¿Se va todo a la mierda?



Lucas Carrasco-. Inflación, desocupación, recesión, pobreza, desigualdad. Desencanto y nostalgia. El viejo tango argentino que vuelve. O que nunca se fue.


La Secretaría de Periodismo Independiente (SIDE, por sus siglas en inglés) informa que la hiperinflación de estos meses es natural, que ya llegó a un "pico" y que el mes que viene no escalaría a un beso de lengua, sino que bajaría. Pero por las dudas, si no pasa, la culpa es de aquella solitaria yegua cubana que insulta al gobierno porque es populista y quiere instalar un control de precios y congelamiento de tarifas como el que anuncia el Presidente Iletrado pero con otro nombre. Y los nombres, en la era Macri, tienen la misma jerarquía intelectual que los zócalos en los tiempos de Cristina, cuando todos éramos semiólogos especializados en descifrar los mensajes satánicos de los discos de pasta pasados al revés en "los medios hegemónicos".
-¿A cuánto está el riesgo país?- me preguntó, no es joda, la empleada de la panadería en la tediosa espera de la cola para votar. Qué país arruinado, por favor.
-¿Se va todo a la mierda, no?- quiso que le conteste, al otro día de la elección (donde le erré en casi todos los pronósticos, jeje) un diputado. ¿Qué sería que se vaya todo a la mierda? Está bien que en la Argentina todo, siempre, puede empeorar. Pero con 5% de inflación mensual, la economía tercerizada al FMI que trata de poner en Precios Cuidados al dólar, un tercio de los argentinos en la miseria, la mitad de los niños son pobres, la mitad de los trabajadores están fuera de las normativas legales, aumenta la desigualdad y la criminalidad, el debate público es rústico y pretendidamente moralista, las instituciones tienen el prestigio de un estropajo, las tasas de interés más altas del mundo y endeudados hasta el cuello: ¿qué más querés?

Lo que pasa es que los más viejos, o los que estudian la historia, recuerdan escenas del 2001 y del 89. Pero los números indican que estamos mucho peor que en 1989 y, en el 2001, recuerden, el Grupo Clarín peleaba por una devaluación y a la vez, una pesificación de sus deudas, para no desaparecer en serio. Niñas llorando de hambre copaban el paisaje diario de esos medios de comunicación que en aquel entonces tenían alguna relativa influencia política. De hecho, eso era el FREPASO: el Grupo Clarín y un puñado de banqueros sensibles.

A cinco cuadras de donde vivo, se encontró una beba en un contenedor de basura, me cuenta el verdulero de la esquina. Su fuente: "el feis". Vaya uno a saber si es cierto. Pero, para él, tiene verosimilitud. E incluso, es probable que sea cierto, y en medio de la jornada electoral, se les pasó a todos. No sé. El dato es la condición de posibilidad para que circulen estos relatos. Es una cuestión técnica de la comunicación. No tengo ganas de extenderme sobre el asunto.
Volvamos a los números fríos. Gracias a que el INDEC ahora dice la verdad (condición indispensable para volver a endeudar el país; esa es la parte que no te cuentan sobre el INDEC que, además, sigue intervenido) sabemos que pasaron cosas. Estamos como en el 2002. Pero con mayor conducción política, por la legitimidad electoral de Cambiemos. Y llegamos hasta acá gracias a la pesada herencia del desendeudamiento que heredó este gobierno.
La traumática experiencia popular del 2002, una oposición responsable, el nuevo contexto internacional y geopolítico, la red de asistencialismo social, la naturalización de la pobreza, la politización de las iglesias católicas (con un Papa argentino) y evangélicas, la pericia de esta nueva derecha al tratar con los gerentes de la pobreza llamados "movimientos sociales" y los empresarios de la salud llamados "CGT", lograron que no haya desmanes que afecten la gobernabilidad.
La inminencia de elecciones en el marco de campañas permanentes, también opera como una válvula de escape.

Pero, ojo: de nuevo, se fue todo a la mierda.