Corrupción y decadencia institucional



Lucas Carrasco-. La judicialización de la política y la politización de la justicia, conspiran entre sí para corroer los cimientos de una ardua democracia negociada.



En el origen está siempre la palabra: por más épicos relatos por la lucha por la vuelta de la democracia que se narren al viento nublado de la esfera pública, esos enunciados quedan en el campo de la literatura. Y más concretamente, de la ficción.
La verdad es que la democracia, surgida tras la derrota militar en Malvinas y tras un genocidio interno, fue una democracia negociada. Surgida de la impotencia del aparato militar y su innecesariedad después del genocidio y atentos a que no sabían hacer aquello para lo cual estaban entrenados, aquello que les daba legitimidad: la guerra. Para decirlo en términos estrictos: si el aparato represivo ponía en juego su legitimidad, que era la posibilidad de una guerra, debía, por lo menos, ganarla. El error, visto desde la perspectiva de los represores, no fue perder la guerra, sino jugar esa carta. La última carta.
Sin guerra, queda la palabra. Y eso explica, en parte, también, que se los haya podido enjuiciar: estaban obsoletos, faltos de legitimidad, sin un lugar en el orden concreto de las instituciones. Siguen, las fuerzas militares, en el mismo lugar en Argentina. Ningún partido político se plantea seriamente sacarlas de ese no-lugar aburrido y miserable (y bien ganado) en el que se encuentran, al pedo y barriendo cuarteles tan vacíos que ni polvo para barrer hay.

El fracaso de la democracia en mejorar la calidad de vida de las mayorías, devino junto al posmodernismo global, en la descomposición institucional que busca su última ratio en el Poder Tribunal. Que acepta alegre el desafío hasta que empieza a notar que le queda grande, que de las cloacas del espionaje ilegal y el periodismo patrullero solo hay más pus y mierda, no la ansiada Autoridad Fundante y Legitimada que ponga fin al conflicto político que se encadena en sus luchas hacia sí mismo, escindido del conflicto social verdadero. Así que la gente mira por la tribuna o la platea, depende del sector social, esa otredad vergonzosa que es "la política", ahora metida en el barro de las calumnias y las técnicas procesales, mezcla de programa de chimentos en canal de cable con cátedra de derecho constitucional. Mientras tanto, se desciende todos los días un escalón en la comedia del estancamiento, la impotencia, el descreimiento, la decadencia.

Nosotros leemos ésto: