Cómo es eso de no volver al pasado



Lucas Carrasco-.  Carta Abierta al Pasado.


                                                                                                       Entre Ríos, África. 11/06/09

Estimado político que repite lugares comunes:

                                              Por la presente, me dirijo a ud a los efectos de solicitarle tenga a bien llevarme al pasado, dado que según he escuchado me solicita, a mí y a un montón de ciudadanos "no volver al pasado". Pues bien, yo sí quiero volver al pasado. Por lo tanto, le pregunto: ¿cómo hago?.
                                             Espero que no se ofenda, pero por más que le busco la vuelta, lo razono y razono, no sé por qué ud cree que yo podría volver al pasado. De poder hacerlo, lo haría, sin dudas. Me gustaría volver a tener la cabeza con pelos, la panza plana y la audacia y rebeldía despreocupada del pasado. Ni hablar de la potencia sexual, la falta de deudas hipotecarias y el encantador sabor de descubrir algún escritor nuevo.
                                            Entiendo que cuando ud pide no volver al pasado se refiere a los jóvenes de 20 años, que no tienen ninguna razón objetiva para volver al pasado. Pero déjeme decirle, señor político de lugares comunes, que esos jóvenes, al no tener un pasado al que volver, hacen oídos sordos a su pedido. En cambio, mi abuela de 90 años y con demencia senil, ya quisiera volver a tener 80. No sabe ud lo ágil, física e intelectualmente que era mi abuela con 80 años. Ni que hablar con 50. Pero eso sería mucho pedir. Ahora bien, si usted logra que mi abuela vuelva a los 80 años y mi exnovia retroceda al momento anterior de esto-no-es-lo-que-parece cuando me descubrió con su prima en la cama, yo lo voto: pídale a los demás que no vuelvan al pasado, yo lo voto si usted me lleva al pasado. Con la experiencia que hoy tengo, volver al pasado, sería como fusionar a Stephen Hawking con Ben Johnson después de una noche de juerga con Alberto Olmedo.
                                       Posta, señor, que no estoy pensando en la dimensión temporal de Walter Benjamin ni Paul Valéry, ni el eterno retorno de Nietzsche ni la arborescencia de Deleuze, no tengo el optimismo de Saint Simon y nunca entendí lo del tiempo circular de Borges. Solo estoy pensando en un nudo que tengo acá, debajo del omóplato izquierdo, que me duele como la concha de la lora. Si ud me pudiera regresar al pasado, donde podía estar toda la noche despierto tirado en la cama leyendo sin que me doliera ninguna parte de la espalda, yo lo voto. Que los demás, si quieren, le hagan caso y no vuelvan al pasado. Se equivocan. Porque en el futuro está la muerte. Pero si llegamos hasta acá con la vida, si volvemos al pasado tenemos garantizado llegar hasta acá de nuevo. En cambio, si no lo hacemos, nada ni nadie nos garantiza que mañana no nos atropelle un colectivo, nos maten de un infarto con la boleta de luz o nos agarre una larga y dolorosa enfermedad que nos inmovilice durante los próximos 30 años. No, no es negocio, señor político de lugares comunes.
                                    Esperando una respuesta favorable a mi pedido, lo saludo con toda consideración.
                                   Atte.

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