Cómo tener un millón de lectores



Lucas Carrasco-. Hay fenómenos paranormales. Yo no creía hasta que me pasó. Fue así: estaba en Rosario, esto fue el año pasado y tomaba un café -no, no tomaba un café, creo que era un Fernet- y en la mesa de al lado había tres minas y una era igual, igualita a una novia que tuve. La más linda novia que tuve. Era tan linda que casi no me salía enamorarme porque sentía que sino le encontraba un defecto iba a dejar de creer en la humanidad. Igual dejé de creer en la humanidad. Le inventé muchos defectos, finalmente me dejó, me sentí aliviado y la olvidé. Hasta que a la semana me enteré que un enemigo estaba saliendo con ella. Me derretí de amor y traté de volver con todas las técnicas posibles, incluso las patéticas, como dejar laaaaargos mensajes de voz borracho a la madrugada, con la torpe esperanza de que los oiga: una muchacha joven ni sabe lo que es un contestador automático. El Operativo Dorrego para volver con ella, como es natural en estos casos, fracasó. La cosa es que esta mina me hacía acordar a ella. Entonces me le acerqué. Un poco beodo, debo reconocer. Les hice un chiste. Nadie se rió. No me di por vencido, al contrario, me senté en la mesa y empecé a contarles un montón de mentiras. Cuando los guardias de Seguridad se habían acercado, la Chica Bis, les dijo que yo no molestaba. Las amigas no estaban muy de acuerdo. Menos cuando les expliqué que la Chica Bis era amiga de ellas porque ellas eran feas y entonces podía sobresalir. Pero eso fue después, ya estábamos drogados y no me entendieron. Hablamos con la Chica Bis -bah, hablé yo, por eso no recuerdo su voz-y decía un montón de genialidades, de esas que nadie graba porque si las escuchás al otro día te das cuenta que son un millón de boludeces, pero en el momento me parecían genialidades, yo me sentía un genio, un Salvador Dalí, un Jurado de Bailando por un Sueño o un dálmata corriendo al anochecer. La Chica Bis reía, reía y reía pero antes de que terminara el chiste. Creo que era la cerveza. Pero se reía y me tocaba, como al pasar, la pierna, estirando la nariz, como hacen las modelos cuando creen que uno se voltea a una amiga que envidian por su pelo, su perfume, su culo o algún otro objeto: creo que todos estamos de acuerdo en que las mujeres que trabajan de lindas son manufacturadas, una colección de objetos. Lo que comúnmente se denomina "cosificación", que es lo que uno busca en esas noches de sexo casual. Suena cursi, por eso uno no anda diciendo "cosificame, mamita" pero más o menos lo desea.
Para no hacerla larga, me la estaba cogiendo a la Chica Bis -todos, de nuevo, estamos de acuerdo que coger es aburrido y es la parte donde la mina ya te empieza a no gustar: cómo, una chica respetable y codiciada puede estar con semejante imbécil como uno, no da, es cualquiera- en una cama que hacía ruido de bujías. Todo era clásico. Ella estaba abajo, yo arriba. Me movía, y escuchaba el ruido de la cama. Entonces, para distraerme o para no aburrirme, me movía en sintonía con el ruido, como creando una melodía. Una murga. Lo que todos hacemos cuando no conocemos la hermana como para pensar en ella mientras cogemos. El asunto fue así. En determinado momento, yo llevaba bien la melodía, la tarareaba para mis adentros, le ponía letra, sin dejar de sonreír ni decir las mentiras educadas que ella no escuchaba porque seguro estaba pensando en la pija del negro de whatsapp, como si estuviéramos en un  matrimonio. El caso es que acabé. Y me dormí. Generalmente me duermo antes o empiezo a roncar pero esta vez fui elegante, terminé (ella no sé) y luego me dormí. O traté, mejor dicho, de dormirme. Porque algo no me dejaba dormir. Y era el ruido de la cama.  ¿Cómo podía ser?. En determinado momento me levanté, me paré al lado y el ruido seguía. Le pedí a Chica Bis que se levante -ahí me di cuenta que era tímida o miraba muchas películas porque se levantó con la sábana tapándose el cuerpo- y el ruido seguía. Una cosa de locos. Le pregunté si lo escuchaba. Me dijo que eran los vecinos. No le creí: el ruido estaba ahí, podía tocarlo. No me quedó otra que adjudicarlo a la magia, a un fenómeno paranormal o algo así y me acosté.

Hoy me reuní, brevemente, con el Ministro del Interior. En un baño. En Puiggari, que es una ciudad  fascista que está como a cincuenta kilómetros de Paraná, donde todos son delgados, nadie bebe ni fuma y todos creen en angelitos y en una vida mejor que ésta después de ésta, pero nadie se mata porque un señor que no conocen les dice que todo el sadismo que aplica al mundo es una prueba exclusiva, superexclusiva (ego no les falta) para ellos y deben aguantarla. Rogelio Frigerio estaba haciendo proselitismo, o sea que es cantado que sus candidatos pierden y nos reunimos en el baño de la estación de ómnibus, donde está el salón municipal. No me quiso decir qué tenía pensado hacer el año que viene. Me contestó que seguir en el gobierno de Macri. Irrespetuosamente, me reí, pero no hubo caso. No pude sacarle un puto dato. Así que seguí bebiendo y él se fue, a perder a otra parte.

Los radicales, por lo general, tienen doble apellido pero no lo usan para parecer populares. Los peronistas, para no ser menos, como no tienen dos apellidos porque vienen de abajo, usan su segundo nombre. Primer y segundo nombre. En Retiro había uno, un laburante, con una campera que decía "Roberto Tanto Fernnández" (creo que era Fernández) UTA GESTIÓN 2015-2019, una cantidad de datos irrelevantes, pero lo curioso era el segundo nombre, el cual no recuerdo. Pero si te fijás, todos sabemos el segundo nombre de Menem, Saúl, de Kirchner, Carlos, de Busti, Pedro, de Urribarri, Daniel, pero no sabemos el apellido de Ana María ni el segundo nombre de De La Rúa ni Susana Giménez ni Mirtha Legrand. Pero hasta el puntero de Villa Celina tiene un segundo nombre que además está muy interesado en que todos lo conozcan. Mi amigo José, es político y peronista, es presentado por sus familiares en los actos con su primer y segundo nombre: José Orlando. ¿Importa el segundo nombre? A Juan Domingo se lo sabían todos. Hasta el punto que uno puede decir Perón pero no Juan Perón. Es Perón o Juan Domingo Perón. Y a Evita, que se llamaba María Eva, no se la puede llamar por su primer nombre. María Duarte. Es un herejía. Casi como decir que Ricardo es Gil. Noooo: es Gil Lavedra. Lo encontré a Gil Lavedra detrás del zoológico en Palermo. Yo estaba con una chica en la mesa de la vereda y pasó un tenista importante y se pusieron a hablar de gente importante que yo no conocía. Como detesto no ser el centro de la conversación, me fui adentro. Lo saludé a Gil Lavedra pero él no me saludó. Incluso hizo una mueca de desprecio. Seguí al fondo, no había nadie más, me metí en el baño. Y justo enfrente del inodoro estaba pegado un poema de Borges que Borges nunca escribió, que escribí yo hace mil años, cuando existían las cadenas de mails y lo mandé y circuló y salió la que trabaja de viuda de Borges a decir que ese poema era falso pero sigue siendo el más leído y citado de Borges. 


Me voy a casar con esta chica. Y me propongo durar, eternamente, por lo menos diez años.
Te amo desde el dedo de pie hasta el último planeta de la galaxia.

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Una chica estaba con dos amigas en la parada de colectivos perdida en la ruta. Qué hacía yo en la ruta, a la madrugada, solo, no viene al caso. Hoy, así, me enteré, que los colectivos no se pueden pagar con plata, que hay que tener una tarjeta. Y yo necesitaba llegar con urgencia a la civilización. La chica, muy amable, me pagó el boleto.
Hay gente buena en el mundo. Esa es la magia en la creo. Ojalá lea ésto.

Nosotros leemos ésto: