Invasión de solemnidad



Lucas Carrasco-. Una cosa es la polarización y otra la etapa agonal de la política, llamada "grieta" o "crispación". La sociedad argentina no está dividida por cuestiones políticas.
La polarización la induce el sistema político argentino, que tiene 24 presidentes y un canciller. Los delegados de los presidentes, reunidos en un Senado que es parte de un Congreso (no Parlamento, que es otra cosa y no existe en Argentina), brindan su conformidad para que tal o cual presida el Banco Central, los juzgados federales y los titulares de la SIDE, que es lo mismo que decir los medios de comunicación. No vivimos bajo un régimen federal como dice la Constitución y las leyes sino bajo un régimen confederal (esto sí, plasmado en la Constitución cuando acepta que las provincias son anteriores a la nación).
En la teoría, somos un Estado Federal, lo que explica que, por ejemplo, la actual intervención ilegal al Banco Central tenga reconocimiento internacional. Del FMI, por ejemplo. O que para endeudar con moneda extranjera Entre Ríos, Bordet le deba solicitar permiso al gobierno nacional. Pero a la vez, somos confederales porque durante el gobierno de Montiel se emitió moneda provincial sin una ley nacional. Aún cuando, a diferencia de hoy donde hay mayoría peronista en el Senado como en aquel entonces, las autoridades del Banco Central estaban legalmente en sus puestos. Esto es, con acuerdo del Senado.
No sigamos explicando este punto porque sería muy extenso. Vamos a una versión acotada: como somos un país confederal pero tenemos un sistema electoral (en realidad, hay 25 sistemas electorales distintos) para todas las confederaciones que es de tipo presidencialista. Que, si se le agregan las PASO, obliga a los electores a elegir entre una oferta necesariamente polarizada. Con ciertos grotescos. Por ejemplo, la polarización se dio en la última elección presidencial recién en el tercer turno electoral por dos frentes que ya no existen: Cambiemos y Frente Para la Victoria. Este año, todo indica, que la polarización se dará en la segunda vuelta -lo que en términos jurídicos formales es la primera vuelta- o en la tercera -el balotaje a la Argentina, otra rareza- por dos agrupaciones que se presentan por primera vez y a 60 días de la primera vuelta no alcanzan ni el 1% de conocimiento. De hecho, cuando uno dice Juntos por el Cambio no sabe muy bien quiénes son: es apenas el partido del actual presidente, que va por su reelección. Lo enfrenta con serias chances el Frente de Todos, que postula al afiliado al partido político PARTE, Alberto Fernández y la afiliada a Unidad Ciudadana Cristina Fernández. En la fórmula no hay afiliados al peronismo, sin embargo, el Partido Justicialista prefiere apoyarlos en vez de apoyar a un gobernador de su partido, Juan Manuel Urtubey, que va de vice de Lavagna, afiliado al partido UNA, ni tampoco al Jefe del Bloque de Senadores Justicialistas, que está afiliado al justicialismo.

Perdón por lo aburrido de esta nota, demasiado teórica y realista, que termina concluyendo que la elección de senadores y presidente no es taaaaaaaan importante para nosotros, los entrerrianos.

Nosotros leemos ésto: