Nordic Noir: no fue Netflix, fue Borges




Lucas Carrasco-. Con excepción de los datos, que son estrictos y verdaderos, las conclusiones de esta nota son probablemente falsas o, como dirían los que dicen que hacía Borges, "intertextuales". Otra boludes de la neolengua progrefascista, como la deconstrucción.
La avalancha de basura nórdica - o Nordic Noir, para decirlo en lenguaje panfletario- está montada sobre la repercusión mundial que tuvo la literatura negra nórdica de dos generaciones anteriores (Henning Mankell es, a mi juicio, el mejor, con puntos altísimos como su novela El Chino , pero también Stieg Larsson -que por sus continuaciones, con él ya muerto, constituye una marca en sí misma: lindo legado para un trotskista- Camilla Läckberg y Jo Nesbø, entre otros) y la producción on demand de plataformas como Netflix, que hicieron remake de versiones hechas con altísima calidad por la BBC de Londres, cuya fascinación por el otro género literario policial, el de misterio, también se mundializó, casi borrándose las diferencias.
En cierto modo, el proceso es parecido al de Hollywood de los años cuarenta y cincuenta, porque anteriormente hubo una camada de escritores, muchos de los cuales fueron luego libretistas fusionados con espléndidos directores de cine.
En Argentina, mediados del siglo pasado es también, por lo menos hasta el 2001, la época de oro del cine nacional. No ocurrió lo mismo con los escritores del boom latinoamericano de los años 60 y 70.
En cuanto al cine, la mitología peronista -con la actriz de radio, Evita, a la cabeza- sostiene ( o sostenía) que el declive del cine nacional se da de la mano con el declive del estado de bienestar del peronismo. Tal tesis resultó falsa en la medida que en medio de la peor crisis económica, durante el 2001, comenzó un resurgir estético dentro del cine, posterior a la literatura argentina de los años 90.



En La Muerte y la Brújula, el cuento de Jorge Luis Borges de 1942, aparece el detective Erik Lönnrot. La trama, mezcla la mitología judía con la mitología cristiana en los bordes donde más se separan. Lo curioso es que Erik Lönnrot es un nombre finlandés, fácilmente deducible porque el finés es uno de los pocos idiomas de la Unión Europea cuya lengua madre no pertenece a la familia indoeuropea y la tradición judeocristiana, a pesar de que Finlandia fue parte del reino de Suecia hasta hace dos siglos. Y además limita con Noruega. Pero también con Rusia.
En el cuento de Borges, el detective se pasa de rosca. Perdón el spoiler si no lo leíste, pero el final es simple: el asesino no era tan inteligente ni tan intelectual como el detective finés y usa el talento del detective para asesinarlo. Un final digno de la literatura nórdica de varias décadas después, la que antes mencionamos, pero no de su arribo a la pantalla, donde el héroe no puede morir. Porque tiene que haber una segunda temporada.
Sino, preguntale a Stieg Larsson. Te puede contestar en el próximo libro. Porque como diría Rodolfo Walsh: "hay un fusilado que vive".

Nosotros leemos ésto: