"El gobernador siempre tiene más chances de ser reelecto"



María Celina Tosi Bagilet-. Abogado y escritor, Ramiro Pereira es radical y un lúcido analista político



- ¿Cómo ves el escenario político de Entre Ríos? 

- Al escenario político de Entre Ríos lo veo marcado por un re-equilibrio entre dos fuerzas políticas. 
Nosotros no debemos perder de vista que desde 1983 hasta el 2003 inclusive, todas las elecciones a gobernador fueron competitivas, quizás en menor medida la del 2003, pero la diferencia entre el primero y el segundo fue relativamente baja.
Entre el 2007 y el 2011 esto no fue así. En el 2007 la pelea fue por el segundo lugar; el radicalismo lo mantiene contra un desprendimiento del justicialismo, en ese caso Solanas; mientras que en el 2011 hay una disputa de un lejanísimo segundo lugar, entre Benedetti, el candidato radical, y otra expresión del justicialismo, en este caso el Dr. Busti, con la particularidad de que en ese año hay un 10% de votos en blanco. Es decir que en ese año Urribarri no saca el 58%, saca un 48% aproximadamente. 
Esta situación, que es el correlato de la desarticulación del radicalismo a nivel nacional, que opera a partir del 2001, se revierte en el 2015, año en el que hay nuevamente en Entre Ríos una elección competitiva, en este caso Bordet frente al senador De Angeli. Y la elección que se viene ahora va a ser competitiva. 
Ese es el escenario político grande que hay que tener en cuenta: estamos en presencia de elecciones que van a ser competitivas.
Sin perjuicio de eso, el gobernador siempre tiene más chances de ser reelecto. Si nos vamos a los registros de todas las elecciones del país en las cuales ha habido un gobernador que competía por la reelección, son muy minoritarios los casos en los que han perdido. Yo recuerdo tres: Mestre en 1998 en Córdoba, Lizurume en 2003 en Chubut y Roy Nikish en 2007 en Chaco, todos radicales. No recuerdo ahora si hay algún caso de un gobernador justicialista que haya ido por la reelección y haya perdido. Pero lo central es que quien va por la reelección tiene, además de los recursos del Estado, recursos simbólicos importantes, con lo cual siempre que el gobernador va por la reelección debe enmarcarse en la mayor probabilidad de que gane.
Ahora bien, si tuviésemos que computar los antecedentes electorales tenemos que tener presente que venimos de una elección legislativa en 2017 en la cual el justicialismo sufrió la pérdida electoral más importante de su historia en la provincia. Nunca el peronismo había perdido en Entre Ríos por más de 10 puntos, y en este caso perdió por 15. De todas maneras era una elección nacional en otro contexto, y en esto recuerdo que Terragno siempre señalaba que cuando se hacen proyecciones para las próximas elecciones se las hace pensando en las anteriores y, en realidad, quizás es mucho más significativo, por ejemplo, la situación económica. 
En ese sentido no debe perderse de vista que venimos de una elección legislativa en otro contexto donde el justicialismo perdió por 15 puntos. Estamos de acuerdo en que ésta es otra elección, pero no debemos perder de vista eso.
A diferencia del 2015, que yo creo que el candidato que enfrentó a Bordet era muy malo, entiendo que esta situación no es así hoy. Benedetti es mejor candidato que De Ángeli para la gobernación. No es muy difícil ser mejor candidato que De Ángeli, claramente. 
A todo esto hay que agregar las elecciones locales, donde además de traccionar los candidatos a gobernador, también inciden las disputas locales en la elección provincial. En ese sentido diría que va a ser una elección competitiva. 
Es importante no perder de vista, para analizar el panorama político de Entre Ríos, el deterioro relativo de la significación política y económica de la provincia en el concierto nacional. En este sentido me parece que hay que poner en mira lo que ha sido la inversión pública en la provincia, y no solamente en lo cuantitativo sino también en lo cualitativo: cómo efectivamente se ha gastado el dinero público. La eficiencia, la eficacia y la pertinencia de las obras públicas encaradas, y en algunos casos, si fueron realmente realizadas o hechas en su totalidad. 
Del mismo modo sería bueno que se considerara a algunas cosas que deberían ser obvias pero que no lo son. Escuche el auto-elogio de Bordet sobre el equilibrio logrado en las cuentas públicas sin caer en la cuenta de que el desequilibrio lo heredó de su socio político. Y mucho más significativo es si esos desequilibrios en las cuentas públicas tuvieran alguna causa significativa: si es endeudamiento o no, si sirvió a los fines públicos o no. Pero lo que entiendo que falta, y esto es una crítica general a la dirigencia política, es la ausencia de una agenda de desarrollo provincial en serio. 

- ¿Qué significado le das a la presencia de Bordet en la apertura de sesiones legislativas, siendo uno de los cuatro gobernadores presentes y estando sentado al lado de Vidal y Larreta? 

- No sé si darle demasiado significado, en todo caso es una situación de normalidad institucional. 
Si me parece que queda clara la necesidad que tienen los gobernadores de Entre Ríos de alinearse con el Poder Ejecutivo. Esto ha sido siempre así. El último ejemplo de un gobernador de la provincia que no se somete políticamente al gobierno federal es Montiel en el 2001, y eso tuvo sus implicancias en orden a la situación financiera local. Entonces objetivamente hay un consenso en la política local de que el gobernador debe mostrarse blando con el gobierno nacional, sea del signo que sea. Más allá del cambio a nivel nacional, podemos ver que hay una continuidad entre Urribarri y Bordet de alineación con el Poder Ejecutivo, porque la fuerza del mismo, en nuestro particular federalismo, es enorme. En primer lugar porque se da en el marco de un hiperpresidencialismo, típico de América Latina, que terminó siendo reforzado en los 90 a pesar de algunos mecanismos que se quisieron introducir en la reforma constitucional de 1994 pero que terminaron incidiendo poco, excepto la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires que sí disminuyó el poder del Ejecutivo, pero fuera de eso se reforzó el hiperpresidencialismo, y por otro lado, nuestro federalismo es de papel en muchos casos por la gran dependencia financiera que hay del gobierno nacional, y en ese marco, quizás, podría interpretarse la presencia de Bordet. 
Pero insisto, no me parece que sea una particularidad de él, y no ha habido tampoco críticas en serio hacia la alineación de la provincia de Entre Ríos a la órbita nacional y a la falta de demanda fuerte de los derechos y potestades del estado provincial frente al estado nacional, no sólo en su gobierno, sino en los últimos 16 años. Es parte de un desafío que tiene la dirigencia política, social, económica y cultural en la provincia de reforzar la autonomía y hacer valer las potestades del estado provincial.

- ¿Cómo ves la postulación a la gobernación de Benedetti?

- A Benedetti yo lo voy a votar porque es un candidato radical y entiendo que, si gana, va a ser un gobierno más decoroso que el que pudiera encabezar Bordet en caso de ser reelegido.
Dicho esto, nosotros tenemos diferencias políticas, y aún ideológicas, con la línea política que sustenta Benedetti. Desde nuestra perspectiva es una mirada del radicalismo demasiado conservadora. Nosotros tenemos una visión del partido radical más enraizada en el reformismo político, social y económico que ha sido inherente a la Unión Cívica Radical.
Por otra parte, Benedetti ha venido conduciendo el partido desde el 2009, por lo que estas elecciones van a cristalizar 10 años de liderazgo político donde veremos si el electorado provincial acompaña la propuesta de la UCR y de Cambiemos. 

- Tanto Cambiemos como el Justicialismo prescindieron de mujeres referentes del movimiento feminista en sus listas, ¿cómo analizas esta decisión?

