La Reunión de la OPEP y la Disputa por la Hegemonía Global


Marcelo Brignoni-. En vísperas de cumplir 70 años desde su fundación en Bagdad, en un lejano 1960, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se ha transformado en un escenario central de la lucha geopolítica por la hegemonía mundial. Por estos días y con el objetivo de equilibrar el mercado petrolero mundial se desarrolla desde el 19 de Mayo en Jeddah, Arabia Saudita, la 14 ° Reunión del Comité Ministerial de Monitoreo Conjunto de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), y de naciones No OPEP



A los cinco miembros fundadores, convocados en aquel entonces por Venezuela e Irak (Arabia Saudita, Kuwait, Irán, Irak y Venezuela), se agregarían más tarde a la OPEP Angola, Argelia, Ecuador, Emiratos Árabes Unidos, Gabón, Guinea Ecuatorial, Libia, Nigeria y República del Congo. Esos son hoy los integrantes de la mayor organización reguladora de la energía del mundo, con sede en Viena, Austria.

Desde 1971 con Estados Unidos en crisis energética, y cuando Richard Nixon convocara una comisión presidida por el general G. A. Lincoln, con el fin de examinar la política energética norteamericana y buscar nuevos acuerdos, la OPEP ha sido territorio de disputa geopolítica. En ese 1971, se acordaría en Teherán (Irán), entre las compañías petroleras y la OPEP, el formato que daría inicio a la era de los “petrodólares” en reemplazo del “patrón oro - dólar” declarado “no exigible” por el propio Nixon, a partir de aquel domingo 15 de agosto de 1971.
Mucha agua ha corrido bajo los puentes desde entonces, y se han sumado al mercado global de la energía otros jugadores como Sudán, México, Noruega, Rusia, Kazajistán, Omán y Egipto, quienes sin ser miembros plenos de OPEP participan regularmente como observadores en las reuniones ordinarias del grupo. En el otro rincón de la OPEP, como si fuese una pelea imaginaria de boxeo, se encuentra Estados Unidos.
Si bien en el mundo hay 161 tipos distintos de crudo que se corresponden con otras tantas zonas petroleras, las cotizaciones preeminentes son las del Petróleo Brent, localizado en el Mar del Norte que se toma como referencia para Europa y el West Texas Intermediate (WTI), cuyo precio de referencia se utiliza en Norte América. Ahora se le agrega a estos el Petróleo de Esquisto o Petróleo de Fracking, que viene creciendo en Estados Unidos.
En un periodo de cinco años, las explotaciones de fracking se multiplicaron por el interior estadounidense. Regiones como el oeste de Texas o Dakota del Norte se convirtieron, de la noche a la mañana, en escenario de vivaces competiciones económicas por la apertura de nuevas exploraciones. Estados Unidos pasó de una producción ralentizada durante la caída de los precios del petróleo a la imperiosa necesidad de incrementar la producción para ganar autonomía, y hoy la explosión de producción, lleva los barriles americanos a casi 10 millones diarios.
A largo plazo la tendencia es similar. En esencia, las plantas de fracking han aprendido a recuperar cada vez más petróleo de cada pozo (el fracking rompe la roca liberando gas, no extrae el crudo directamente como las plataformas convencionales), y la tendencia expansiva de la producción estadounidense parece no detenerse, mas allá de las advertencias de contaminación de napas subterráneas o de las modificaciones geológicas con afectación sísmica, que se le imputan al fracking.

La estrategia estadounidense para intentar una hegemonía sobre la OPEP ha pasado por muchos momentos; la invasión a Irak, la “primavera árabe” en Libia y Egipto, y más recientemente el intento de controlar de modo directo el petróleo venezolano, y la aplicación de sanciones a Irán. Sabedor de la necesidad imperiosa de obtener energía externa, por parte de la República Popular China, Estados Unidos considera que controlar el mercado global del petróleo y la energía, lo hará recuperar la hegemonía geopolítica deteriorada. Sobre todo cuando por primera vez en la historia, la demanda del mundo superará los 100 millones de barriles diarios, el tercer trimestre de 2019.

La OPEP calculó que para sus 14 socios habrá este año una demanda de 31 millones de barriles diarios, según el informe mensual publicado hace pocos días y entregado en la 14 ° Reunión del Comité Ministerial de Monitoreo Conjunto de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), y de naciones No OPEP, que nuclea a una alianza de  24 países  (14 de la OPEP) que incluye a la Federación Rusa y a otros países no integrantes de la organización como Kazajistán, Uzbekistán, Omán, México y Bolivia. Dicha alianza de OPEP+10 se forjó a finales de 2016 para frenar la caída de los precios del crudo.

Por otra parte, Estados Unidos, que no participa de OPEP+10 ha informado que su producción en 2019, mediante el incremento del bombeo previsto, en su mayor parte de petróleo de esquisto, será de casi 2 millones de barriles diarios más, y superará así al aumento del consumo de todo el planeta esperado en 2019,  previsto en 1 millón 200 mil barriles diarios más, lo que presionará sobre la OPEP y sobre el precio de barril a la baja, en la intención de una negociación que evite que OPEP impulse una “canasta de monedas” para las transacciones internacionales de petróleo, y un “acuerdo de producción” más allá de las intenciones estadounidenses.

Con esta estrategia, sumada a las sanciones a Irán y al asedio a Venezuela, Estados Unidos aspira a mantener el control sobre el precio del barril de petróleo y continuar la hegemonía del dólar y de la banca estadounidense en la financierización y monetización del negocio petrolero global, lo que a su vez le permitiría seguir asfixiando a Venezuela y condicionando a Irán y a China.

La guerra geopolítica se desarrolla en todos los frentes, y la OPEP no es ajena a esta realidad.