La mala imagen de Urribarri



Gerardo Pressman-. Desde usinas del periodismo oficialista se trata de instalar, no sin cierto anclaje en la realidad, que Urribarri carga con una pesada mala imagen. ¿Pero qué es la "mala imagen"?



Primero hay que entender una cosa: el corrimiento de Cristina Kirchner de la candidatura presidencial, una jugada brillante, ilustra sobre este aspecto. Con CFK encabezando la boleta, se neutraliza (en parte, tampoco exageremos) la mala imagen del gobierno de Macri. Con su corrimiento, queda Macri en el centro de la escena, haciendo de la elección casi un plebiscito sobre su gestión. Y quedó aturdido porque no sabían cómo reaccionar, dado que todo su discurso, a falta de logros gubernamentales, estaba enfocado en tirar contra CFK.
En Entre Ríos, pasó algo parecido. Incluso fue más evidente cuando apenas conocido el calendario electoral separando las elecciones locales de las nacionales, el dividido bloque de Cambiemos se unificó para tuitear el hashtag #BordetesUrribarri
Sin Urribarri en la boleta, se quedaron sin discurso. La unidad del peronismo, la falta de discurso opositor y la mala imagen de Macri, hundieron a Cambiemos, que dos años atrás había arrasado en Entre Ríos.

Urribarri es visto, por los entrerrianos, como la mano derecha local de Cristina. Su peso simbólico en la boleta de legisladores nacionales hubiera cambiado el eje del debate electoral, minimizando los estragos del gobierno de Macri para centrarlos en el eje que quiere Cambiemos: la corrupción. De hecho, horas antes del cierre de la lista, volvieron a detener a uno de los imputados en la causa de los contratos del senado provincial. Una maniobra que ya todos entienden tiene tufillo electoral.
Pero a la vez, la presencia de Urribarri hubiera desbalanceado la boleta en la provincia, poniendo en segundo plano a quienes deben ocupar el primer plano en una elección presidencial: los candidatos a presidente.

La imagen de un político- tengo entendido que el sociólogo Osvaldo Quinteros está preparando una nota para explicar este concepto- no se deduce de preguntar a X cantidad de gente si tiene buena o mala imagen. Ésto se hace, pero se cruza con otras variables para componer un índice.
La mala imagen o la buena imagen no garantizan el voto pero sí ordenan el juego electoral. Por ejemplo, alguien con muy buena imagen puede llegar a ser un problema, porque la política en sí tiene mala imagen, de manera que alguien con demasiada buena imagen sería alguien visto como pronto a ser fagocitado por la mala imagen de la política y en consecuencia, nadie lo votaría. La mala imagen, a su vez, cuando es intensa, cuando bordea el odio -como pasa con un sector de la sociedad hacia los kirchneristas- puede permitir al votante tragar sapos con tal de que se bloquee la posibilidad de que gane a quién tanto odian. Por eso los ultragorilas aceptan que Pichetto, un peronista clásico, acompañe en la fórmula a Macri y por eso, Alberto Fernández y Sergio Massa, entre tantos otros que fueron tratados de "traidores" durante años, hoy no resten un solo voto K, al contrario, suman algunos puntos. 

El peronismo, en este sentido, tiene una larga historia de mala imagen que la asocia, paradójicamente, con el atributo de la gobernabilidad. Así las cosas, resulta más lógico que Urribarri sea Ministro del Interior de un eventual gobierno de Alberto F que otro senador nacional más, en un senado presidido por Cristina Kirchner que opacaría al resto de los senadores por su imponente liderazgo, como ya hacía cuando había sido expulsada del bloque de senadores nacionales que conducía el entrerriano Augusto Alasino.
La capacidad de sumar, de tejer alianzas y de lograr llevar adelante políticas de estado, que caracterizan a Urribarri, lo hace más potable para Ministro del Interior que para Senador, donde los atributos necesarios son la capacidad oratoria, el conocimiento jurídico en fino y la obligación de negociar sin que se note, obras para la provincia a cambio a veces de votar cosas impresentables, difíciles de justificar.
Muchos políticos de buena imagen en sus provincias se desdibujan en el senado nacional. La cantidad de ex gobernadores que cobija es impresionante. Sin embargo, su rol como senador nacional suele ser entre pálido a irrelevante.
Al revés, grandes legisladores después no pueden ganar ni una intendencia. Y esto pasa en todas las culturas políticas pero especialmente, en la cultura política peronista.

Nosotros leemos ésto: