El tenso clima electoral



Lucas Carrasco-. El rol decisivo de los católicos y el papel del narcotráfico. Los grandes negocios inmobiliarios que se esconden atrás.


¿En Entre Ríos? No, no. En Entre Ríos no hay nada tenso, no hay ni clima electoral. Es más, te anticipo los resultados: en la provincia gana Eskenazi con cualquier candidato o partido y en Paraná gana Marizza con cualquier candidato o partido. Las elecciones son al pedo. Bah, está el tema ese de saciar las ansias psicópatas y egocéntricas de los políticos, que quieren ver su nombre y su cara en todos lados y al carecer de alguna cualidad socialmente positiva se dedican a la burocracia. La política en serio la manejan otros, que no van a elecciones ni sonríen forzados cuando se dan una vuelta por este rincón africano.

El tenso clima electoral está de organizador del guión de la segunda temporada de Suburra, que es un escalón más absurda que la primera temporada (son cortitas y pasan rápido porque la parte sexual la encajan más o menos bien y no puede haber muchos romances, a su vez, el reparto coral permite matar algún que otro, pero el presupuesto es escaso: conclusión, no hay por dónde estirar más allá de un rap medio choto) y tiene todos los clichés del género, porque ya debería considerárselo un género, una especie de Western a la italiana, que es el asunto de las mafias, el Vaticano y los políticos corruptos (de hecho, en los años 60 existió ya este género y se llamó Spaghetti Western, pero no es lo mismo que hoy, hoy es más realista, ya veremos por qué). Lo interesante de Suburra es otra cosa. Una negativa: a diferencia de la literatura, en el cine (de hecho, Suburra "la serie" nace de una película cursi y violenta, pero lograda) y la TV, nadie ha encontrado en este género -Western Posmo Italiano- la forma de narrar la meca del negocio. El asunto de las drogas hoy en día nadie lo toma en serio (bue, en Entre Ríos sí, de hecho tras la Ley de Fomento al Narcotráfico la prensa se babea con dealers mandados a los campos de concentración penitenciarios) y menos que menos, los asuntos de mafias inmobiliarias, encima ligadas al Vaticano, que está peor que los Sin Tierra de Brasil con Bolsonaro o Lula: por eso eligieron un Papa Latinoamericano, porque los europeos ya no quieren financiar al Vaticano, menos para pagar la quiebra de la Iglesia yanqui por los juicios por pedofilia (de hecho, en Suburra, para evitar ligar esta trama con Susanti Pancho, ponen celulares y música disco noventosa). La meca del negocio es el lavado del dinero a través del circuito formal. Más o menos como Eskenazi con los Kirchner antes y con Macri ahora. Pero a su vez, son los inmigrantes, es decir, la trata de personas, un negocio más lucrativo en el plano ilegal que el narcotráfico. En la literatura de este género sí se ha planteado cómo funciona el circuito perfecto: vendés armas legalmente a un Estado subdesarrollado (operación en blanco) con las habituales sobrefacturaciones y coimas (también, bancarizadas), éstos la venden ilegalmente a las grandes petroleras y mineras que se las dan a las diversas pymes terroristas (operación en negro), éstas se masacran (operación OTAN: gris), generan éxodos de población civil, los inmigrantes llegan como ilegales y es negocio tanto la caridad (operación en blanco) como la hiperexplotación (operación en negro). El canal por donde llegan las armas y salen los inmigrantes es el mismo, que también se puede subalquilar para el narcotráfico o la venta de petróleo de países sancionados por la OTAN, como Irán y Venezuela (operación ne negro) o el gas y el petróleo de dictaduras avaladas por la OTAN (operación en blanco). En el medio, el jugoso negocio financiero de lavar activos entre las operaciones blancas y las negras.

Hay una subtrama y es el sostén monetario. Pero esto lo digo yo, no lo he visto aún (aunque algo hay en la excelente novela El Chino de Henning Mankell, que es quien, junto a Stieg Larsson, le abrió las puertas a la literatura negra nórdica, que después se desplazó al cine y hoy ya cansó porque también, se convirtió en un cliché: la basura nórdica se agotó más rápido que la epopeya trucha de los narcos latinoamericanos) y es lo siguiente: la guerra de monedas. En Siria y en Nigeria, avanza China vendiendo armas a los petroleros musulmanes, esos youtubers que cortan cabezas y gritan cosas raras. Las armas que venden, no solo de manera directa sino también a través de sus neocolonias, las venden con swap parecidos a los de nuestro Banco Central con la mayor dictadura del mundo.
Los dólares ya no son el activo más apreciado, ni siquiera en el mundo del crimen organizado. Compiten con el euro (por su avivada de hacer el billete con mayor denominación, justamente para este tipo de tramoyas) y, de a poquito, con la moneda china, que está respaldada en la compra de bonos del Tesoro de EEUU. Es tan romántica la globalización.



Nosotros leemos ésto: