La crisis económica y la política



Pablo Mori-. Los oficialismos, por distintos factores, juegan siempre con la cancha inclinada a su favor. Lo único que puede contra ellos es una ola de malestar y malhumor social que encuentre su cauce opositor.



Por tener los resortes del Estado, ya sea a nivel municipal, provincial o nacional, los oficialismos corren con ventaja respecto a los opositores. Dado que los oficialismos cuentan con una potente caja electoral, una visibilidad que los pone siempre en la centralidad de la discusión pública y el manejo de los resortes estatales alrededor de toda la parte burocrática y gris del funcionamiento de los partidos políticos y la jornada electoral. No es poca cosa, aunque la gente no lo sepa.
Si todo lo anterior es a priori una regla de la política real, estos factores se potencian cuando los oficialismos compiten con candidatos a la reelección, como es el caso del Presidente de la Nación Mauricio Macri, el gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet y los intendentes de las tres principales ciudades entrerrianas: uno K en Gualeguaychú, otro peronista zigzagueante en Concordia y el radical crítico (y cada vez más crítico) Sergio Varisco, en la capital provincial.
La crisis económica profunda que vive el país y, dentro de ese contexto, la provincia de Entre Ríos, no mermó las chances de los oficialismos, como suele suceder, sino que al contrario, suscitó una reacción conservadora donde ni siquiera está en juego el liderazgo territorial, por lo menos al interior de cada partido o coalición, de quienes van por la reelección. Benedetti, de Cambiemos, que viene de arrasar en las elecciones legislativas nacionales, es el candidato a gobernador de Cambiemos en Entre Ríos, mientras Macri y Varisco lo son para Presidente e Intendente de la ciudad de mayor relevancia de Entre Ríos. Ciudad que sigue sin tener un candidato paranaense a la gobernación que sea competitivo: la Costa del Uruguay sigue dominando la escena.

No hay que descartar que la profundización de la crisis económica contagie el voto: que del malhumor social se pase a un malhumor político, que impacte en la cantidad de votantes y en un ánimo antioficialista. Pero todavía eso no se verifica, a juzgar por las encuestas disponibles. Las cuales muestran que los oficialismos siguen siendo competitivos, más allá de las diversas camisetas partidarias.
Y es que, a veces, las crisis económicas traen apatía, indiferencia o cuanto menos, falta de entusiasmo. Entonces la supuesta "nueva política" se desvanece y los outsider de la política, quedan fuera de juego. Por el contrario, en estos escenarios, se fortalecen las estructuras partidarias que aún quedan en pie, por encima de los sellos de goma y los oportunistas. Es lo que viene pasando con la UCR y el PJ como vertebradores de las dos grandes coaliciones que se enfrentan nacionalmente y en cada provincia o ciudad, con las variantes del caso. Por ejemplo, el viejo y sólido Movimiento Popular Neuquino revalidando su invicto histórico.
O en Entre Ríos, la amplia unidad del peronismo luego de la derrota en las legislativas nacionales de 2017.

Mientras tanto, la crisis económica autoinflingida por el gobierno nacional, es el ruido de fondo de la campaña electoral. La crisis ya está llegando a los bolsillos de la gente común con toda su crudeza.

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