La nostalgia de las noticias mejores y las telenovelas interrumpidas



Ariel Mayo-. ¿Será tan así que Cristina puede volver? ¿Será tan así que Macri tiene alguna chance de ganar? ¿Será tan así que Lavagna es la opción de los que desean saltar la grieta?




Mientras la sociedad argentina agudiza su crisis económica y social, las preguntas y los interrogantes en el plano político están, también, a la órden del día. Son muchos los interrogantes. ¿Será tan así que Cristina puede volver? ¿Será tan así que Macri tiene alguna chance de ganar? ¿Será tan así que Lavagna es la opción de los que desean saltar la grieta? Bueno, eso es el plano de algunas preguntas. Certezas de la realidad también hay.

Un interrogante, qué también hemos abordado cuando escribimos sobre la lógica de representación y sentido de pertenencia, es ¿cómo es posible que un proyecto político que mintió en campaña y generó la profundización de los peores problemas que tiene la sociedad argentina, pueda ganar? Se sabe: muchos son los factores que influyen en el voto. Pero hay algo que intentaremos desarrollar en esta nota que puede, al menos lo intentaremos, explicar está dualidad esquizofrénica entra la profundización de una crisis, y esa agobiante situación de bronca generalizada. Deberíamos preguntarnos si esta frustración se canaliza en eso que se denomina grieta.

Veamos: hasta que murió Perón, había una grieta importante entre dos proyectos país. La “alternancia” a ese proyecto fueron dos golpes de Estado, uno en 1955 y otro en 1976. Luego, en la democracia, la alternancia se resolvía con gobiernos que, hasta 2003, generaban malas noticias, cadenas nacionales con ajustes pero poca perspectiva de que esa impronta neoliberal cambie. En 2003, apareció el dique de contención que cambió la lógica. Esta era: siempre los gobiernos dan malas noticias. Excepto que seas Perón, o Nestor Kirchner. Luego vino la continuidad del kirchnerismo que, con virtudes y defectos, siempre intentó generar políticas de Estado diferentes a las del “terror” de esperar una cadena nacional para recibir pésimas noticias. De los Machinea, de los Cavallo, de los Sourrouille, de los Roque Fernandez. En 2003, las cadenas nacionales dejaron de usarse para el oprobioso y molesto acto de tirar pálidas siniestras. Pasamos del miedo que generaban las cadenas nacionales, el terror de esa bandera mirando cual película de terror, a las cadenas que generaban hastío a clases medias de heladera llena.

Y acá entramos en una de las claves: este debe ser uno de los motivos por los cuales muchísima gente recuerda, ahora, con nostalgia al kirchnerismo. No es sólo lo que Jorge Asis denomina “la nostalgia de los churrascos comidos”. Es, en realidad, la nostalgia de los noticias mejores. La grieta acá es que donde un kirchnerista ve en las cadenas nacionales de CFK una nostalgia por anuncios más positivos que los anteriores a 2003, el anti-K recuerda “cómo la yegua interrumpía la telenovela”. Cómo la “yegua” gritaba desde ese pedestal del poder. Claro está. Esta impronta, la de un kirchnerismo que sacó al país de la lógica de las malas noticias permanentes, es la misma que generó hastío y fastidio en amplios sectores de la sociedad. No vamos a desarrollar o abundar en las motivaciones mediáticas y culturales que influyen en la alternancia política que la sociedad propicia. Y los obstáculos que está alternancia pueden generar a cualquier proyecto que se precie de apuntar al largo plazo y con visión de futuro.

Hablábamos más arriba de interrogantes. Vaya si los hay en la Argentina de hoy. Es un laberinto, por así decir. Aunque Leopoldo Marechal deciá que “de los laberintos se sale por arriba”. Una pregunta que cruza el ambiente político es: ¿Cómo podría una mujer asediada por la adversidad de causas judiciales y un embate mediático permamente, competir y ganar elecciones nuevamente? Y para esto hay una respuesta: volvemos a Jorge Asís, cuando habla de “centralidad en la adversidad”. Claro está: lo de Cristina es la centralidad. La contradicción y la dualidad de su impronta alimentan la retórica del resto de la clase política y alimenta su propia gravitación en la sociedad. Allí donde reina la insustancialidad, aparecen las consignas que nos recuerdan qué cosas están en juego cuando se encuentran en disputa proyectos antagónicos en puntos muy importantes. Sobre los que no hay pocos matices.

Cristina es, en definitiva, la figura central de la política argentina porque define con sus virtudes y defectos, todo el marco de contención conceptual sobre el que se construye la retórica política en Argentina. Todo lo que puede ser visto cómo mérito para los nostálgicos de las cadenas nacionales de ella, puede ser visto como señal de soberbia y culto a la personalidad. La idea que esgrime el actual oficialismo sobre “volver al pasado”, puede funcionar en el doble eje discursivo para contener amplios sectores de la sociedad (los que añoran el pasado, y los que confrontan con él, poniéndolo en el centro del ring).

Tal vez las mayorías no son indiferentes a la impronta política de la ex presidenta. Y volviendo al tema de las noticias: toda esta realidad que se vive actualmente, con los tarifazos, los índices de pobreza cada vez más alarmantes, es una apelación a momentos en los que se intentaba contener a las problemáticas desde otros ángulos. No solo desde planes sociales, como hace Macri. Había intenciones de manera estructural de tener, por ejemplo, un ministerio de Trabajo que buscaba frenar los despidos. Sin embargo, la apelación a lo que puede generar nostalgia en una parte de la grieta, puede alimental la retórica opuesta: “vivíamos una fantasía”.

Nosotros leemos ésto: