La vigencia del peronismo y el fracaso del relato macrista



Ariel Mayo-. Finalmente, se han definido las alianzas electorales y el resultado de estar configuración política pone al peronismo en el centro de la escena. El presidente Mauricio Macri eligió como su candidato a vicepresidente a Miguel Angel Pichetto, un justicialista. En el bando opuesto, el proyecto ahora encabezado por Alberto Fernandez y liderado por CFK logró incorporar al Frente Renovador en el esquema de alianza electoral.
Resta saber cual será el rol específico del máximo referente de ese partido político. Si encabeza la lista de Diputados, si es precandidato a presidente en las PASO del ahora denominado Frente De Todos o se abstiene de que su nombre figure en algún lado. Siempre ronda la idea de una eventual postulación a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, pero esa posibilidad es la que menos chances tendría. Incluso se ha buscado instalar la idea de que CFK se bajaría de su precandidatura a vicepresidenta y que Massa podría ocupar ese lugar. Es el propio Alberto Fernandez el que ha señalado que esa posibilidad es descabellada. Habida cuenta de que, ni bien se conoció la fórmula, el dirigente señaló que él sería candidato a presidente sólo si Cristina lo acompañaba en la fórmula. Difícilmente esa fórmula se modifique, aunque en el país de las sorpresas y los golpes de efecto, nunca se puede desestimar algo en un 100%. La incorporación de Massa al Frente de Todos tiene algunas cuentas pendientes, aunque lo fundamental ya está. Falta definir el tema del municipio de Tigre, donde el ex massista Julio Zamora aspira a ser reelegido. Pero Massa pretende que su esposa Malena Galmarini sea ungida como la candidata de la unidad a liderar esa intendencia. Ese sería básicamente uno de los pocos temas espinosos que faltaría definir. Todavía no hay demasiada información acerca de cómo se mostraría Massa de ahora en adelante con los principales dirigentes del acuerdo de unidad. Flota en el aire la duda de cuando aparecerá el tigrense en una misma foto con CFK, cosa de la que por ahora no se habla. Lo que sí se menciona es la posibilidad de que Massa y Alberto se muestren juntos en campaña. De hecho, el trabajo de las redes sociales a la hora de presentar el nombre del acuerdo (TODOS), fue conjunto, y tanto Massa como Alberto presentaron el logo al mismo tiempo, luego del tan esperado “café de la unidad”.
Respecto al bando oficialista, el gobierno no ha sumado demasiado a su rebaño. Sólo la figura de Pichetto aparece como eje de la campaña en un contexto donde los apoyos al gobierno parecen venir mucho más del mundo de los mercados y el Fondo Monetario Internacional que de los aliados radicales. Fundamentales para que el PRO tenga estructura nacional, siendo el partido liderado por Macri un proyecto de base porteña. La prensa oficialista intenta instalar la idea de euforia alrededor de la “gobernabilidad” que Pichetto le puede traer al gobierno, en un contexto de crisis económica y social. De hecho, el día después del anuncio de que Pichetto iba a ser el candidato a vice, se conocieron los nuevos datos de la inflación. Poco alentadores para un gobierno que en campaña prometía que ese problema era “el más fácil de resolver”.
Sólo las urnas pueden reflejar el verdadero pulso de lo que el electorado oficialista piensa del arribo de Pichetto al núcleo duro del oficialismo. Macri siempre ha querido que su gobierno tenga la mayor pureza ideológica posible y jamás ha querido compartir demasiado el poder. Ni siquiera con sus aliados permanentes, los radicales que conformaban la alianza Cambiemos (ahora Juntos Por el Cambio). Hay una frase del peronismo que reza: “La única verdad, es la realidad”. Claro está, la “realidad” de la retórica oficialista se da de patadas con la impronta de la “vieja política” representada por Pichetto. Es que este dirigente justicialista representa todo lo opuesto a los supuestos “valores” republicanos y cívicos que el universo macrista (con su electorado incluído) dice defender. Con lo cual, estamos hablando de una derrota política de Macri. Con esta claudicación ideológica, y el fin de la pureza doctrinaria del gobierno, Macri termina, a su manera, admitiendo que su proyecto político fracasó. Y este fracaso se suma a los otros. El fracaso económico y social de un proyecto político que hizo muchas promesas de campaña e incumplió las más importantes. De todas maneras, el hecho de que haya una amplia decepción en sectores de la sociedad que fueron permeables en 2015 a la retórica de Cambiemos, no significa que el núcleo duro de sus votantes huya a otras opciones. Aunque una cosa es clara: si el gobierno estuviese en una buena situación política, no se hubiese visto obligado a fastidiar a su propio electorado poniendo de candidato a vice a un hombre que representa casi todo lo opuesto a la impronta antiperonista que Cambiemos fomenta de cara a la sociedad. Aunque en el PRO haya, eso sí, otros peronistas. De lo que no cabe dudas, es que cada vez que hay situaciones de crisis en Argentina, el peronismo aparece como figura providencial estando consolidada la idea de que siempre le saca las papas del fuego a los proyectos no-peronistas. Por no decir “anti-peronistas”. La vigencia de este movimiento, a pesar de ser denostado siempre como supuesto culpable de 70 años de decadencia (curiosa idea), se revela incluso en el hecho de que la “tercera opción”, la de Roberto Lavagna, tiene de candidato al gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. Si, un peronista.

Nosotros leemos ésto: