A los lectores:

El proyecto de Juicio Por Jurados presentado por el gobierno provincial, nos parece de suma importancia. Aunque la línea editorial -antes de que se presentara el proyecto, incluso- era, a grandes rasgos, a favor, estamos tratando de reflejar todas las opiniones en torno a un tema complejo pero que hace a la vida de las personas comunes y corrientes.
Para tal efecto, vamos a abrir el debate a los ciudadanos que, sin ser necesariamente expertos en el tema, quieran opinar.
El único requisito es que las opiniones estén fundadas, firmadas y den por descontado que alguien puede confrontarlas o tener derecho a réplica.
Los artículos de opinión deben enviarse a la dirección de mail de Noticias Entre Ríos y serán publicados, de ser aprobados, en cuanto corresponda de acuerdo a la edición de cada día.
Muchas gracias por leernos.


Precios...¡CUIDADO!



Lucas Carrasco-. Quitando las particularidades de estilo (convengamos, no es muy común decir que el Presidente de la Nación está en la disyuntiva de pasar por estúpido o por imbécil, capaz me fui
muy al carajo) durante el fin de semana un economista, funcionario del gobierno nacional, me preguntaba por teléfono si no veía otra alternativa que la disyuntiva planteada en esta nota. El tipo es un amigo, más allá de las diferencias ideológicas. No me estaba preguntando sobre una alternativa económica, sino comunicacional.
Este funcionario está convencido que las medidas anunciadas, especialmente los precios cuidados, no van a bajar el Índice de Precios al Consumidor, porque son pocos productos, porque previamente le aplicaron una suba, porque no hay castigo si las empresas incumplen y, si lo hubiera, no hay quién los controle. Aunque el argumento principal es que estos 60 productos son una gota en el mar de los precios que mide el INDEC para elaborar el IPC.
Luego de explicarme eso, off the record por cuestiones obvias, quería saber mi opinión en cuanto a la comunicación. Si no existía una tercera vía.
Le dije que sí, yo andaba con ganas de hablar y demostrar cuánto sabía para satisfacer mi obesa soberbia, que requiere de muchos nutrientes y calorías diarias. Por ejemplo, necesito mirarme unas diez veces en el espejo cada día. Aunque hay días que paso horas y horas mirándome en el espejo, contemplando lo más cercano a la perfección que conozco: yo.

Bien, el caso es que cuanto menos entiende un político de comunicación, más poderes le atribuye. Y además, al atribuirle un peso exagerado a la comunicación, se enflaquece el efecto de realidad. O sea, se distrae de la realidad, que sería bajar la inflación de verdad, para depositar sus energías en que parezca que la inflación baja.
Lo cual, en sí mismo, no está mal, excepto que en todo el combo de políticas públicas, la inflación colabore en estropear la imagen del gobierno. Como es el caso de Macri.Y no fue el caso de Cristina, que gobernó con una alta inflación pero con la percepción, por parte de su feligresía, de que combatía las corporaciones que aumentaban los precios porque la odiaban a ella, una pobre víctima.

Un poco de inflación le viene bien a todo gobierno que tenga déficit crónico, porque ajusta las cuentas. Se puede hacer con discurso progresista, como hacía Cristina, o con guión de marketing new age como hace Mauricio, pero el resultado matemático es el mismo. Y la disyuntiva es sobre proporciones, no sobre la política económica elegida para que sean los que menos tienen los que carguen con el peso fiscal de arreglar las cuentas.
Volvamos al punto. Sí, hay una tercera vía. Y es no comunicar absolutamente nada. Ni ponerles nombres rimbombantes y ridículos a un simple y sencillo tira y afloje cotidiano con los oligopolios de productos básicos.
Me explico: si un gobierno hace anuncios rimbombantes y después la inflación sigue creciendo, la percepción es de que ese gobierno es estúpido o inútil. En cambio, si un gobierno hace un acuerdo de precios con los empresarios, no dice nada y deja que sea la gente de a pie la que note que algunos precios bajaron en el supermercado, el efecto realidad es más potente. Muchas veces, la mejor política comunicacional es no decir nada y esperar que sea la gente común la que note las cosas y las repita. Así de sencillo.
No prometer nada más que enunciados generales. Mostrarse activos en otras áreas y ocuparse, no de la inflación porque el gobierno la necesita para licuar deudas pesificadas y gastos fijos, pero sí de la percepción de inflación en el segmento de consumidores más proclive a votarte. Si al ex Senador Nacional del kirchnerismo, dueño de Natura, "le pedís" que en vez de poner su segunda marca en un "programa" con nombre ridículo y esperanzas desproporcionadas, que ponga su primera marca un 20% más barato y que mantenga el precio hasta las elecciones, a cambio obviamente de alguna coima o negocio estatal -¿o alguien se creyó que Kicillof gritando en 678 o Dujovne hablando de "pacto de caballeros" es la manera en que se negocian estas cosas...vaaamos- vas a tener a la clase media, el segmento de votantes principal de Cambiemos, pensando que los precios se están "acomodando" gracias a la magia del libremercado que proponen las familias que, aferradas al Estado, predican un anarquismo libertario de derecha. O sea, el PRO, empezando por la familia Macri. Que, convengamos, no hizo su plata compitiendo en un mercado libre de obras públicas y privatizaciones y estatizaciones de deudas y contrabando y así; muy poco liberal, muchachos.

El efecto de realidad, muchas veces, se consigue haciendo que parezca que tu ideología refleja la realidad, no que vas a contramano de tus ideas porque fracasaste. Además de que es verso la dicotomía intervencionismo versus libre mercado, si pregonás el libre mercado necesitás que parezca que funciona. Si predicás el intervencionismo, tenés que plantearte en una épica batalla contra los dragones o el culpable que te quieras inventar. Lo que no va a funcionar nunca, comunicacionalmente, es predicar el libre mercado pero decir que vas a "aliviar" sus efectos con intervencionismo y que encima de semejante confusión, no funcione una mierda. Ni una cosa ni la otra. Si de entrada sabés, como sabemos todos, que no va a funcionar, lo mejor para que parezca que funciona es hacerlo pero calladito.