Crónicas de un hijo de puta (2)



Lucas Carrasco-. Mi trabajo para bancos, entidades financieras y grandes multinacionales.


Uno de mis tantos trabajos no es estrictamente periodístico ni literario. Pero me gusta. Lo hago esporádicamente, porque los clientes son gente...eh, distinta.
Hago informes, mejor dicho, pronósticos políticos para entidades financieras, algunas multinacionales, y los intermediarios argentinos de financistas globales: esos "fondos de inversión" que son puro cuento pero mueven el mundo. Los papers en los que trabajo son casi todos sobre situaciones provinciales puntuales, no solamente elecciones. Sino la percepción de la población de las cuestiones ecológicas, financieras, consumistas, etc.
Como soy un hombre de izquierda afiliado al peronismo, la cosa suena rara. Pero no soy el único de este perfil que hace este tipo de trabajos. Mi única diferencia es que no trato con consultoras o encuestadores de por medio. Porque conozco el paño. Ellos se llevan el 90% de los ingresos solo por pavonearse en la TV porteña narrando el trabajo que otros, silenciosamente, hacen.

Hay avidez, entre los decisores económicos, en tener una ventana al futuro. Es parte de la condición humana sentir el frío en la nariz al asomarse al balcón del futuro, pero cuando hay mucho en juego, tal condición naturalmente se potencia.
Como el lector ya sabe, hace poco ocurrieron las PASO -primarias obligatorias- en Entre Ríos y, como vivo en Paraná, me pidieron algunos pronósticos sobre acá y su eventual "nacionalización".
Los escritos que más se acercaban a la fecha de votación fueron pronósticos errados. Pero a medida que me alejo de la votación -incluso, en notas que en este sitio se pueden corroborar- le pifio astronómicamente.
En concreto, las tesis sobre las que sostenía mi análisis, eran erradas en la mayoría de los casos y en la minoría, no tuvieron la incidencia que gentilmente les daba.
Para la mayoría de la gente de mi ambiente petulante, ésto representa un papelón maýsuculo y sufren, se esconden, se justifican, tergiversan lo que dijeron, etc. Como diría mi amigo el Coronel Gonorrea "¡ME SACARON DE CONTEXTO!".
Yo me río de mí mismo. Tan solo me equivoqué. No es para tanto.

Bah, sí. Porque hay más: como este trabajo lo hago solo, sin equipos para elaboración empírica y abstrayéndome de los números de las consultoras (en parte, porque conozco su juego sucio, en parte, porque es mi método de trabajo), cuando algún gerente de la concha de la lora me dice "los números dicen otra cosa que tus análisis" yo discuto las metodologías, los números, y así. Nunca doy el brazo a torcer.
Mi extendida mala fama, permite que no venda gato por liebre. Es decir, que me pidan un paper, me lo paguen y lo tiren a la basura porque lo que buscan es condicionarme mi labor de periodista, labor que además no es influyente ni importante. (Se hace muuuuuucho ésto de los papers o newsletter que se tiran a la basura, con periodistas de renombre que suelen dar lecciones de periodismo independiente, je). Como hace Eskenazi con la publicidad del BERSA: es una coima encubierta, pero de dos pesos. Yo creo que al grueso del periodismo entrerriano, Eskenazi no tendría ni que coimearlos, son tan cagones que con mandarle alfajores para el Día del Periodista ya te ponen de prócer con la Fundación de mierda ésa para lavar guita. Ojo: Eskenazi no es menos ladrón que el banquero promedio -exceptuando a Carlos Heller, del Credicoop, que quizá le gana- solo que antes de volverse un macrista refinado, eran un kirchnerista hecho y derecho. Sus operaciones malandras eran tan berretas como las de Lázaro Báez. Pero los peores son los representantes de la banca extranjera. Porque esos no tienen, literal y metafóricamente, nada que perder.
Bien. El asunto es que ahora vienen las elecciones generales en Entre Ríos y luego las PASO nacionales. Me volvieron a llegar los pedidos. Decidí, luego del fiasco más grande de mi carrera (¿carrera?) esta vez no hacer nada. Trabajar mi faz periodística y seguir con lo literario, que siempre es minoritario.

Pero...

Hoy me llamó un Gerente, es decir, un subhumano con capacidades diferentes, para preguntarme por mi negativa. Me sorprendió. Porque no le había servido de absolutamente nada el trabajo para el que me había contratado anteriormente.
-Nosotros contratamos encuestas y focus groups secretos, que son solo para nosotros, que no se ventilan en la prensa.
-Bueno, ahí tienen entonces los insumos que necesitan.
-Es que esos son números. Son válidos para la coyuntura. Pero son números a partir de los escenarios que plantea la prensa. Lo que nos gusta de tus trabajos es que siempre planteás un escenario distinto al del resto de la prensa.
-Pero no se dio.
-Pero podría haber sido. Por lo menos, a nosotros no se nos ocurriría. Yo trabajo 60 horas semanales en xxxxx, no tengo tiempo para leer toda la prensa, entender sus escenarios potenciales y tratar de que se me ocurra uno distinto, un imprevisto. Y un imprevisto puede dejarme sin trabajo.

Igual, dije que no. Le agradecí, pero le dije que no porque ya había hecho planes para éstas fechas. Concretamente, tengo que volver a estudiar la cuestión de las redes sociales y el posmodernismo, desde la esfera cultural y su traslado a la política. Es decir, tengo que ir al hueso profundo de mi estructura errada de análisis social y político.
Sin embargo, la llamada y la explicación, me hizo sentir bien. Y comprender un aspecto del mundo corporativo de los altos ejecutivos de finanzas que jamás se me hubiera pasado por la cabeza, aunque luego de que me lo diga me parece totalmente lógico, básico y simple. Tan lógico, básico y simple, que yo no me había dado cuenta.