"Para los medios, el morbo es más importante que la verdad"


Romina Rocha-. En la historia de la música de nuestro país tenemos, y somos bendecidos por ello, una cantidad de artistas inmensos e imprescindibles que han marcado a fuego no sólo nuestra cultura, sino también momentos particulares de nuestro desarrollo como sociedad. Tanto es así que uno puede pensar en las etapas de la Argentina del siglo 20 en adelante en base a los referentes musicales de cada época y allí encontrar respuestas de lo que nos pasó a medida que nos acercamos a la actualidad.

Dentro de estas referencias que uno toma para hacer retrospectiva, Pez marca una diferencia no sólo por la capacidad que tuvieron (y tienen) de relatar los diferentes estados de lo que somos en profundidad y con una calidad en permanente crecimiento, sino también por haber mantenido la coherencia entre sus letras críticas y reflexivas acerca del ser en este mundo dentro de un mercado que suele tragarse sueños y torcer objetivos por causa de esa necesidad de estar vendiendo ideas, aunque no sean propias.
Y en ese océano inmenso en el que se puede encontrar de todo, este Pez se ha mantenido independiente y autogestivo durante los últimos 25 años luego de los que, a pesar de las tormentas, los encuentra preparando nuevo disco para hablar de lo que les pasa de la forma que mejor les sale: con música.

Entonces nos juntamos con Ariel Sanzo y Fósforo García para hablar sobre lo que pasó, lo que pasa y lo que proyectan mientras atraviesan sus Bodas de Plata de rock nacional, directo e independiente.



Vamos a empezar de cero, que después de todo mucha agua ha pasado bajo el puente. Cuéntenme, ¿qué es Pez de Buenos Aires?


A.S.: Pez es una banda de rock, que se ha manejado desde hace 25 años de modo autogestivo e independiente. La fundé en diciembre de 1993. Tuvo diferentes formaciones a lo largo del tiempo, pero con el trío básico que conformamos junto a Franco Salvador y Fósforo García venimos tocando juntos desde 1996. Desde el 2015 a este trío se le suma el aporte de Juan Ravioli.


La independencia en tiempos de marketing rabioso no es una cosa menor, imagino que después de 25 años de tocar habrán pasado por infinidad de situaciones distintas por ese motivo. ¿Cómo se es autogestivo con tanta oferta y tantas opciones a lo largo del tiempo?


F.G.: Siempre hicimos cuanto pudimos con lo que teníamos a mano, siempre fuimos creciendo a partir de la autogestión, a los ponchazos, a prueba y error. Fuimos grabando nuestros discos del modo que podíamos, tratando de mejorar con cada nueva experiencia. Tuvimos claro desde el principio que al no tener empresa ni aparato detrás debíamos esforzarnos en tocar en vivo cuanto se pudiera y dar el mejor show posible para que funcione el boca a boca. Con la llegada y la masividad de internet usamos ese medio para poder difundir nuestro laburo.
En un momento, hacia fines de la primera década del siglo, notamos un crecimiento sostenido de público que nos permitió encarar puestas en vivo cada vez más ambiciosas y de mayor calidad. También pudimos grabar nuestros discos en los mejores estudios.

El laburo artesanal que contás ahí es destacable, ya que en Argentina está lleno de músicos y es bueno tener como referencia a una banda que con ese método puede sostenerse después de tantos años. Pero ahora es un momento particular en su historia: después de un año de las acusaciones virtuales que recibieron, sin que existan denuncias judiciales ni nada más allá de las redes, pero también recordando que ustedes salieron a hablar sobre el tema y en varias oportunidades se expresaron al respecto, ¿cómo ven hoy lo que pasó en ese entonces? ¿De qué manera los afectó como banda y como personas?


F.G.: El momento de los escraches fue una locura. No supimos cómo manejarnos: la mecánica de la comunicación en las redes sociales exige una inmediatez que realmente atenta contra el fluir de la realidad. Quedamos pedaleando en el aire… descubrimos que es imposible salir bien parado de una acusación así, aun sabiendo cómo se dieron las cosas y que esos testimonios fueron novelados como para constituirse en situaciones de abuso. Creo que nadie está preparado para reaccionar del modo correcto… dudo que exista una forma de hacerlo. Nos encontramos con un nivel de agresión y violencia insólitos… y una parte de nuestro público que nos tenía como referentes pasó de un amor desmedido a un odio desmedido sin tener la menor idea de la verdad. Incluso existe un discurso –signo de estos tiempos en que reina la posverdad- que dice que no importa si los testimonios fueron mentira o verdad: una vez acusados bajó el martillo del castigo de modo automático y nuestra obligación debió haber sido desaparecer como banda y cada uno de nosotros como músicos dedicarnos a otra cosa. Una locura absoluta. Por suerte cada vez más voces dentro del feminismo están cuestionando fuertemente el método del escrache anónimo.


 ¿Y en qué contexto les llega todo esto? Porque recuerdo que el tema del aborto estaba muy álgido y que hablar con cualquier persona sobre el tema, sin importar en qué ámbito, era para pelearse. Entonces el clima en general en la Argentina era hostil. 



A.S.: Sí, fue unos días antes de la votación por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, algo que nosotros como banda habíamos salido a bancar públicamente. También después de manifestamos a favor de la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer y de haber organizado un festival, el Festipez 2018, en el que sin estar al tanto aún nosotros de la discusión que empezaba a darse por la participación de unos y otros en los espacios para la música, de un modo natural hubo un cupo femenino del 50%.


 Recuerdo eso, también que incluso han hecho colaboraciones con mujeres a lo largo del tiempo y eso en el ámbito del rock no es tan habitual.



A.S: Es que sinceramente no entiendo el tema de la cuestión de género en relación al arte. Nunca me interesó ni el sexo ni la orientación sexual de nadie en referencia a su arte. Es una discusión que no comprendo. Yo he sacado discos en colaboración con artistas mujeres y he estado en bandas con mujeres, nunca fue un tema eso. En mi caso, lo que manda es el arte. Y en el caso del mercado, los números. Siempre fue así.

F.G.: Además tuvimos dos managers mujeres, una de ellas por más de 7 años que giró constantemente con nosotros.



 ¿Y cómo es la movida de armar festivales y recitales desde el lugar de independientes? ¿Afecta en algo la actualidad del país en ese sentido?



F.G.: Siempre fue difícil la autogestión… hoy es casi imposible. Con la crisis digitada por este gobierno nefasto para reducir salarios y transferir y concentrar la riqueza, gran parte de la población tiene que destinar todos sus recursos a la mera subsistencia y la asistencia a un show artístico se convirtió en un lujo para cada vez menos gente.



 Y en lo laboral, ustedes como músicos y crisis descontrolada mediante, ¿cómo están atravesando este momento después de estos meses?


A.S.: Lo estamos atravesando como podemos. Con todos los problemas internos que generó todo esto. Porque así como hubo gente que nos bancó, hubo otra que salió corriendo. Estamos experimentando no sólo una reducción en nuestra audiencia, sino en algunos casos la imposibilidad de presentarnos en algunos lugares debido al apriete con amenazas virtuales que se comen los sitios en donde nos vamos a presentar. Algunos reconocen nuestro derecho al trabajo, además de conocernos hace años y nunca haber tenido ningún tipo de problema. Y otros nos cierran las puertas... Nadie quiere ganarse un problema. Y hay otro tema que no es menor: la prepotencia del dinero. Si siguiéramos vendiendo tickets, muchos de los que hoy nos cierran las puertas nos abrirían los brazos. Estoy seguro de eso.


