Sentirse solo




Lucas Carrasco-. La vida es triste. Siempre lo fue. Vivir y morir ya no es real. Es un evento en Facebook.



La condición posmoderna bromea psicológicamente con una falsa libertad, cuyo resultado es una hiperconectividad que deriva en un sentimiento de soledad muy profundo.


Todo no se puede.
La individualidad, extremo de la falsa libertad. Falsa porque la individualidad, llevada al extremo imaginario, es libertad en tanto necesariedad, condición de posibilidad de la frustración. Esa fantástica conclusión imposible de singularidad, es un pozo de petróleo que bombea constante el sentimiento de aislamiento. La soledad. Que es la ilusión errónea de la singularidad. Acentuada por la hiperconectividad. Con ramas de un árbol genealógico virtual y cambiante, donde los otrora lazos familiares y militares, están compensados con alocados sentimentalismos berretas de amistad y amor fugaces como el miedo a las avispas. En un mundo rodeado de miedos ridículos. Fobias, catapultas medievales hacia lo desconocido. La glosemática infinita de fobias industrializadas al calor presumido de cada nueva pelotudez que ofrece Sprayette.

Vivir y morir ya no es real.
Es un evento en Facebook.

La noción antropológica, inscripta en nuestro ADN como un DNI, es la de la manada. Somos manada. Queremos ser manada. Y no liderarla, sino ser admirados, por la manada.
Si lo pensas bien, si vas al fondo de estas consecuencias, es levemente ridículo. Parte del aire que se respira.
No queremos amar a nadie de verdad, queremos escribir una gran canción de amor.
Acá no hay mucha novedad.
La literatura de izquierda, que es milenaria si se revisan los diversos textos religiosos de diversas religiones, llevan la marca de agua del martirio. Ese formulario burocrático donde uno está tan preocupado de amar todas las flores, toda la humanidad, todos los bosques, todas las causas justas, que no tiene tiempo para regalar flores cursis a una novia en su cumpleaños.

Allá afuera hay millones y millonas de personos y personas sintiéndose solos, emprendiendo batallas idiotas contra sí mismos, creyendo que liberan algo, "visibilizan", "empoderan" y otras palabras ridículas que son la manera educada de no decirse nada y a la vez decirse encima, usando pañales de adultos para su incontinencia verbal. La vida es triste. Siempre lo fue. Andar buscando culpables semióticos para someterlos al paredón de la inteligencia adolescente es, ya no leve, sino acentuadamente ridículo. La vida es triste. Siempre lo fue.
Lo nuevo es la creencia estúpida de que no debiera ser así. De que todos deberían llevar una vida de celebridad contada por revistas de chismes y culos bonitos. Culos con photoshop y señores drogados, que sonríen en la puerta de sus mansiones. Todo muy estúpido. Para consumo de estúpidos. Dentro de un universo estúpido.

La francesa filosofía postmoderna de hace ya ¡30 años! se presenta como novedad de artistas que perdieron un contrato, una novia fugaz, un dealer que no llega a tiempo. Se "viraliza" su banalidad del solitario. Se funde en la vieja y tonta bohemia tanguera, gastada como la suela del zapato de un linyera. Allá afuera hay un montón de consumidores de esta basura del solitarismo.
Porque muchos creen que merecen, porque la publicidad lo dice, una vida mejor.
Es tonto. Es tontísimo. Pero es así. Los publicistas lo saben y explotan esa vulnerabilidad para vender zapatillas a precios que la mayoría no puede comprar y esa es la clave, esforzarte tanto por comprar esas zapatillas que concluyas que el esfuerzo debe ser recompensado con el abandono resentido del solitarismo del resto, los que quedaron afuera de esta promoción, Ahora 12 de felicidad con interés compuesto.

No hay salida.


En el fondo, nunca la habrá. Sentirse solo es parte de la condición humana. Quizás su nivel empírico más alto en este estadio civilizatorio. Donde tarde o temprano desaparecerán las ilusiones de manada.
Nacemos solos. Vivimos solos. Morimos solos.
Todo lo demás es la cultura.
Incluida la forma de procesar el duelo de saberse solos y únicos en el mundo. Con sus vulgaridades, mediocridades, excentricidades, torpezas.
Los que entienden ésto, son lo más parecido posible a una persona feliz.
Los demás son lectores de este texto.
La vida es triste. Siempre lo fue.



Nosotros leemos ésto: