¿Por qué hay tantos asesinatos en Concordia?



Joakito-. Concordia se ha transformado -además de la capital de la pobreza y el citrus- en capital provincial de homicidios, si tenemos en cuenta que hasta abril 7 de los 13 asesinatos se produjeron en esa ciudad. ¿Es posible prevenir los homicidios? ¿Qué relación existe entre la criminalidad, la violencia y la pobreza?

No se puede reducir el aumento de los homicidios y la violencia a un sólo fenómeno. La pobreza es importante pero no es el único factor, es más, la violencia y los homicidios aumentaron en Concordia al mismo tiempo también que se reducían las desigualdades, lo que sugiere que existen otros factores más determinantes.
Lo que si está demostrado es que la desigualdad genera una sensación de injusticia entre las personas en desventaja que los lleva a buscar una compensación por otros medios.

Por otro lado, la actividad criminal también se puede explicar por un análisis costo-beneficio; cuanto más escasas sean las oportunidades económicas para los más pobres y mayor sea la brecha de ingreso entre pobres y ricos, los beneficios económicos de crímenes como robos o secuestros –que muchas veces terminan en homicidios- tienden a ser mayores. Aunque esto último no se aplica para los homicidios cometidos en Concordia ya que la mayoría son homicidios cometidos en el ámbito privado, es decir, que no son homicidios asociados al robo o al "narcomenudeo".

Es difícil establecer un paradigma que pueda englobar a todos los homicidios dentro de una misma lógica, pero si tomamos en cuenta que los homicidios y los crímenes son una manifestación más de la violencia social, éstos pueden prevenirse elaborando estrategias que se centren en la multiplicidad de riesgos familiares, sociales e individuales de sufrir violencia.
Estas estrategias deben incluir programas con un fuerte sustento educativo, es decir, que se centren en las escuelas fomentando las habilidades comunicativas para resolver los problemas de manera no violenta. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los crímenes son cometidos por jóvenes y también las víctimas en su mayoría son jóvenes.
Por otro lado, existen también estrategias económicas, políticas y medioambientales, así como otras estrategias de la comunidad, que pueden mejorar la seguridad y aumentar las oportunidades de que haya una interacción social positiva que conlleve a que los jóvenes se alejen de las situaciones violentas.

Hay asesinatos porque lo que está roto es el tejido social, ayudando de esta manera a que la violencia -manifestada en forma criminal- se instale en la sociedad. Entonces, si se pretende bajar el número de homicidios o la cantidad de delitos, de lo que se trata es de intentar reparar el tejido social que si no está roto se encuentra por lo menos vulnerado. Entre las posibilidades de reparación del tejido social, la familia como núcleo central ocupa un espacio trascendental ya que cuando las familias establecen normas apropiadas a la edad de sus hijos y cuando controlan las actividades y relaciones de los jóvenes, es mayor la posibilidad de que esos jóvenes se formen en una cultura basada en el diálogo y en la búsqueda de resolución no violenta de los problemas.
Para reparar el tejido social es necesario que todos los actores (políticos, institucionales, económicos) se pongan de acuerdo. De nada sirve por ejemplo, por mas lindo que suene, proclamar que se separe a las iglesias de la acción social ¿O acaso un comedor comunitario manejado por monjas no es mas efectivo que la construcción de cárceles o el endurecimiento de las penas?

Si tomamos la literatura sociológica y política sobre criminalidad, a nivel mundial, una de las opciones que más resultado ha tenido a la hora de prevenir los homicidios, es la política de mediación donde el Estado a través de sus múltiples estamentos interviene con los individuos, entre pandillas o entre organizaciones criminales, aunque en este último caso, debido a que este tipo de medida resulta impopular a la hora de captar votos es muy difícil de aplicar en la Argentina, y en Entre Ríos, donde de un tiempo a esta parte, se ha instalado a la demagogia punitiva como el paradigma por excelencia. Más difícil es cuando desde los diferentes espacios encargados de impartir justicia se tiran la pelota entre sí, desentendiéndose del problema.

Las opciones para prevenir los homicidios son múltiples, pero a la luz de los acontecimientos, no todas han funcionado. Por ejemplo, si tomamos en cuenta que muchos de los homicidios cometidos -no solo en Concordia sino en el resto de la provincia y del país- han sido caratulados por la justicia o tratado por los medios de comunicación como femicidios, observamos el fracaso de ciertas políticas. En Argentina a partir de múltiples reclamos para que se desarrollen políticas basadas en género y con movimientos populares como #NiUnaMenos que han presionado a los legisladores a aprobar o reforzar políticas de género, el impacto ha sido muy difícil de cualificar y cuantificar (el número de feminicidios registrados en Argentina alcanzó el récord más alto en 2013, un año después de que la ley de feminicidios fuera aprobada). Es decir, que no todas las políticas preventivas por mas bonitas y progresistas que suenen dan resultado.

No se puede reducir todo a un sólo fenómeno. La pobreza es importante pero no es el único factor, es más, la violencia y los homicidios aumentaron en Concordia al mismo tiempo también que se reducían las desigualdades lo que sugiere que existen otros factores más determinantes.
Volviendo al caso de la mediación hay que tener en cuenta que -por lo menos en América Latina- si bien no se ha podido identificar cuál ha sido el factor más importante para explicar la caída del crimen, el uso de nuevas tecnologías por parte de las fuerzas de seguridad parece haber reducido significativamente la violencia en algunas grandes ciudades y existen ejemplos de programas exitosos en Brasil y Colombia, donde una mayor coordinación y cooperación entre la  policía y los habitantes de barrios peligrosos han contribuido a reducir significativamente la delincuencia.