La caridad es una mierda



Joakito-. En los últimos años, ha crecido el número de personas que viven "en situación de calle", trascendiendo los gobiernos de turno. A pesar de que existen organizaciones que voluntariamente asisten a estas personas, es evidente que la caridad no sirve para solucionar el problema, sino que por el contrario -más allá de la buena voluntad- lo aumenta.
Hay muchas maneras de abordar los problemas que genera la pobreza, a lo largo de la historia existen intervenciones innovadoras pero a la vez conviven organizaciones (Cáritas, Suma de Voluntades, entre otras) que desarrollan acciones en el más puro estilo caritativo o benéfico como si el tiempo no hubiera pasado por ellas, perpetuando de esta manera, acciones de otras épocas. 
Sin embargo, a pesar de ser retrógradas cuentan con la admiración social y de los medios de comunicación, y en ocasiones con un apoyo entusiasta de diferentes políticos, que las recompensa con publicidad e importantes subvenciones.
¿Existen diferencias entre la caridad, la beneficencia y la asistencia social?
Si, sobre todo estas diferencias son temporales. La caridad, se remonta a los tiempos feudales -aunque al igual que la beneficencia sigue existiendo hoy en día- y tiene que ver con que una persona -generalmente movida por intereses religiosos, ayude a quien está atravesando una situación de marginalidad y se sienta mejor con su espíritu.
La beneficencia a diferencia de la caridad no es ejercida por la Iglesia o por ciudadanos con medios económicos, el protagonismo principal pasa a ser ocupado por los incipientes estados. Por un lado trata de reprimir la pobreza y la mendicidad ampliándose la legislación represora de épocas anteriores; y por otro, se comienza a pensar que el hombre "desvalido" no puede quedar a merced de las ayudas de sus semejantes, ni de las instituciones y, por tanto, se necesita establecer una ayuda social pública que pueda cubrir las situaciones de necesidad. Si bien supone una forma de superación de la caridad, la beneficencia está basada en el simple altruismo o generosidad del benefactor, este carácter altruista implica discrecionalidad de la ayuda solicitada, continuando la asistencia sin ser un derecho propio del ciudadano y manteniéndose como una acción graciable.
Recién con la Revolución Francesa aparece lo que conocemos como "asistencia social" como un sistema de protección social tal como lo conocemos hoy, donde el Estado empieza a ocuparse de los problemas de los pobres y marginados como una obligación inherente a su propia concepción y no como una tarea residual. Mas tarde con el avance de la revolución industrial se produce un giro fundamental en la concepción de la sociedad civil y el Estado y nacen los valores de solidaridad. En lugar de llevar adelante acciones de fuerte control social, que toman a los más desprotegidos como sujetos pasivos, sin capacidad de diseño ni de crítica sobre sus destinos; se establece que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos a lograr un determinado bienestar y que si algunos no acceden a él, se deben realizar políticas destinadas a corregir esta situación de desigualdad, dando lugar a las llamadas "políticas sociales".

En Argentina, hasta el día de hoy, a pesar de que posee una vasta trayectoria en formación de profesionales vinculados a "lo social", la caridad y la beneficencia ocupan mucho mas protagonismo a la hora de dar respuestas a las personas que se encuentran en un estado de vulnerabilidad social. Y esto, a pesar de ser uno de los países que más tempranamente incorporó a su constitución los llamados derechos sociales, y donde el llamado "estado de bienestar" se mantuvo vigente a pesar de las distintas interrupciones que tuvo el sistema democrático.
A pesar de que con el peronismo se masificó el concepto de "justicia social", la mayoría de las políticas asistenciales que se llevan adelante -tanto por el estado, como por las organizaciones intermedias- tienen un carácter caritativo y no contribuyen a solucionar el problema de la marginalidad.
Hoy, es muy común ver cómo todos los medios de comunicación rescatan historias de organizaciones supuestamente "solidarias" que llevan adelante determinadas acciones benéficas (dar un plato de comida o entregar ropa usada a los sectores más pobres) pero por muy buena leche que se tenga, esto no hace mas que agravar el problema y generar dependencia entre los benefactores.

Si queremos terminar con la pobreza y la marginalidad, es necesario que se encaren fuertes acciones políticas desde el estado, e impulsar proyectos de participación activa e interactiva que vincule a todos los sectores, que respeten y tenga en cuenta las necesidades del sector social al que se dirigen. Se trata de buscar una nueva forma de intervención que se base ya no en la caridad o la beneficencia sino en la solidaridad, considerando a los destinatarios de la política pública como ciudadanos plenos buscando su integración a la sociedad como agentes de desarrollo. Solo de esta manera, se podrá lograr una sociedad más inclusiva y avanzar progresivamente hasta que nadie quede fuera del tejido social.