Sin embargo, mientras ustedes viven todo eso yo veo a otros artistas que, después de haber tenido acusaciones de todo tipo por parte de muchas mujeres, siguen con sus carreras y a nadie pareciera importarle realmente. Porque al fin y al cabo, si como individuos tienen cuentas que rendir ante la justicia, sean del tipo que sean, eso forma parte del ámbito personal. Pero pareciera ser que hay una nueva lógica impuesta sobre algunos hombres que no se aplica a todos y el factor que lo define, a mi entender y después de un año de ver distintos casos, es el poder que tiene el acusado a la hora de defenderse. Esto a mí me parece gravísimo, no sólo porque los límites entre lo cierto y lo falso desaparecen, sino también porque terminan por perderse de vista los objetivos de quienes persiguen una aparente reivindicación de derechos sólo apuntando a los que no tienen ni el dinero ni los contactos que se ocupen de la resolución de un problema que muchas veces, como en el caso de ustedes, ni siquiera tiene existencia más allá de la virtualidad. Y eso implica un desdibujamiento de la realidad que, al menos para mí, es preocupante.


A.S.: Quizás si hubiéramos negado de canto todo, no estaríamos en el lugar en el que estamos ahora. Pero lo que dijimos fue que si bien los relatos eran anónimos, nosotros sabíamos quiénes eran las personas que nos acusaban, aunque dejamos bien en claro que lo que decían no era la verdad desde ningún punto de vista o percepción alguna. Desde el primer momento dijimos que esto era algo que se podía dirimir en la justicia, ahí nos podemos defender. Por Facebook no.  No tenemos intención de convertirnos en escrachadores nosotros... Y cuando surgieron estos relatos recuerdo haber pensado “Bueno, en las redes nos están matando... pero la prensa no se va a subir a toda esta locura sin denuncia real ni pruebas”…  Error.
El morbo genera clics que, para un medio de comunicación, hoy son mucho más importantes que la verdad. Cuando no hay una corporación que pierda un billete atrás, a nadie le importa. Nadie cuida a nadie. ¿Cómo era? Welcome to the jungle, ¿no? A nadie le importó saber si era verdad o mentira, nadie pensó en nuestras familias. También me llama la atención que a nadie le importe que no haya presentación de denuncia alguna en la justicia (“porque es patriarcal”) y que a raíz de eso un supuesto abusador quede impune. Pero sí lo que se pide es que la banda deje de tocar. Extraño...


 Después de todo esto, ¿cómo sigue Pez, qué aprendieron y qué tienen proyectado?


A.S.: Mirá, aprendimos muchas cosas. Pudimos ver quiénes eran realmente las personas que nos rodeaban, para bien o para mal. Aprendimos que no existe forma de defenderse de un ataque anónimo virtual. Y aprendimos que en este momento se está librando una suerte de batalla, que excede largamente nuestro caso puntual, y que ya no es solamente el asunto “hombre/mujer”, sino que ya se está ingresando en un terreno moral donde el tema es “buenos/malos”. Y un gran problema es quiénes son los que se autoadjudican la potestad de decir quién pertenece a cada bando.
Cómo sigue todo esto no lo sabemos. Tenemos un disco listo para ponerlo a disposición de todo aquel quién quiera escucharlo. Y como fue siempre a lo largo de la historia de la banda, las letras hablan de lo que me está pasando.



 Por conocimiento de causa, sé que somos muchos los que queremos escuchar ese material. ¿Ya tiene nombre el disco? ¿Algún adelanto?  



A.S.: El disco se llama “Kung Fu” y cuanto más toco los temas viejos, más quiero tocar los nuevos. No es que "mañana es mejor", es que Ahora es todo lo que hay. Y si es por adelantar, ya tenemos este tema dando vueltas en Youtube para quienes lo quieran escuchar. Y sentir. Ahí va.



Desde el odio



Quizás ya no sonrías más al escuchar mi nombre.



Sabrás porqué así ha de ser, yo no puedo evitarlo.



Si vivís del odio, para el odio, nada bueno va a pasar.



Buscás alguien a quién culpar por todas tus frustraciones.



La mierda sobre los demás, jamás mirar adentro.



Si vivís del odio, para el odio, nada bueno va a pasar.



Si venís del odio, desde el odio, nada bueno va a pasar.



Te espero.



Te espero acá.



(A. Sanzo)

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