¿Importa el discurso de Macri?



Lucas Carrasco-. Por supuesto que no. ¿Por qué habría de importar la apertura de sesiones de una de las instituciones más desprestigiadas, como es el Congreso Nacional, de un Presidente que no tiene nada para anunciar y que, si lo tuviera, no sería ése el escenario adecuado?



En todo caso, el mensaje central del Poder Ejecutivo al Poder Legislativo es el presupuesto. Que desde el año 2000 y bajo diferentes gobiernos, es una mentira gigantesca. Pero siempre se aprueba. Porque ahí están los pequeños negocios políticos y personales que los legisladores votan a cambio de hacer mierda el país. De hecho, el país, en todos sus indicadores importantes, está peor que en el año 2.000 o, si se quiere, desde la recesión de 1998, cuando había menos pobres que en el 2011 (pero en el 2011, la ratio deuda externa/PBI era mucho mejor: Macri hizo pelota ese indicador, como tantos otros).

Hay cierto aspecto patético, como todo lo que se hace con la lógica comunicacional del circo tratando de que no parezca circense. Los legisladores con cartelitos, el Presidente maquillado, los aplausos, el tremendo aburrimiento de los cronistas que luego escriben loas o injurias -depende del plan de negocios de la empresa comunicacional- sobre un discurso que escucharon a medias y que les chupa un huevo, porque saben que punto por punto lo que estoy escribiendo es estrictamente así.
¿Y entonces, porque se informa y se insiste con sobreanalizar a un pedo al aire que encima no trae clicks, rating ni share?
Son muchas las razones. Una, como siempre, es la plata. Las instituciones pagan de diversas maneras -incluso a través de empresas "privadas"- para que estas giladas tengan centralidad, incluso si va a un target al que le va a parecer mal lo que diga o deje de decir el Presidente de turno.
Luego está la lógica porteña de la centralidad presidencial. Un senador nacional tiene más poder que un ministro según las reglas constitucionales, pero el senador arma su pyme y se hace el boludo para dejar hacer a la principal banda delictiva que debería controlar, que es la SIDE, el principal saqueador del salario que es el Banco Central y los principales extorsionadores del país que son los jueces y fiscales federales, mientras que el ministro con gran estruendo le arruina la vida a la gente mientras se autoproclama prócer nacional. Y contrata los aplaudidores de turno para que lo ovacionen.

Solo cuatro gobernadores asistieron a la actuación de Macri. Vidal y Larreta, que son del PRO y el radical Gerardo Morales, de Cambiemos. No fue ni el presidente de la UCR, que es gobernador de Mendoza. El cuarto gobernador es Gustavo Bordet, que antes de viajar a chuparle las medias a Macri ya tenía redactado el comunicado de prensa para que la cadena de medios entrerrianos vayan plagiando hasta el título, de tono crítico. Los que no fueron invitados, como la diputada de los billetes federales que da cátedras de moral (ajena) republicana, salieron a decir las previsibles estupideces que ni ellos se creen sobre un Presidente que puede ser malo, bueno, se puede coincidir o no ideológicamente, se puede ser crítico o comprensivo de su eficacia, pero ni los que lo defienden se creen los adjetivos que le adjudican: básicamente, lo toman por bruto y ladrón. Una caracterización en la que más o menos coinciden todo el microclima de políticos y periodistas, sobre todo en el oficialismo, sobre todo en los panfletos de Clarín. Donde reina la depresión por el mundo delirante que pintan y las anteojeras que se ponen al redactar cada patraña que ya es gracioso para los mismos que la escriben.

También es barato. Basta poner el canal estatal, mirar un ratito mientras se juega al solitario en la computadora y luego se escribe lo que ya se pensaba previamente del Presidente de turno. Después, con cuatro pelados mal pagos (total, cada uno representa un lobby político y cobra en negro de ahí) se arma un "debate" y en tres días, los dichos de algún banana de la farándula ocupará los titulares y los gritos de los cuatro pelados y la gente seguirá yendo a trabajar a las 6 de la mañana en colectivos hechos mierda que valen un huevo y tratando de llegar a fin de mes y soñando que sus hijos sean héroes deportivos o galanes de TV.