Se agudizó la crisis política del gobierno y buscan acuerdos de emergencia



Ariel Mayo – Son muchos los rumores. Los “dimes y diretes”. Argentina vive uno de los momentos más críticos que se recuerden desde el aciago año de 2001. En todo este tiempo los medios de comunicación de toda laya han hablado, desde hace bastante, de una crisis de legitimidad importante en la figura de Mauricio Macri. Desde la posibilidad de que haya un adelantamiento de elecciones, hasta el plan “V”, es decir que María Eugenia Vidal sea la candidata a presidenta. El gobierno ha tenido que salirse de la ortodoxia (si es que este caos puede llamarse de esa forma) para pegar un volantazo en las medidas del Banco Central. Esto es, haberle pedido autorización al Fondo Monetario Internacional para utilizar reservas que sirvan para contener la inflación. Es un momento “quemar las naves”. El diagnóstico de la grave crisis económica es compartido por economistas de todos los colores e ideología. Periodistas como Maxi Montenegro o tecnócratas del liberalismo más furioso como Jose Luis Espert vienen señalando que el gobierno se está poniendo la economía de sombrero. Es que Argentina, incluso desde antes de que Macri decida acercarse al FMI, ya tenía uno de los mayores incrementos de la deuda externa que se conozcan de la historia argentina. Y el acuerdo con el organismo multilateral ya fue un indicio de crisis muy grande. En un contexto de recesión, despidos, inflación creciente y desorden macroeconómico.
Si
uno hace un repaso, en el momento en que se escriben estas líneas, de un puñado de portales informativos del ámbito político, el gobierno aparece desesperado por realizar acuerdos que despreciaba cuando creía, equivocadamente, que la gobernabilidad era suficiente para sostener la imagen de Cambiemos. Tal como señala el portal La Tecla, “Macri insiste y se pone al frente del acuerdo con el peronismo ‘dialoguista'”. Eso huele a desesperación, sobre todo teniendo en cuenta la soberbia que ha mostrado Macri creyendo que sólo su círculo de poder era suficiente para gobernar. Tanto es así que suele mencionarse el gesto de suficiencia que alguna vez Macri tuvo con Massa cuando este propuso algo y el presidente respondió, según dicen, “el que tiene el poder soy yo”.
Según el portal La Política On Line, “un CEO de Wall Street convenció a Macri de convocar a la oposición”. Si. Parece increíble. Pero no. El gobierno sostiene su poder, relativo, azuzando el fantasma de un pasado que no para de crecer. Como la crisis y la inflación. La figura de la ex presidenta, “la Doctora”, como dice Jorge Asís. Cristina Fernandez de Kirchner lanzó un libro y es, hoy por hoy, el fenómeno editorial más importante que se recuerde en un político de Argentina. No vale mencionar el caso de Perón porque no fue un fenómeno editorial. El fundador del Justicialismo sigue vendiendo libros y se sigue leyendo, pero no ha generado un boom editorial en poco tiempo. Independientemente de si el libro de la ex presidenta es más o menos bueno, su venta record es un hecho político que pone a la grieta a flor de piel. Y muestra el capital político que sigue teniendo Cristina, a pesar de las causas judiciales. Cualquier analista político diría que ella tiene votos propios.
“Sinceramente”, el libro escrito por CFK, ya va por la cuarta edición, al menos mientras se escriben estas líneas. El libro generó en la opinión pública, los medios y el Establishment la idea de que ella será candidata. Y generó el doble juego que al gobierno le servido, o sea sostener la grieta, pero al mismo tiempo los dolores de cabeza de la crisis alimentan la fuerza política de la ex presidente. Esa avalancha de causas judiciales parece no estar funcionando. Mientras el gobierno parece estar intentando apelar a sus estratagemas de marketing, a través de las redes sociales, ese recurso se convierte en un arma de doble filo. Cristina, en estos últimos tiempos, ha limado asperezas con gran parte de la dirigencia política que se había distanciado del Frente Para la Victoria (ahora Unidad Ciudadana). Desde Victoria Donda, hasta Pino Solanas, pasando por Alberto Fernandez, Hugo Moyano y Felipe Solá, son algunos de los nombres que han vuelto a la órbita política de la ex presidenta. Ya desde hace tiempo que Hugo Moyano está también de nuevo alineado a la impronta netamente opositora que busca la unidad desde el peronismo.
El proyecto político gobernante de Argentina vive su mayor crisis de gobernabilidad. Hasta el momento. Lo cual es mucho decir. Habida cuenta que Cambiemos dilapidó capital político, básicamente, desde que Macri asumió el poder. Desde aquel diciembre de 2015, el gobierno se manejó con un criterio que sólo es aceptado por la porción del electorado más fanático del macrismo, o de la impronta que Cambiemos dice defender.
Lo cual nos abre un panorama de análisis hacia distintas vertientes. ¿Cuánta crisis es soportable? Desde hace tiempo uno se pregunta: ¿Cuál es el límite a los tarifazos, al endeudamiento, a esta impronta de crisis permanente? A las pruebas nos remitimos: ya sólo con el tema de la inflación, tendríamos mucha tela para contar. No es sólo el problema de los aumentos de precios en la canasta básica de alimentos. El problema es el aumento de todo, excepto de los sueldos de la mayoría de los trabajadores.
¿Cómo es posible que un gobierno que vive, literalmente, cometiendo errores y generando enojo en la sociedad argentina, pueda pensar en tener a su presidente reelecto? Es algo que sólo indagando en las características profundas del país, podríamos sacar algunas conclusiones. Tal como hemos mencionado en anteriores notas, Macri cuenta con el apoyo de una parte importante de la sociedad que tiene un sentido de pertenencia hacia el antiperonismo. Con lo cual, la lógica de representación a partir de la cual elige ese ciudadano a Cambiemos en las urnas tiene que ver con esa lógica: no importa cuanto nos empobrezca un gobierno “gorila”: los K, los “peronchos” no vuelven más. Esto sirve, más que nada, de aclaración. Porque lo que intenta un servidor con esta nota es dar un panorama lo más realista y objetivo de la crisis de legitimidad y credibilidad que tiene el gobierno de Macri.
Veamos: hasta hace un tiempo, y ya arrastrando los más graves problemas, el gobierno predicaba que “no hay plan B”. Esto es: el rumbo es este, aunque nos estrellemos y las cosas estén mal, en algún momento aparecerá “la luz al final del túnel”. Por otro lado, en el plano político, el macrismo se negaba a compartir el poder con sus socios: sólo compartía retórica política e influencia con Elisa Carrió. Hoy devaluada. Las polémicas apariciones de la titular de la Coalición Cívica acrecientan la crisis política de Cambiemos. El colmo de las barbaridades dichas por Carrió se observó cuando ofendió al fallecido ex gobernador de Córdoba José Manuel De la Sota, diciendo “menos mal que se murió”. La crisis política del espacio oficialista lleva a uno de sus dirigentes más importantes, el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, a pedir que Cambiemos se agrande y se amplíe con dirigentes del peronismo como Pichetto y Urtubey. Claro está, el gobierno ha lanzado en los últimos días un fallido intento de generar un acuerdo programático con el peronismo “no-K” para transmitirle tranquilidad a los mercados. Tanto Massa como Lavagna recharon la oferta. Mientras tanto, hay señales de que entre el peronismo bonaerense (en el que el kirchnerismo pisa fuerte) y el espacio de Sergio Massa puede haber acuerdos. El ex intendente de Tigre intenta mantenerse en carrera pese a que crecen las demás opciones (CFK y Lavagna) dentro de la oposición. Eso puede llevar, por lógica y sentido común, al tigrense a un acercamiento con el proyecto político de la ex presidenta. Aunque Massa, en su afán de mostrar que está en carrera, mantiene reuniones con dirigentes como Stolbizer, como se ha visto en los últimos días, y fotografiarse, como ha ocurrido hace poco, con Lavagna.
Las cartas políticas están echadas. La realidad es muy dinámica, y todo parece indicar que las variables que hoy están a la vista, seguirán profundizándose. Se da la paradoja de que los mercados le sueltan la mano al gobierno por temor al regreso de la ex presidenta. Es realmente un disparate. Si quisiesen ayudar al gobierno a ganar elecciones simplemente aportarían gobernabilidad y ayudarían. Pero nada de eso ocurre. Al menos por ahora.