Se muere gente que antes no se moría



Manuel Ibiza-. Los argentinos no estamos acostumbrados a que la gente muera de morirse. Siempre debe haber una trama secreta. Oculta. Detrás. Un asesinato. Un complot. Algo grande.



Luego de la sentida muerte de Natacha Jaiit, la aristocracia de Twitter no quería aparecer en su teléfono. Aunque quizás era peor aparecer en el teléfono de Marcelo Dalesio. Ese personaje de cine de los hermanos Cohen. Aclaro que a Marcelo Dalesio lo vi una sola vez en mi vida. Me lo presentó el periodista independiente Daniel Santoro. El pintor. O no. Hay un pintor que se llama igual y siempre que le hacen entrevistas habla sobre el peronismo, no sobre arte, menos sobre pintura. El otro Santoro, el que no es pintor sino dibujante de Clarín, dibuja muy bien. Es El Presentador. Anda por la vida presentando agentes de la DEA, como hace cualquier vecina de barrio. Es como Mauricio Macri. A quien expresamos sus condolencias por la muerte de su padre. Pero vieron que en cada chanchullo judicial aparece Santoro presentando a Dalesio. Y en cada chanchullo financiero aparece un Macri. Y todos le echaban la culpa al viejo. Porque lo habían declarado demente. Sus propios hijos.
El patriarca se hacía cargo. Antes tuiteaba que quería un presidente de La Cámpora. Mientras su hijo hacía campaña. Cuando su hijo ganó, se hizo cargo de todos los chanchullos donde aparecían los Macri. Buscaban plata de Cristina y aparecía algún Macri. No les salía una. El patriarca ponía la cara. Total estaba declarado demente, no era imputable.





Hacía rato que en Argentina no se moría alguien por culpa de la muerte nomás. Siempre había que sospechar que algo terrible se ocultaba detrás. Algo diabólico. Una trama secreta. Que conocía todo el mundo. Casualmente. Un país de paranoicos.
Si hasta el cantante de cuarteto, Rodrigo, muerto de morirse hace ya una bocha, revivió para morir sospechosamente.
En un país de paranoicos es saludable que alguien se muera de muerte nomás. Más allá del dolor de su familia. Está bien que haya un poco de normalidad. Aunque temo que durará poco. Si no hay teoría del complot alrededor de la muerte del papá del Presidente. Habrá especulaciones sobre su nivel de imagen positiva. Si sube. Si baja. Si tendrá el mismo efecto que la muerte de Carlitos. El hijo de Menem. O la muerte de Kirchner. El papá de Máximo.

El diario La Nación saldrá con cinco mil páginas. Tres páginas hablando mal del gobierno anterior y 4.997 de necrológicas de diversos empresarios, lobbistas y políticos consternados por la muerte de Franco. Macri.
Consternados. Que Dios lo tenga en su santa gloria.