- No lo había pensado en esos términos. 
Lo real es que si hacemos un corte comparándonos con nuestras sociedades de 35 años atrás, casi todos somos feministas. Voy a dar un ejemplo muy concreto: el año pasado fui a la oficina de un amigo en Buenos Aires que tenía en el vidrio la boleta de diputados nacionales y de presidente de la UCR con Alfonsín en 1983, y estaban los 70 candidatos titulares a diputados nacionales y los 4 suplentes, de esos 74 nombres sólo 4 eran mujeres, y la primera mujer aparecía en el lugar 41. A mí eso me chocó muchísimo. Si nos vamos mucho más atrás, encontramos que hasta el gobierno de Alvear, en la década del 20, la mujer casada estaba jurídicamente sometida al marido, recién en el año 1951 fue la primera vez que la mujer pudo votar en una elección presidencial. Entonces estamos hablando de un movimiento que tiende a que la mujer sea cada vez menos ese segundo sexo que denunciara, en su clásico libro sobre feminismo, Simone de Beauvoir. 
Estamos hablando de una cuestión que es transversal, que tiene que ver con la emancipación de la mujer y que es un capítulo más de la emancipación del género humano, de la igualdad de oportunidades y posibilidades. 
En ese sentido, hablar del feminismo es hablar, por un lado, de una línea de acción que fue ganando terreno durante el siglo XX y que en los últimos años ha cobrado más fuerza, pero que ha venido de modo imparable ganando espacios. Y cada vez más se va a hacer parte de nuestro sentido común; situaciones que hace 40 años eran vistas como normales, hoy nos parecen terribles. 
Tampoco hay que aislar la lucha feminista. Pongamos un ejemplo: la violencia contra las mujeres también se engarza en contextos de violencia social y económica en una sociedad absolutamente desigualitaria; por tanto, la lucha, el desafío, las políticas públicas, deben tener un abordaje lo más integral posible, desarrollando las capacidades del Estado para que prevenga y actúe en consecuencia. 

- ¿A quién crees que favorece el desdoblamiento electoral?

- En mi opinión a la ciudadanía provincial, porque permite tener una discusión pre-electoral vinculada a los asuntos locales, tanto provinciales como municipales, y en ese sentido entiendo que habría que propender a estabilizar que las elecciones provinciales sean en fechas distintas que las nacionales porque, además, eso va a reforzar la autonomía provincial. Creo que es una discusión impostergable que tiene que darse la sociedad entrerriana. 
Ahora bien, respecto a cual de las dos coaliciones o fuerzas políticas actuantes mayoritarias en la provincia va a beneficiar, no tenemos cómo saberlo, porque, en definitiva, todavía no sabemos cuál va a ser el escenario nacional. 
En estos momentos hay una situación de turbulencia financiera y de aguda crisis económica que, por lo pronto, no nos permite saber a quién va a beneficiar que las elecciones se hagan ahora y no se posterguen hacia octubre. 
Sí me parece que el gobernador, indudablemente, cuando tomó la decisión de adelantar las elecciones, ha visto que era preferible que fueran desdobladas ante un escenario nacional que no resultaba fácil de prever. 
Pero de todas maneras, sea cuales fueran las motivaciones, insisto en que debería estabilizarse que las elecciones de autoridades provinciales y locales sean en fechas diferentes al orden nacional. 
Esta es una opinión política estrictamente personal, que entiendo que en algún momento tendrá que formar parte de una agenda que se tome en serio el desafío federalista y provincialista de Entre Ríos para salir de la situación de absorción por el peso enorme que tiene esa cabeza de Goliat que objetivamente es Buenos Aires, y que no ha hecho más que fortalecerse de la denuncia que hiciera Leandro Alem en el año 1880, hace 140 años.

- ¿Qué panorama tenés en cuanto a la situación política local en Paraná?

- Seguramente en Paraná va a terminar dándose una disputa electoral entre la facción del radicalismo que gobierna la municipalidad, que tiene para ofrecer la continuidad de estos últimos tres años en la gestión pública, y por otra parte, el candidato que aparece mayoritario dentro del justicialismo que es el vicegobernador Bahl, quien se muestra planteando la vocación de ordenar la ciudad, aunque no ha dicho cómo va a hacerlo y se muestra a sí mismo como un jocoso acordionista, pero debe tenerse presente que para los asuntos públicos es mucho más relevante su desempeño durante ocho años como Ministro de Gobierno de Urribarri, con todo lo que esto implica, antes que tocar el acordeón.

Nosotros leemos ésto: