El arte de envejecer



Mercedes Derna Viola-. Envejecer, al fin y al cabo, es igual para las personas, las cosas, y los perros (que son, al menos a nivel legislativo, un compromiso entre esto y aquello) y conlleva el mismo riesgo.



Hay quien envejece solo perdiendo cosas: dientes, tonicidad, lucidez y orina de a poquito; oliendo a viejo, espantando niños, peleando con las cajeras. Y hay quien envejece ganando carisma, con el encanto de ciertas ruinas, como un piano de cola lleno de polvo y marfiles saltados, acostado sobre una pata rota en medio del salón de una casona abandonada, con los techos altos, los vidrios rotos y algunos brotes de pasto que despuntan insolentes entre las baldosas quebradas (aun perdiendo dientes, tonicidad, etc).

Hace mucho vi una película en la que él, que había sido un delincuente, un desamorado, un desastroso y cruel, al final se enamoraba, qué digo se enamoraba, se enfermaba de amor, y cambiaba de a poco, intentando resolver sus cosas para poder estar con ella (que tiraba más que etc etc). Ese día estaba por liberarse, tenía que hacer la última cosa y ella lo esperaría al final de un camino en el bosque, al lado del río, con toda su piel y un vestido con flores chiquitas. El manejaba un auto viejo por este camino, contento, cuando siente con la mano derecha que la herida era mas profunda de lo que pensaba, que no tenía chances, que estaba muriendo. Lloró de golpe, con rabia, dando puños al volante. No le importaba morir, solo no quería morir ahora. Justo ahora. Ese tipo no envejeció, y no está bueno no envejecer.



Disculpen la amargura. Pero tengo un atenuante (lo es a nivel jurídico, imaginate si no me justifica una nota que empieza triste): estoy en la fase lutea. Espero que termine pronto en un violento y liberador desprendimiento. ¿Qué es la fase lutea? Es la segunda parte del ciclo menstrual. Lutea es un adjetivo inglés que quiere decir amarillo. La fase se llama así porque ese es el color del óvulo que no ha sido fecundado. Pero el amarillo es un color radiante, es el color del sol, de las margaritas, de la sonata 16 de Mozart. Prefiero pensar que se llama lutea porque remite al luto, a la muerte, al final.  Los últimos dos o tres días de esta fase lloro a moco tendido, se me corre el rimel y se me enrojece la nariz. Y que se termine, porque me estoy enojando. Y cuando me enojo tiro todo. Esto no sirve, esto tampoco, esto no se usa más, esto está roto, esto nunca lo quise, esto lo dejan siempre tirado, tan importante no debe ser. Me visto a la mañana, hinchada, y TODO, no solo los zapatitos me aprietan y las medias me dan calor. Pero me visto apretada igual, porque si me pongo algo grande tengo miedo que cuando me prenda un cigarrillo la llama me confunda con un globo aerostático y me vaya volando por los aires, redonda, triste y enojada.  Salgo a la calle y un poco me calmo, porque en casa me siento un tigre encerrado en el baño de un colectivo viejo con olor a café quemado. Solo que el filtro luteo sigue prendido y veo solo dueños de perros que juntan caca tibia a las 7 de la mañana con la manito embolsada, o que no la juntan y la dejan ahí para que algún niño dormido la pise y la lleve a la casa de alguna mamá en fase lutea que tirará las zapatillas sin pensarlo dos veces. Veo solo las hojas secas en el piso y el crujir no me parece ni poético ni nada. Me molesta. Todo me molesta. Quisiera solo comer harina, transformada en cualquier cosa, dulce o salado da igual, y de a ratos, llorar. Pero soy una adulta, no puedo comportarme como una adolescente, tengo cuarenta y pico de años, la juventud se ha ido, los párpados se aflojan y espero solo que no me cubran del todo los ojos, que dicho sea de paso, desde hace un par de meses fallan de cerca y empiezo a sacudir las lecturas para arriba y para abajo buscando la distancia en la que ojo hace foco.

Pero ésta fase termina. El ovulo que envejeció y murió, se va. Chau. Empieza una nueva primavera. Todo crece y se expande, todo es posible y germinal, como el poroto entre el algodón y el vidrio del frasco que hacías en tercer grado. Enmudecían los relojes y el brote daba sentido al tiempo, verlo explotar, crecer. Era un milagro. Llega la fase folicular y ¡alla vamos! Diez o doce días de felicidad asegurada, entusiasmo, nuevas ideas, nuevos proyectos. ¿Los problemones de antes de ayer? Pavadas. Nada es tan grave, no hay que tomarse tan en serio, nena. Todo es relativo, es otra la gente que tiene problemas en serio. De golpe son tuyos todos los proverbios y el pájaro en mano, y el mal que por bien no venga, y siempre que llovió paró. Estos días podrías ser un Coach. La lista de reproducción musical acelera el tiempo, manejas cantando, cocinas bailando, los chicos dicen mamá por la enésima vez y vos sí, querido, decime. A la mañana te vestís y te ves tan linda, qué digo te ves, SOS tan linda, te dormiste con el pelo mojado y ese despeinado te dona. Tener cuarenta y pico de años es maravilloso, es la adolescencia de la vejez.