Horóscopo



Manuel Langsam-. Esto no es un cuento. Es una crónica que relata una historia real que protagonizamos hace ya muchos años cuando cursábamos estudios universitarios en Corrientes.



Éramos diez estudiantes, todos de agronomía o veterinaria que compartíamos el alquiler de una casa de cinco habitaciones. Había (como en toda ciudad universitaria) varias casas de ese tipo. Todas bien conocidas y en las que no importaba si el estudiante era o no bueno como tal. Eso sí, si molestaba, se iba.

Uno de los muchachos era el novio de la hija del propietario y director de un diario, segundo en importancia en la provincia. Ese muchacho necesitaba trabajar (como tantos) para mantenerse y le pidió a su novia que intercediera ante su padre para conseguir trabajo, ya sea en el diario o una recomendación para algún conocido suyo ya que era un hombre muy bien relacionado con el mundo comercial. La chica lo llevó ante su padre, éste lo estudió con la mirada y le preguntó si sabía algo de  periodismo o de impresión de un diario. El joven le confesó la verdad: de eso no sabía absolutamente nada ya que era egresado de una escuela agrotécnica.
El director se encontró con un problema. No quería defraudar a su hija y, a la vez, favorecer a su posible futuro yerno, por lo que, luego de pensarlo, le propuso que se encargara de redactar los horóscopos que se publicaban cada día en el diario. Eso sí, que lo tomara seriamente y todos los días, antes de la diez de la noche, su trabajo debía estar en la redacción.
Lo tomó con muchas ganas de cumplir su tarea a satisfacción. Consultó con todas las revistas y otros diarios, estudió las redacciones que se hacían en ese tema y empezó a trabajar. Todas las tardes se encerraba en su habitación y redactaba su trabajo para el día siguiente.
Improvisaba pronosticando sobre salud, trabajo, amor, suerte, ocupaciones, etc. En poco tiempo se hizo práctico pero, pasados unos meses se cansó, se le hizo cada vez más difícil improvisar los escritos y optó por llamarnos a los que compartíamos la casa a una reunión en su habitación y, pidiendo que guardáramos absoluta reserva , nos explicó en qué consistía su trabajo y también que se encontraba en dificultades para seguir improvisando, así que, como favor, nos pidió que le diéramos una mano redactando lo correspondiente a algunos signos cada uno pero, sin que trascienda, ya que le constaba que el horóscopo en el diario era consultado por mucha gente y, si se filtraba la verdad, perdería toda credibilidad.

Esa novedad y ese pedido nos causó mucha sorpresa pero, lo tomamos con mucho humor y, como no podíamos dejar de darle una mano al amigo, desde ese día nos dividimos los signos y empezamos a ayudar en la publicación. Demás está decir que al otro día el ver publicado nuestros bárbaros pronósticos nos causaba mucha risa, sobre todo al pensar que alguien pudiera tomarlo en serio.

Lo mejor era cuando nos enterábamos que algún conocido rendía ese día y le poníamos que los signos lo favorecían o que no era el mejor día para dar examen…

En una oportunidad nos enteramos que un amigo, gran vago, guitarrista y cantor que pasaba más tiempo en peñas, fogones y serenatas que en la facultad, iba a rendir una materia de las difíciles de cuarto año. Ya había intentado aprobarla en dos oportunidades anteriores y ahora quería hacerlo por tercera vez con el riesgo de que si no la aprobaba, se vería obligado a cursarla nuevamente. Con el deseo de darle ánimo para ese día le pusimos (aclaro que él no sabía nada de los autores de los pronósticos), que ese dia era muy favorable para superar dificultades e intentar vencer escollos…

A la tarde pasó por la pensión a compartir unos mates y al preguntarle por el examen nos dijo que lo habían aplazado nuevamente.

Pero ¿vos fuiste bien preparado? Le preguntamos

Mirá. Yo había estudiado hasta la bolilla 12, sabía todo al pelo. Después tenía leído hasta la 18… y el puto bolillero me tira la 20 y la 23….

Pero Negro, esa materia es de 30 bolillas. Y sabías que el presidente de mesa es muy bravo examinando ¿Cómo te vas a presentar con tan poco?

Y bueno, nos dijo, pero esa mañana temprano había leído mi horóscopo que decía que según la alineación de los astros el día iba a ser “favorable para vencer escollos”…

Nos miramos todos en silencio, no dijimos una palabra pero, a partir de ese día, seguimos con los horóscopos, pero nunca más hicimos pronósticos que pudieran referirse a los exámenes.

Seguimos así hasta que comenzamos a separarnos a medida que nos íbamos recibiendo y tomábamos rumbos distintos.

Se que el actor de esta crónica se recibió, se casó con su novia la hija del director del diario y se fue a ejercer su profesión en el pueblo de la provincia de Santa Fe del que era oriundo.