La estupidez paranaense



Manuel Ibiza-. Si la vulgar fiesta de disfraces es una mala copia de Halloween, la celebración del Black Friday y el Cyber Monday muestra lo boludos que pueden llegar a ser los paranaenses.

Quizás por su incultura. Quizás porque "pasa en todos lados". Quizás por falta de identidad. Quizás por falta de vocación de ser algo. La cosa es que hay tres escalas de boludismo. A saber:

1) Triunfar entre los porteños, habiendo nacido en la geografía entrerriana.

2) Poner fotos en Facebook con íconos de ciudades europeas (el podio lo gana la foto donde un tonto sostiene la Torre Pisa).

3) Asimilarse a lo más desagradable de la cultura pop estadounidense. 


El orden de estos factores no altera el producto. Es cierto. En muchas ciudades se ve esto mismo. En Paraná se profundiza porque es una ciudad estancada. En una provincia estancada. Desde hace casi medio siglo.
Adoptar las modas que se creen cool en los barrios chetos de Buenos Aires. Copiar los eventos más mersas de los estadounidenses de la "basura blanca", la clase obrera racista y votante de Trump. Todo eso combinado con la podredumbre intelectual del empleado público promedio. Y el provincianismo recalcitrante de las universidades entrerrianas. En conjunto con una cultura estatalizada que satura de tanto cliché.
La estupidez paranaense es infinita. No tiene solución. Es imposible amar esta ciudad. Es imposible tomarla en serio.