¿Agrotóxicos?



 Lucas Carrasco-. Los conservadores del posmodernismo nos proponen un retorno a una idílica Edad Media en convivencia armónica con una no menos idealizada naturaleza. Suena, de fondo, música romántica. Excesivamente cursi.



Si aparece un alacrán en una escuela, se pide la renuncia del Presidente de la Nación como mínimo. Aunque lo más probable, es que no hayan fumigado porque el dinero destinado a la educación va casi todo a los docentes, pensar en el futuro de los alumnos es prácticamente subversivo.
Si la historia del alacrán se propaga, al otro día, el gobierno fumiga la escuela. Enorme alegría en el alumnado: si fumigan, al otro día no hay clases.
¿Por qué no hay clases al otro día?
Porque hay veneno en el aire de la escuela, que tarda en disiparse. Y no es que desaparece mágicamente. Sino que mediante un proceso harto estudiado, se funde con el ambiente, dejando de lado esas plagas potencialmente dañinas para los seres humanos, especialmente los más vulnerables. Los niños.

El veneno utilizado para matar alacranes es mucho más fuerte que el veneno para fumigar. Pero aún así, es de sentido común que no se debe fumigar cerca de las escuelas, ni en horario escolar aún a mayor distancia. Y lo mismo vale para las zonas semirurales: donde hay gente, no se fumiga.
Pero llamar agrotóxicos a todo producto utilizado en la agricultura, es demasiado. Y estúpido, además.
Para explicarlo sencillamente. Una empresa gigantesca, acoplada al mundo militar estadounidense (bue, internet, que posibilita leer esta nota, también surgió como un experimento militar) desarrolló un herbicida que mata todas las hierbas de un campo, menos las semillas modificadas genéticamente de manera industrial. Desde ya, cobran patentes por esas semillas.
Las modificaciones genéticas no son un invento humano. Bue, los propios humanos, que descendemos de los monos, hemos sigo modificados genéticamente. Y todos los días comemos productos, incluso con el verso marketinero de lo "natural", que no crecen espontáneamente en nuestra región. ¿Se puede suponer, acaso, que una fruta originaria de Asia, introducida hace pocas décadas al mercado popular de Entre Ríos, no sufre ninguna modificación genética?
Volvamos al punto. Las semillas genéticamente modificadas se "fabrican" también en Cuba, por parte del Estado, ante la imposibilidad de conquistar la soberanía alimentaria que es el cuello de botella de la dictadura caribeña, además del petróleo del que carece. Las injustas sanciones comerciales promovidas por Estados Unidos para que el Partido Comunista no pueda hacer negocios capitalistas a escala internacional -lo que comúnmente se llama  "bloqueo" y es tan funcional a la continuidad del régimen- llevaron a que Cuba se meta de lleno en estas nuevas tecnologías alimentarias.
Pasa lo mismo en otros países, donde Estados y Universidades  tratan de avanzar por este camino abierto en la agricultura, porque los resultados demuestran que la peligrosidad es mínima y que utilizar estos herbicidas y semillas modificadas tiene un impacto menor en el ecosistema que los anteriores herbicidas. Y disminuye los riesgos potenciales para los humanos de la fetichizada "agricultura orgánica", que no es más que dejarle los gusanos a las manzanas y cobrarlas más caras, total los snob creen que están salvando el planeta. Y que ése tomate contaminado y sin ninguna de las obligaciones y regulaciones sanitarias vigentes, tiene gusto a tomate. El famoso "tomate con gusto a tomate". En Paraná, las tiendas de frutas y verduras "orgánicas" venden las mismas frutas y verduras que el resto de las verdulerías, solo que más caras.

La modificación genética ha permitido, en nuestro país, que la harina y la leche tengan que estar fortificadas con vitaminas de las que "naturalmente" no tienen. ¿Es eso, acaso, algo malo?
Son estos "agrotóxicos" los que mantienen en pie a los pocos productores rurales que quedan en Entre Ríos. Porque les da cierta ventaja frente a los grandes pulpos capitalistas del campo, que son más eficientes, producen a escala y negocian mejores precios por el peso que tienen en la cadena productiva. Elemental.

La evidencia científica es bastante contundente, desmintiendo lo que dicen los conservadores posmodernos, que se han comprado una naturaleza muerta y quieren imponernos su hechicería como si fuera el Corán en el Estado Islámico.
Si uno ejercita el cerebro, es inmediatamente tildado de "empleado de Monsanto" y otros calificativos que en esas pequeñas sectas equivalen a ser la próxima bruja a quemar. Siguiendo la tradición medieval de que si se perdió una cosecha es porque los dioses están enojados y hay que lapidar o quemar viva a una mujer soltera que diga cosas raras.
Se arman "tribunales populares" con niños ricos que tienen tristeza y modelos que suben perritos al lado de su culo photoshopeado porque como Cande Tinelli "aman a los animales". Se erigen en juez y parte y se sueñan luchando contra los molinos del viento. Y en realidad, lo que están haciendo es fomentar el pensamiento mágico, la hechicería y la boludez.