la dictadura cubana y que el ajuste salvaje y neoliberal se aplica más en Santa Cruz que en el país.
Por ende, el gobierno nacional está rehaciendo su relato. Montado sobre un acontecimiento histórico, que es que ningún gobierno no peronista terminó su mandato democrático desde hace casi un siglo, precisamente, con el golpe a Yrigoyen, quien asumió por segunda vez no consecutiva dos años antes. Hoy el PRO propone gobernabilidad: esconder los radicales, mostrar los peronistas y hacer una nueva ensalada de derecha ideológica. El viejo sueño de Torcuato Di Tella, de tener dos polos de centroizquierda y centroderecha compitiendo entre sí, se está cumpliendo.
El centrismo se evaporó. Quedan Lavagna y algunos sellos que buscan renovar privilegios en las cámaras legislativas. Pregonando contra una crispación que ya no existe. Buscando un consenso que con astucia ya realizaron, al interior de sus culturas políticas, Macri y Cristina. Contra un antagonismo ideológico que nunca fue del todo cierto. Son divas de la política: Lavagna, Urtubey, Lousteau, Stolbizer, Alberto Fernández, etc, pueden estar en "cualquier espacio" porque no están en ninguno: sin territorio ni identidad, van para donde sople el viento.