Petróleo versus Democracia, el Dilema de Occidente



Marcelo Brignoni-. Análisis Geopolítico de las Implicancias de la Tensión en Venezuela, en relación al Escenario Internacional y a la Situación Energética Global



Un señor llamado Guaidó

El último 23 de enero de 2019, Juan Guaidó hizo declaraciones públicas, diciendo ser “presidente encargado”, una figura poco habitual y bastante exótica. Guaidó, no dijo quién le había “encargado” su presidencia, y desde entonces fluyen desde los medios de comunicación que ejercen la vocería del poder financiero petrolero occidental, evaluaciones desopilantes sobre lo que realmente sucede en y con Venezuela.

Guaidó, un personaje menor de la política venezolana, fue el ganador del casting organizado por el Departamento de Estado, para “presentar” un supuesto presidente venezolano, tan ajeno a la democracia, como a la realidad.

Guaidó desde su época de estudiante trabaja con ahínco para ser beneficiario del “combo occidental en defensa de la democracia” compuesto de viajes, prebendas y reconocimientos en distintos países del “eje del bien”.

Ya en 2005 se hizo acreedor, por cortesía del Center for Applied Non-Violent Action and Strategies (CANVAS), grupo paraestatal financiado por la National Endowment for Democracy (NED), a un viaje para capacitarse sobre “Compromisos de Nuevos Líderes con la Democracia del siglo XXI“, en Belgrado, Serbia.

A su regreso, en 2007 se graduó como Ingeniero Industrial en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, impulsado a sumarse al área energética privada y luego en Washington DC fue reclutado para inscribirse en el Programa de Gobernabilidad y Gestión Política en la Universidad George Washington, bajo la tutela del economista venezolano Luis Enrique Berrizbeitía, uno de los principales economistas neoliberales de Venezuela.

Berrizbeitía se desempeñó, en los años 80, como Ministro Consejero y Encargado de Negocios de la Embajada de Venezuela en Washington después de haber ejercido en el Ministerio de Energía y Minas, en la representación por Venezuela ante la Organización de Países Exportadores de Petroleo (OPEP), y en la Dirección de Asuntos Internacionales de Petróleos de Venezuela (PDVSA).

La llegada del chavismo “trasladó” a Berrizbeitía a su “hábitat natural” y paso a formar parte entonces del lobby petrolero privado, en las filas de Exxon Móbil Venezuela, donde auspició el ingreso al staff de colaboradores de la firma de Irving, Texas, Estados Unidos, del abogado Carlos Vecchio (supuesto representante de Guaidó en Estados Unidos por estos días) y del propio Guaidó, quien junto a Leopoldo López, Vecchio y Freddy Guevara entre otros, fundarían en diciembre de 2009 Voluntad Popular, Partido Político conocido irónicamente en Venezuela como “Los Embajadores”, por su cercanía a la representación estadounidense.

El Petróleo, siempre la razón ha sido el Petróleo

Estados Unidos ha sido por años, el principal importador de petróleo crudo del mundo, lugar que ahora comparte con China, pero la reconversión del formato geopolítico petrolero de Estados Unidos cumplió 46 años.

En aquellos años 70’, la expansión armamentista soviética, la crisis del patrón oro como soporte del dólar, y la negativa del mundo árabe a suministrar petróleo a Occidente como castigo por el apoyo de Estados Unidos a Israel durante la guerra del Yom Kippur, provocaría un giro drástico del gobierno del entonces presidente Richard Nixon y del Canciller Henry Kissinger.

Aquel conflicto de Medio Oriente, también conocido como la guerra árabe-israelí de 1973, fue librado por una coalición de países árabes liderados por Egipto y Siria contra Israel, desde el 6 al 25 de octubre de 1973.

En aquel entonces, el mundo era tan dependiente del petróleo de Medio Oriente, que los precios del carburante se dispararon.

Eso se tradujo en racionamientos en las estaciones de servicio de Estados Unidos. La gente comenzó a temer que le robaran el poco combustible que tenia, por lo que algunos comenzaron a proteger sus coches con armas de fuego.

Ante esto, Estados Unidos impulsó tres medidas centrales. Un acuerdo de “impunidad estratégica” con la familia real saudí, ofreciéndole protección política y militar a cambio de flujos incesantes de petróleo, la construcción de un acuerdo de provisión y refinamiento de petróleo venezolano para el consumo estadounidense, y la construcción de su Reserva Estratégica de Petróleo (SPR, por sus siglas en inglés), una red de cavernas subterráneas, conteniendo el equivalente a 700 millones de barriles llenos de crudo.

El propio gobierno estadounidense anuncia todavía hoy en su página de internet “…el formidable tamaño de la SPR la convierte en un importante factor disuasorio ante los cortes en la importación de petróleo y es una herramienta clave de nuestra política exterior…”. El presupuesto oficial para el mantenimiento de dicha estructura ronda los U$S 250 millones al año.

Bob Corbin, del Departamento de Energía de Estados Unidos, ha sido por años, el encargado de proteger esos depósitos subterráneos secretos, mayoritariamente ubicados, según se presume, entre Baton Rouge, en el estado de Louisiana, y Freeport, en Texas y cavados en bloques de sal. La sal es impermeable al crudo. Así que ambas sustancias no se mezclan, y tampoco se crean fisuras, por lo que son un almacén perfecto.

La SPR ha sido por años un reaseguro de la provisión petrolera estadounidense y de hecho así ocurrió durante la primera Guerra del Golfo (2 de agosto de 1990 -28 de febrero de 1991), aquel conflicto entre Irak y una coalición de países liderados por Estados Unidos, cuando se interrumpió el suministro de petróleo desde Medio Oriente.

Y también cuando el huracán Katrina azotó el Atlántico en 2005, inutilizando varios puertos petroleros de Louisiana.

El Organismo Internacional de Energía (OIEA) supervisa la certificación de petróleo de estas reservas, pero la crisis de suministro que puede conllevar el agravamiento de la tensión con Venezuela, es lo que acelera la pretensión estadounidense de tomar rápido control de Venezuela y de sus pozos petroleros, para mantener “llenas” sus SPR y evitar una inspección de la OIEA, que note el faltante y debilite la posición estadounidense de negociación con la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Como se ve, la democracia no tiene nada que ver con este debate, y en relación al mismo la propia OIEA señala, “…cuando un país se subscribe a la OIEA adopta varias obligaciones, entre ellas someterse a sus certificaciones, y mantener sus reservas de petróleo en una cantidad equivalente a las importaciones de 90 días...”

Por otro lado, Donald Trump ha dicho públicamente que pretende vender 270 millones de barriles (muy probablemente a Exxon Móbil) de los 688 millones hoy certificados en sus SPR para “bajar el déficit fiscal”. Si así fuese quedaría “fuera de norma” de la OIEA en sus SPR y su situación geopolítica en extrema debilidad, sobre todo ante la consolidación de la influencia petrolera internacional de la Federación Rusa, y en vísperas de la 176 Reunión Extraordinaria de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), prevista para el 17 de Abril de 2019 en Viena, la que seguramente reafirmará su posición ya conocida de respaldo a la soberanía venezolana y al actual Gobierno del país.

Rusia es además, a través de la petrolera estatal ROSNEFT, socia estratégica de CITGO, la compañía petrolera subsidiaria de PDVSA, que actúa en Estados Unidos desde 1986 y que la tiene como titular del 49 % de las acciones de CITGO, 5000 millones de dólares mediante. La agresión a CITGO por parte de Estados Unidos, es por ende una agresión a ROSNEFT y al Estado Ruso, y ha causado enorme malestar en las oficinas del distrito de Balchug, en las inmediaciones del Kremlin, al otro lado del río Moskva. Serguei Lavrov, el Canciller ruso, ha explicitado ese malestar de modo elocuente, por estos días.

Venezuela, poseedor de las mayores reservas petroleras del mundo, exportó en 2018 a Estados Unidos el 20% de su producción, lo que representó el 9% de las importaciones petroleras totales de Estados Unidos. Si a esto se le agrega el 7% del total del Petroleó importado por Estados Unidos procedente de México, país hoy gobernado por Andres Manuel Lopez Obrador, y no sometido al arbitrio del Departamento de Estado, la desesperación de Estados Unidos por “quedarse” con Venezuela no se justifica, pero se comprende.

Venezuela además posee tres refinerías gigantes en Louisiana, Nuevo México y Texas, que operan con personal estadounidense y atención principal de los gobernadores de esos estados. Las sanciones a PDVSA indican que cualquier refinería basada en Estados Unidos que compre crudo venezolano debe depositar los pagos correspondientes en cuentas de garantía que están fuera del alcance del gobierno de Maduro. Esto incluye a CITGO y por ende a la rusa ROSNEFT, y también perjudica a empresas como Chevron, PBF Energy y Valero Energy, que no tienen a la fecha, fuentes alternativas de suministro, ya que el supuesto reemplazo por crudo pesado mexicano de tipo “Maya” o el crudo de las arenas petrolíferas de Canadá, no cumplen los estándares de viscosidad y composición química, para ser destilables en el sur estadounidense.

Además la oferta de "Maya" es escasa y está en proceso de renegociación su venta a Estados Unidos, a partir del nuevo Gobierno de México. Canadá por otro lado, tiene una capacidad limitada de envío de barriles hacia la costa del Golfo, ya que es hoy el principal aportante de Petróleo a Estados Unidos, y esta limitación ha sido admitida por la la propia empresa Standard Chartered.

Como las refinerías estarán obligadas a pagar más por el suministro de crudo pesado, en operaciones “non sanctas” de triangulación del petróleo venezolano, podrían reducir sus tasas de operación, lo que significará menores márgenes de ganancia, y escasez de oferta en el mercado minorista americano, según advierte el propio sector, a través de la consultora JBC Energy. Eso podría suponer una reducción en la producción de combustibles refinados como el diésel y la nafta, agotando las existencias de la SPR Estadounidense, que por otra parte está parcialmente en venta.

El desastre económico que preanuncia la fallida “operación Venezuela” para el sector petrolero con base financiera en Estados Unidos, se refleja en las dinámicas que se ocultan bajo la superficie, y que están muy lejos del debate “sobre la democracia”. Los tipos de crudo pesados venezolanos no son fácilmente reemplazables por un WTI más ligero. Como resultado, los precios de los flujos de petróleo pesado que compiten con él para reemplazarlo se han fortalecido a medida que las refinerías intentan reemplazar los barriles que perderán de Venezuela. Mars, un petróleo de tipo medio-pesado bombeado desde plataformas del Golfo de México, aumentó su precio más de 6 dólares por arriba del WTI. En octubre 2018, cada barril de Heavy Western Canada Select se vendía 50 dólares por debajo del WTI. Ahora, dicha diferencia es de solo 9 dólares.

La estrategia de Trump, virtual lobbista de Exxon Móbil junto a su ex Secretario de Estado Rex Tillerson, no le está reportando ningún beneficio a la industria, ya que la acción política de “los chicos Exxon” venezolanos, Carlos Vecchio y Juan Guaidó, lejos está de obtener los resultados políticos e institucionales esperados.

Por otra parte, algunos de los comerciantes de petróleo independientes más grandes del mundo, incluidos Vitol y Trafigura, que compran y venden crudo y combustible refinado a Venezuela, admiten que las sanciones de Estados Unidos suscitan interrogantes con respecto al futuro de su negocio. Si bien sus casas de comercio están basadas en Londres y Ginebra, todas realizan operaciones a gran escala en Estados Unidos, y esta decisión del gobierno de Trump sobre Venezuela les resulta altamente perjudicial.

El último 30 de enero, los principales comerciantes petroleros expresaron que los detalles de las sanciones no eran claros, más allá del hecho de que quedaba prohibido el envío de petróleo de Venezuela a Estados Unidos y viceversa, y que los ciudadanos estadounidenses no podrían participar en ningún tipo de comercio, incluido el cobro de los bonos venezolanos y de PDVSA, mayormente en poder de tenedores de Wall Street. Todos enfatizaron sin embargo, que tendrían que actuar cautelosamente y evitando “perjuicios propios empresarios” con respecto a cualquier operación comercial con Venezuela.

Por otra parte se conoció, desde la India, país que no participa de la “operación Venezuela” destinada a consumar un Golpe de Estado en ese país, que la refinería de Nayara Energy, ubicada en Vadinar, podría emerger como una puerta alternativa para el petróleo que Venezuela le vende a Estados Unidos. Lo mismo sucede con la vecina planta de Reliance Industries, en el estado de Gujarat. Ambas ya son compradoras del petróleo Venezolano y proveedoras de China. Además el 50% de Nayara pertenece a la compañía petrolera rusa ROSNEFT y el 25 % a Trafigura, el gigante de capitales suizos, que también ya opera con Venezuela.

Venezuela vende hoy el 60% del crudo que produce a Asia. Sus ventas a China y la India representan el 54% de las exportaciones totales de crudo, cifrada actualmente en unos 1,7 millones de barriles diarios, aproximadamente. Si a ello se le agrega un 6% que va a hacia Singapur, pero cuyo destino final es mayormente China, se llega a un 60% del total exportable.

El crudo que se envía a China está destinado mayormente a pagar los créditos rotativos que China le concede al país desde 2007 y el Gran Fondo de Largo Plazo, que Pekín puso a disposición de Caracas en 2010 por 10 años.

En segundo lugar como compradores de petróleo venezolano se ubican Estados Unidos y la India, con sendos 20%. En noviembre de 2018, Estados Unidos compró a Venezuela 360 mil barriles diarios de crudo y sus derivados, y no tiene a la fecha, fuente de abastecimiento de reemplazo, si el petróleo venezolano dejara de fluir a los puertos de Louisiana, y fuera a los puertos de Asia Pacifico, a través del nuevo Canal de Panamá, de capitales e influencia China.

El tiempo pasa y los problemas que afronta Donald Trump para poder “quedarse” con el petróleo venezolano se agigantan cada día. La mentira de la “lucha democrática occidental”, no parece ser suficiente herramienta para derrotar al pueblo venezolano.