Cultura no es arreglar un edificio



Joakito-. Vengo leyendo en todos -o casi todos- los medios de comunicación de la provincia, las gacetillas enviadas desde el gobierno donde sostienen que "la cultura está en el centro de las políticas púbicas" porque se han puesto en valor algunos edificios históricos. Cabe preguntarse ¿La cultura es algo que puede reducirse a darle plata a las empresas constructoras? ¿De qué hablamos entonces, cuando hablamos de cultura?

Si para el gobierno provincial, hablar de cultura o de políticas culturales es hablar de poner en valor los museos, las bibliotecas o la Casa de Gobierno, entonces, estamos ante un gobierno que se quedó en el pasado, que entiende a lo cultural como en su aspecto inerte, intocable y distante.
Si realmente queremos que la cultura sea el centro de las políticas públicas -como pregona el gobernador- entonces, es el propio gobierno el que debe poner sobre la mesa del debate aquellos elementos que nos identifican en nuestra diversidad y que nos dan sentido de pertenencia, pero también exponer los procesos históricos, valores y limitaciones que definen quiénes somos y que orientan nuestros códigos de convivencia.
Este proceso de construcción  de deconstrucción si se quiere, alrededor del concepto de cultura es un trabajo que toda la comunidad debe asumir en conjunto no solo con el gobierno provincial sino también con los municipios y las organizaciones sociales en su conjunto, porque  el trabajo en este sector debe ser antes que nada, integral, participativo e intersectorial.
Por otra parte, es necesario identificar los espacios, así como los sujetos de este proceso, reconociendo a la comunidad, los barrios y a las organizaciones culturales en este rol fundamental, pues desde ahí se hace cultura, y se construyen y fortalecen los procesos simbólicos que nos definen día a día.
La experiencia a demostrado que muchos de los proyectos o intervenciones, sea en el sector que fuera, no han tenido los resultados esperados por omitir el rol de la cultura local en su diseño y ejecución. Hasta el día de hoy la mayoría de las propuestas culturales son impulsadas desde afuera hacia dentro. Y se compartimó la definición de cultura como pilar fundamental para una mejor convivencia y buen vivir, entonces es necesario trabajar, precisamente a la inversa, es decir, desde el interior de los grupos. Los gestores culturales, los comunicadores  y los  trabajadores sociales tenemos la responsabilidad de poner a disposición de las comunidades la realidad de su diversidad y de su propia cultura para lograr una transformación social o la solución a un problema. Se trata de identificar las tensiones y los conflictos internos, pero significa también plantear una solución desde lo propio y lo local, una alternativa de cambio que surja desde el consenso y la concertación entre sus propios integrantes, guiados por su sentido de pertenencia y de identidad.
Esta bién poner en valor la casa de donde vivió Mastronardi, hacer un museo dentro de la Casa de Gobierno o reparar la Iglesia Cultural, pero eso no es cultura, eso es solo una parte que beneficia a quienes se dedican al negocio de la construcción.

Cultura es hablar de una herramienta para la transformación, pero también asumirla como un fin en sí misma: tener acceso al uso y disfrute de nuestras manifestaciones (ejemplo, de qué sirve tener tres salas culturales en Paraná si no se usa o solo se les da acceso a "los amigos de") y el ejercicio de creación sobre la base de nuestra diversidad debe ser un derecho no negociable. No basta con reconocernos multiculturales, lo que se necesita es trabajar desde el enfoque de la interculturalidad, para lo cual es necesario generar el diálogo y respeto entre las diferencias, y ambas cosas, están ausentes, en las políticas públicas del gobierno provincial.