Dura derrota de Macri



Lucas Carrasco-. El amplio triunfo de Bordet debe leerse desde sus méritos para liderar una amplia coalición, pero sobre todo, como un castigo al Presidente de la Nación.



En 2015, la última elección sin el peronismo unido desde 1997, Gustavo Bordet, entonces intendente de Concordia, ganaba por tres puntos contra un rival rústico, casi impresentable, de edad muy avanzada: cumplía 4.019 años Alfredo De Ángelli, que nació antes que el alfabeto cananeo, del cual derivan los distintos alfabetos occidentales. Bordet batía dos récords: por un lado, ganaba con el margen más bajo en la historia del peronismo entrerriano en elecciones para gobernador. Por otro lado, batía el récord de borocotización, ganándole de mano incluso a Diego Bossio.
Luego replicó con furia la mayoría de las políticas macristas, incluida la de mirar para otro lado cuando quedaban en la calle trabajadores estatales de dependencias nacionales, de las pocas fábricas agroindustriales de la provincia y de los comercios y servicios, golpeados por los bajos sueldos provinciales, la inflación, la ruptura de la cadena de pagos y el etcétera que cualquier argentino ya sabe.

En el primer libro de la saga de Jack Reacher, Lee Child cuenta de un usurero de Manhattan que cobra 1 millón de dólares al 6% en unas semanas, lo que da un interés de más del 50% anual. Claramente, un usurero.
En la Argentina de Macri sería como un banco de Eskenazi, el único banco que va a pérdida, aún sextuplicando la tasa del usurero de la ficción.

En 2015, el radicalismo, por primera vez en su historia no presentaba candidato a gobernador ni a vice. Como compañero de fórmula del australopithecus afarensis Alfredo de Ángelli iba el usurero Lucio Godoy, del partido Río Uruguay Seguros.

En 2017, Atillio Benedetti renunciaba al Banco Nación, donde era funcionario de Macri y tras varias peleas con Rogelio Frigerio y Marcos Peña a la vez, fue a las PASO, ganó ampliamente y luego, en las elecciones generales para diputados nacionales, sacó la mayor diferencia -exceptuando CABA- a su contrincante en todo el país.

Con el 99, 69% de los votos escrutados, Bordet, en alianza con el kirchnerismo y once sellos de goma, sacó el 58, 15%, es decir, 379.231 votos. No tuvo rival interno pero fue astuto en el armado, utilizando sabiamente las PASO: permitió que haya internas en todos los distritos y que todos los postulantes a intendente puedan pegar con él. Incluso los que competían contra su vicegobernador por la intendencia de la capital, Adán Bahl, que sacó una amplia ventaja a Sergio Varisco, el intendente de Paraná, que triunfó sobre el otro contendiente radical, Gustavo Curvale, que quedó tercero lejos y sobre el candidato del PRO, el Concejal Instagram, Emanuel Gainza, que sorprendió con un 14%. Varisco no llegó al 23% y Bahl se impuso en la interna del PJ con casi el 30%. Esa pelea está abierta de cara a las generales.
Por el puesto de gobernador, las cartas están echadas, lo que seguramente le juegue en contra a Varisco.
Benedetti sacó 219.447 votos, obteniendo el 33, 5% de los votos, en unas elecciones polarizadas, donde quedó tercero el partido Blanco y quinto el partido Nulo: los votos en blanco fueron 93.477 y los nulos 11.996. Formalmente, la bizarra interna del Partido Socialista, les dio el tercer lugar, con el 2,48%: 16.112 votos de terratenientes sensibles.
Si el partido Socialista y el Movimiento al Socialismo (la Sociedad Rural trotskista) sacaban los mismos votos que en 2017, conseguían una banca provincial desde la cual darnos cátedra moral a nosotros los infieles, que los esperábamos con entusiasmo.
No pudo ser.

Mauricio Macri, que se había borrado en las anteriores elecciones provinciales del país, tenía fe en Entre Ríos, viajó a hundir a Benedetti y huyeron todos los candidatos a intendente. Benedetti, que fue en la fórmula (ya hay que hablar del pasado) con el único intendente que tiene el PRO en la provincia en una pequeña comunidad rural, se mostró sonriente al lado de Macri en Gualeguaychú, su distrito, donde perdió por goleada. Eso lo hundió, además de sus peleas con Varisco -aunque llevó a su hija a la Cámara de Diputados- y con los candidatos locales de Concordia.

Bordet mientras tanto se pasó a la oposición, logró arrinconar judicialmente al kirchnerismo local para obligarlo a negociar, especialmente al sector de Urribarri, compró a Julio Solanas, experto en bajarse de candidaturas y a ese combo le aplicó su estilo amable, de poco hablar y pocas definiciones, pero con salarios estatales pagados mas o menos a término, al igual que las jubilaciones. Hizo del peronismo el partido de los empleados públicos y le fue muy bien. Lo cual habla de la representatividad de los sindicatos que le hacen marchas y paros constantes.
La corrupción, la real y la supuesta, no le importó al electorado que prefirió castigar a Macri, apostar a conservar el statu quo en tiempos de crisis feroz, y continuar con la tendencia a votar oficialismos, justo en lo peor de la crisis del macrismo, hasta ahora. En Argentina todo, siempre, puede empeorar.

Resuelta la gobernación y las intendencias de Concordia, Gualeguaychú y Gualeguay, que significan un tercio del electorado, con "el campo", que es otro tercio, enojado con Macri, para las elecciones del 9 de junio queda pendiente la intendencia de Paraná.
Bahl tiene que negociar con todos los sectores peronistas que sacaron 1, 2 o 3% y con eso le alcanza para ganar. Varisco, en cambio, tiene que sumar los votos de Gainza y apostar a que los que no votaron en las PASO y lo hagan en las generales, apuesten por su candidatura. A todo esto, necesita que la mayor parte de esos votantes a conquistar, corten boleta o se traguen el sapo de Benedetti y Macri. La estética de campaña de Benedetti es la de Cambiemos, aunque ya sin globos ni esas estupideces. Igual, es una mochila cargada de piedras.
Varisco tendrá que remontar luego de haber hecho la campaña más nítidamente opositora a Macri. Le sirvió para ganarle al candidato del PRO la interna de Cambiemos, pero ahora necesita sus votos.
La tiene complicada.