Birra, peronismo y cultura



Daniela Sánchez-. Ya que estábamos en un bar santafesino, tomando una cerveza, grabé una parte de la conversación entre Lucas Carrasco y Gerardo Pressman, uno viniendo desde Paraná, donde vive, el otro de Bs As.



Lucas Carrasco: donde vos estás no se nota, pero son muy elogiadas tus artículos. Bah, creo que no lo notás también por cuestiones generacionales.

Gerardo Pressman: Sé por lo que Dani, vos o Joakito me cuentan. Dicen algunos que tengo "buena pluma". Pero lo dicen "poniéndose el cassette". Pero poca gente sabe que cuando yo nací ya no se usaba el cassette ni menos que menos, la pluma para escribir. Tampoco entiendo muy bien cuando me dicen que es "para la foto" porque vivo en un mundo que está constantemente fotografiado, filmado, guardado en algún archivo remoto.

LC: Cuando yo empecé a escribir en medios se usaba la máquina de escribir. Y en la radio se usaban discos de pasta, además de cassettes.

GP: ¿Por qué arrasó el peronismo entrerriano?

LC: La pregunta sería por qué le fue tan mal a Cambiemos, después de arrasar en el 2017.

GP: Pero eso le baja el precio a Bordet.

LC: Sí, ya sé. Y si bien hay un enorme mérito de Bordet, que tuvo la habilidad de bajar la lista K. Por ejemplo, otros gobernadores, como Manzur, no pudieron. Aunque eso no les haya afectado electoralmente, porque a Alperovich le fue sorprendentemente mal. Pero también Bordet cerró un abanico que va de la ultraderecha a la ultraizquierda. Y todo eso lo hizo sin tener demasiado atractivo político, sin ser una luminaria intelectual y con una gestión conservadora, en el sentido de que se dedicó a conservar lo que estaba. No hay nada nuevo, nada por lo cual recordarlo en la historia, digamos. Habrá que ver su segundo período. Por ahora, es eso. Y si bien no hay que restarle méritos, la intensidad ideológica de "la estudiantina", que creen que Macri es El Mal Absoluto y que hasta 2015 vivíamos al borde de la nueva raza de la humanidad: el Hombre Soviético, todo eso contribuyó a una actitud defensiva. Y la población, seguramente aislada de esas pasiones ideológicas, compró. Con semejante crisis social, catástrofe económica e ineptitud del macrismo, las provincias han operado como un reaseguro, incluso por encima del voto a intendentes.

GP: Sí, se ve en los vecinalistas. Que avanzaron pero sin hacer mella en el electorado peronista. Aunque no se puede hablar de electorado peronista exclusivamente cuando Bordet llegó al 58%. Es obvio que eso es más, mucho más que el electorado peronista. La paradoja es que Bordet asume con el porcentaje de votos más bajo en la historia del peronismo y es reelecto con el más alto porcentaje desde la recuperación democrática. Claro que, a diferencia de Urribarri en 2011, que sacó guarismos parecidos, Bordet no tuvo, como Urribarri contra Busti, una tercera lista peronista compitiéndole, cazando en el mismo zoológico. A la vez que Bordet no tuvo el huracán Cristina modelo 2011 empujándolo.

LC: Yo hace seis meses estaba convencido de que a los radicales les iba a ir mejor. Incluso, hablando con Ramiro Pereira, que es radical desde el dedo del pie hasta la nariz, me acuerdo que me dijo: "vos sos el único amigo que cree que Benedetti tiene chances". Y después recordó que acerté en un par de ocasiones los resultados electorales con anterioridad. Así que respetaba mi opinión. Supongo que ya no la respeta más, jajaja.

GP: Lo que pasa es que Pereira, me parece, ojo, no lo conozco, sé que es tu amigo de hace añares, pero hablo por las notas de él que leo en Noticias Entre Ríos, me parece que no es un radical clásico. Por lo menos, no es el radical de Cambiemos típico.

LC: No, Ramiro es de izquierda. O centroizquierda. Y no sé si vota a Cambiemos, supongo que sí, por disciplina partidaria. Pero en general, yo no pregunto a quién votan mis amigos. Me da igual.
Sí, acá hay algo generacional. Yo sí conozco radicales como Ramiro, socialdemócratas, alfonsinistas, liberales de izquierda. Esos radicales son parecidos a la transversalidad del primer kirchnerismo. Algunos están en Cambiemos, pero ahí hay que tener en cuenta el factor poder. Un partido o frente sin vocación de poder, se diluye en la nada. Eso cualquier peronista lo sabe. Pero cualquier viejo radical también. O la gente del núcleo duro del PRO, por lo menos los que yo conozco, como Ritondo, Frigerio, entre muchos otros que tienen mi edad y hoy son intendentes, diputados, etc, cuadros políticos de una minoría intensa que se fueron formando al calor de la explosión juvenil del kirchnerismo. Era al principio un fenómeno exclusivamente porteño. Pero que se iba extendiendo. En Paraná, la UCA fue un hervidero de cuadros del PRO. Y yo me enteré de eso en Bs As.

GP: Vos te reunías con la gente del PRO.

LC: yo me reunía con todos en las peñas que organizaba, sí. Mi radicalización e intransigencia son un personaje literario, no pasa de ahí. No entiendo mucho a la gente que se enoja. El sectarismo y todo ese encierro. Bah, lo entiendo de cuando militaba en la izquierda dura, en la ultraizquierda, de cuando era pendejo. Pero aún entonces, tiendo a creer que era menos banana en la astucia necesaria para construir poder. Igual, la política práctica es algo aburrido. Tramposo, miserable y brutal, sí; pero eso vaya y pase, lo que me alejó fue un sano aburrimiento.

GP: Siempre, en las charlas informales, hacés mucho hincapié en las cuestiones generacionales, la edad de las personas, su educación, su psicología. Es interesante ese punto de vista. Lo raro es que jamás lo plasmás en tus notas.

LC: Porque sería hacer sociología barata, de revista de chimentos. Esas categorías colaterales del análisis político sirven para la literatura. En mi literatura, sí las uso bastante, pero de manera subrepticia.

GP: Ya casi no quedan analistas políticos que usen de arsenal intelectual la literatura. Beatriz Sarlo y Jorge Asís, son los mejores ejemplos. Pero ahora es más fácil encontrar metáforas futboleras que literarias. Capaz que eso se deba a que la política se volvió líquida, posmoderna, basada en imágenes y en la velocidad de las redes sociales.

LC: Puede ser. No estoy muy seguro. Creo que hay un gran error, bue, parafraseando a Fontanarrosa, el mundo vive equivocado sobre la dimensión real de las redes sociales. Lo escrito sigue siendo preponderante, desde el momento en que una foto transmitida por whassap no es un cuadro de Picasso, es un lenguaje de programación, son palabras y signos escritos. Y la literatura nunca fue masiva. Y hoy los jóvenes leen más que antes. Puede que lean menos Joyce, pero leen más en distintas plataformas. Hay que desdramatizar la posmodernidad. O sea, hay que posmodernizar la posmodernidad, porque la posmodernidad es, en parte, desdramatizar. Y eso lo entendió el PRO, claramente en su liturgia de Gilda, coacheo y post. Pero antes lo entendió el kirchnerismo, que siempre fue más Andrea Del Boca que Horacio González. Y yo te sumaría nombres, de otras generaciones, además de Sarlo y Asís, a quienes respeto y admiro. Martín Rodríguez, José Natanson, Pablo Marchetti, Pola Oloixarac y hay más.


GP: Lo de Andrea del Boca...es cierto, me acuerdo de Cristina bailando con Moria Casán mientras el país se incendiaba. Porque el peronismo, que es conservador en lo cultural, puede asimilar mejor la cultura popular. Es lo que antes se llamaban "conservadores lúcidos". Pero para mí, eso siempre se combinó con escenas rupturistas en lo cultural. Desde Evita hasta Cristina. Desde ayudar a las madres solteras al matrimonio igualitario, pasando por la eliminación de la colimba y la Asignación Universal. Son políticas disruptivas del paisaje del conservadurismo popular en lo cultural. Me parece. Vos entendés más de cultura que yo.

LC: Porque entiendo que no hay nada que entender. Sin embargo, tenés razón. Y también en cuanto a la plasticidad: de correr el Tedéum y hacerlo en Narnia con tal de no darle protagonismo a Bergoglio a ser el Partido del Papa.