La Moncloa peronista y el realismo sobre el país que heredaría un candidato opositor




Ariel Mayo-. Antes que nada, el título de esta nota es arbitrario: es una idea hipotética, en caso de que la oposición peronista desee pensar en un proyecto a largo plazo. Vale la aclaración también para advertir que trataremos de hacer una reconstrucción del estado actual de esa idea que el peronismo partidario (el del PJ) propone. Una unidad lo más amplia posible. Esta “Moncloa”, a la cual se refiere el título de esta nota, no se hizo aún. Lo que nos importa es el concepto. Y la idea que sobrevuela como síntesis de las expresiones de aquellos que plantean, desde la oposición, la idea de tener un país normal. El concepto es acordar, pactar. Pero no cualquier pacto. Se sabe: ganar no garantiza nada a largo plazo. Una sociedad tan volátil y compleja como la Argentina, convierte a la victoria de una ideología en pan para hoy, pero hambre para mañana. ¿Cómo hará el peronismo para evitarse futuras derrotas, o hacer las cosas de tal forma que sea muy difícil el regreso del “gorilismo”, con sus tarifazos, sus ajustes y sus políticas de hambre? Para eso hace falta deponer egos, bajar a la realidad y acordar con aquellos sectores del peronismo que realmente crean en un largo plazo para la gobernabilidad que siempre ha sido el principal capital político de los gobiernos justicialistas. Sean del color que sean.
Igual falta lo fundamental: dar señales al respecto. O sea, demostrar que se busca la unidad.
Massa plantea que tiene 10 puntos sobre los cuales se puede acordar. Y la otra pata, entre la cual está el kirchnerismo, da señales de querer acercarse.

En ese sentido, hubo novedades esta semana. No demasiado estruendosas, pero significativas si se hace una lectura atenta. Sergio Massa, uno de los referentes del espacio Alternativa Federal, tuvo un encuentro en Escobar con intendentes de la provincia de Buenos Aires que están alineados con la unidad peronista opositora. Es decir, la unidad que tiene al kirchnerismo como espacio central. Uno de los intendentes es Gustavo Menendez, quien es, básicamente, uno de los principales referentes del Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires. Y además, es uno de los armadores del proyecto de unidad de cara a las elecciones. Hay algunas señales de acercamiento entre ambas partes. Massa, por ejemplo, señaló en una entrevista realizada por Jorge Fontevecchia que uno de los intendentes con el que siente más afinidad es con Martín Insaurralde. De hecho es el primero que mencionó. Y el intendente de Lomas de Zamora, debe gran parte de su peso político a Cristina Fernández de Kirchner. De hecho, compitió contra Massa en 2013 elegido a dedo por la ex presidenta.

El ex intendente de Tigre tiene, además, una mini interna con Roberto Lavagna que ahora aparece como un candidato alejado de la lógica del peronismo, a pesar de que está apadrinado por Eduardo Duhalde. Massa sabe, a nivel personal, que necesita acercarse al peronismo con el objetivo de armar para así tener una proyección real de su capital político.
Hoy por hoy, está la incógnita de cuáles son los pasos que dará CFK, quien da señales de querer construir una amplia unidad de los sectores de la oposición que tienen verdadera vocación de poder. Este punto es central: cualquiera que desee ganar, o sea tener poder, lo hará heredando el país que dejará Macri (en caso de que éste pierda).
En el título de esta nota hablamos de una Moncloa peronista. O sea un pacto. Heredar un país con la crisis que existe, obliga a ser realistas con respecto a la potencialidad de lo que se pueda hacer una vez obtenido el poder. El peronismo sabe que cuenta con la capacidad de adaptarse. Y dentro de esa adaptación están las dos acepciones de la frase que reza: “La política es el arte de lo posible”.

Por un lado, lo posible como condicionamiento. Y por el otro, lo posible como oportunidad. Por un lado, lo posible como límite. Por el otro, lo posible como potencialidad. Lo potencial versus la realidad. El peronismo opositor tiene un doble desafío: trabajar con lo posible y convertirlo en un proyecto a largo plazo. Básicamente, porque uno de los condicionamientos que tiene la gobernabilidad en Argentina es el de la alternancia partidaria. Argentina puede pasar, sin escalas, de tener un gobierno que frena despidos a través del Ministerio de Trabajo, a tener un gobierno (como el de ahora) que deja librada al azar la situación de la clase trabajadora.

¿Por qué decimos que la oposición peronista podría (o debería) hacer una Moncloa, o sea un pacto para el largo plazo? Básicamente, para tener un diagnóstico de la realidad del país que sea lo suficientemente cruda y objetiva como para enfriar los egos y dogmatismos que impiden la unidad total, al menos por ahora. Si uno hace un desglose de las variables que componen la situación política, económica y social de la Argentina, resulta difícil pensar que un proyecto vencedor pueda desplegar su propia impronta sobre tierra arrasada. En un país en el que se destruyó de manera brutal puestos de trabajo y se ha generado un mega endeudamiento récord para la historia Argentina, resulta complicado imaginar que algún proyecto pueda hacer “grandes cosas” luego del tsunami Cambiemos. No hay mucho margen para grandes transformaciones. Y eso, tanto Cristina, como Massa y Lavagna, lo tienen que entender. O asumir, más allá de sus respectivas ideas de país que pueden tener, de manera abstracta, en su cabeza.

Por otro lado, asumirán con el costo político de gobernar una transición donde se deben ordenar cuentas manejadas por un proyecto que no tiene Plan B. Macri vive devaluando la moneda y la inflación continúa creciendo. La ciudadanía vive con la incertidumbre de las tarifas y todos los precios que aumentan mientras la situación salarial es cada vez más complicada. Todo eso repercute en un sistema económico que ya de por sí está desorganizado. No se trata solo de ganar una elección. Tampoco de ganar y luego gobernar. También hay que gobernar planteando un norte, con una visión de futuro que genere una gobernabilidad a largo plazo. Eso solo se conseguiría con un acuerdo que proyecte una idea de país como mínimo a 20 años. De esa forma se le daría una señal a la sociedad, tan adicta a la idea de alternancia. Una alternancia que poco bien le ha hecho a la sociedad, habida cuenta de que la alternancia partidaria, por ejemplo, en 1999, hizo ganar al candidato de la Alianza. Para salir del menemismo. El problema de la grieta y la alternancia se soluciona con acuerdos a largo plazo. De esa forma se evitaría pasar de un gobierno que intentaría generar crecimiento a uno que solo le interesa la bicicleta financiera y el ajuste.

Nosotros leemos ésto: