"La oposición tiene un déficit con las redes sociales"



María Celina Tosi Bagilet-. Nicolás Ritacco es porteño, simpático, estudiante de abogacía, apasionado por el derecho laboral y por las nuevas tecnologías. Dio sus primeros pasos en la militancia sindical en el Sindicato de Peajes SUTPA, junto a Facundo Moyano. Actualmente ocupa el cargo de Tesorero en la Fundación Estrategia Argentina.
Vestido informalmente, recibió a Noticias Entre Ríos en un bar del microcentro porteño para una conversación sobre el impacto de las redes sociales en la política.



-¿Qué cambió en la política a partir de las redes sociales?

-Todo. Para mí hay un antes y un después en la política a partir de las redes sociales. Cambiemos creo que es el ejemplo más claro de eso, por lo menos a nivel local. Me parece que es quien mejor ha sabido utilizar el tema de las redes sociales y todo lo que deriva después de eso. Por ejemplo, con el big data. El gobierno de la ciudad, cuando va Larreta a visitar un lugar cerca de donde vos vivís, te envía un mail diciendo que va a estar Larreta, que podes ir a conversar con él. Te informan las obras que se hicieron en ese barrio y las que van a presentar. Tienen una utilización del big data para comunicar de manera segmentada por las redes sociales que lo han implementado muy bien. Mientras que la oposición tiene ahí un déficit, todavía, con las redes sociales.
Me parece que cambió todo. El lenguaje es más cercano, uno puede personalizar los mensajes según lo que quiere comunicar. En cambio cuando uno estaba en la tele no sabía bien a qué público le comunicaba. Mientras que hoy en día sabes que en Facebook, Instagram y Twitter les hablas a públicos determinados y distintos. Y eso antes no existía. Antes hablabas en un programa de radio y creías que, por ejemplo, el programa de la mañana era escuchado por los tacheros, cuando no había forma de medir eso. Hoy en día tenes métricas con las redes sociales que te permiten tener un resultado concreto mucho más palpable, podes ver cómo repercutió cierta declaración o cierto posteo, que antes no podías.
Me parece que también se ha democratizado un poco en las redes sociales la política. Falta un montón. Pero hoy en día cualquiera que tiene una cuenta de Twitter, si quiere, puede putearlo al presidente. Antes tenías que ir a la Casa Rosada, que esté ahí adentro y gritar, o ir a una manifestación, y eso, por ejemplo, ha cambiado. Si estabas en disconformidad con alguna gestión, tenías que ir a hacer un reclamo a la municipalidad o a un destacamento público, y hoy en día, por redes sociales, uno puede decirle a Edenor o a Edesur que le cortó la luz y manifestarse por ese medio. Todo esto ha generado una democracia más horizontal. 
Es verdad que falta un montón, creo que esto de las redes sociales recién está arrancando y cambió todo.

- Luego de la campaña de Obama, que se instaló en el mundo, pero también en Argentina, la importancia de utilizar las redes sociales para la campaña, hubo otro aspecto que es utilizar las redes sociales para conseguir pequeñas donaciones de gente común para financiar la campaña. Eso nunca llegó a la Argentina, ¿por qué crees que es?

- Primero que el sistema de partidos es diferente, en cuanto al tema de aportantes voluntarios que ha logrado Obama, está muy establecido en Estados Unidos.
Me parece que acá lo que tenemos que hacer es modificar totalmente la ley de financiamiento de partidos. Hay un informe muy bueno de CIPPEC que habla de los 5 puntos que habría que modificar para "blanquear" la política o los partidos políticos. Hoy en día acá se permiten los aportes .... Eso me parece que es algo que ya hay que cambiar, más que nada después de todo lo que pasó con el gobierno de la provincia de Buenos Aires y la campaña de Vidal con los aportantes truchos. 
Las plataformas digitales, incluso, pueden ser un medio para regular o para auditar, desde el ciudadano común, quiénes aportaron, con nombre y apellido. Después de que pasó lo de los aportantes truchos en la provincia de Buenos Aires, donde había gente que era monotributista y aportaba $300.000 a la campaña, totalmente irracional, habilitaron una página en internet, que es la misma donde te podías fijar si estás afiliado a algún partido político, y un montón de gente se dio cuenta de que estaba afiliada a partidos políticos que nunca había siquiera frecuentado y que había aportado a campañas que tampoco sabía cómo había sido ese monto y demás. 
Las plataformas digitales en Argentina, por la idiosincrasia que tenemos y la forma de hacer política, a diferencia de Estados Unidos donde son voluntarios, pueden servir como órgano de control. Entonces si yo aporté a una campaña o quiero votar a un candidato, puedo saber quiénes aportaron a la misma, qué sucede con la plata, y si hubo un exceso o no. Casi todos los candidatos de los últimos 20 años han sobrepasado el presupuesto que establece la ley. Eso es grave. 
El financiamiento de la política tiene un montón de cuestiones que hay que revisar, y me parece que las plataformas digitales y la tecnología pueden ser muy útiles para eso. A diferencia de los Estados Unidos, yo no veo candidatos recaudando por Facebook, lo veo muy difícil por la idiosincrasia que tenemos los argentinos, me parece que puede ser un órgano de control para los ciudadanos, que puedan ver en qué y cuánto se gastó en una campaña.

- Pero, ¿a qué aspectos de la idiosincrasia argentina estás haciendo referencia? 

- Por ejemplo, en Estados Unidos no ves a los chicos de Greenpeace o de Cruz Roja recaudando plata en la calle, uno tiene ganas de colaborar y entra a la página de internet y deposita. En cambio acá tenes a los chicos en Lavalle y Florida que te paran y te toman los datos para que realices donaciones. A mí me parece que al argentino le cuesta un poco más creer en las instituciones, entonces para aportar a un partido político necesita tener resultados que sean más palpables, más cercanos que hacerlo solamente por una página de internet. Necesita ver cosas más concretas. 
Un Techo para mi País es un ejemplo, en Chile no andan con una cajita en la casita pidiendo, y acá los tenes en todas las esquinas a los chicos.

- Obviamente. Pero yo creo se da como consecuencia de la historia político - institucional argentina.

- Hay un descreimiento gigante. Madrid decide, una plataforma que inventó Pablo Soto, Director en la Alcaldía de Madrid, donde los ciudadanos se registran y pueden presentar ideas y proyectos que luego son votados por los habitantes, con el objetivo de que aquellos proyectos que reúnan el voto del 1% de los votos del total de los habitantes se presentan en la legislatura. Entonces eso también le da al ciudadano la capacidad de ser parte de un poder legislativo que elabora y no tenes que salir a juntar firmas para presentar un proyecto. Ahí también tienen los sueldos de todos los funcionarios, en qué se gastó, desde un saquito de té hasta la obra más grande que se hizo, el tiempo en el que se tiene que cumplir y el tiempo en el que se cumplió la obra, las vacaciones que se toman todos los funcionarios. Me parece que plataformas así acá se pueden copiar. Después, obviamente, no entra todo el mundo, pero sí tenes un registro de gastos para que todos los ciudadanos vean en qué se gastan los presupuestos. Me parece que esa es una forma de empezar a "reconciliar" a la sociedad con las instituciones. 




- ¿Qué rol crees que tienen los trolls?

- Nada. Me parece que es insignificante en términos sociales. Creo que nadie va a modificar su forma de pensar por lo que escribe un troll en una red social. O por lo menos la gente que entiende qué es un troll y percibe cuando está frente a uno. 
La gente de nuestra generación entra al perfil, ve que tiene 20 amigos y que insulta en todas las publicaciones, y así puede percibir que es un troll. Quizás hay gente como mi abuela que usa Facebook, y ve que insultan en una publicación mía y no entiende que es un troll, y hasta me consulta y me pregunta. Pero yo creo que en términos políticos es sólo el reflejo de que hay una decisión política del Ejecutivo, del anterior y de este, de sostener un ejército de gente que trabaja para atacar al otro. 
Me parece que no tiene mucha preponderancia. No he conocido trolls que hayan marcado agenda o que hayan ejercido políticamente. Creo que un troll que hay en la política es Fernando Iglesias, y me parece que tampoco es un tipo que marque mucha relevancia.

- Hoy hablabas, justamente, de la big data y su instauración en la política. ¿Es tan importante en un mundo donde la gente cuenta toda su vida en las redes sociales? ¿Qué tan importante es tener datos secretos de una persona si, en general, cuenta todo de sí mismo?

- El big data, en sí, no es más que un programa de recopilación de datos. Hay mucha gente que pasa por una determinada esquina, y con la SUBE o con aplicaciones que vos les das permiso, los políticos pueden ver por qué esquina pasan más habitantes de la Ciudad de Buenos Aires. Entonces podes ir y repartir folletos ahí o mostrar tus propuestas ahí. Me parece que en eso el big data es útil para la política para ver comportamientos, pero no a nivel de cambios analíticos. 
Si es verdad que la gente cada vez muestra más en las redes sociales, pero a su vez difiero un poquito porque creo que la gente muestra más cosas en las redes sociales que no tienen que ver con su vida. Lo que uno hace de su vida no es lo que muestra en las redes sociales, por lo menos en nuestra generación. Entonces me parece que al tener la recopilación de datos del big data por lo menos podes ver comportamientos de la gente, obviamente cuando hay permisos, que pueden ser útiles. 
Después estamos en un siglo en el que, a través de internet, está tan licuada la información que podes entrar a Google y averiguar lo que quieras, y yo creo que la información importa cada vez un poco menos. Si querías saber cuánto valía el dólar hace 30 años tenías que ir a una casa de cambio y mirar en la ventanilla, o para saber qué edad requerías en Estados Unidos para ir a un casino necesitabas fijarte en una enciclopedia, mientras que hoy en día tardas cinco segundos googleando. Me parece que al estar tan al alcance la información, la desestimamos. Está muy líquida la información y es muy constante, la tenes todo el tiempo, en Twitter, en la televisión. Me parece que eso hace que exista un desinterés por informarse, y eso es un problema para la política y para la sociedad en sí. Cada vez le importa menos a la gente lo que opina un político porque tiene todo el tiempo cosas al alcance que le importan mucho más. Uno elige en qué se informa. 

- ¿Y cuál es el desafío para un político en este contexto?

- Creo que para empezar es el lenguaje. Tener redes sociales, hay políticos hoy en día que no las entienden. La gente no consume en redes sociales lo que uno cree. La política no es lo que uno cree que pasa por su cabeza, sino lo que pasa por la necesidad de la gente. Y me parece que el gran desafío de los políticos es comunicar mensajes cortos y concisos. Creo que ha cambiado mucho eso. Si vos te pones a mirar los mensajes políticos que daba Cristina en Facebook como presidenta, en 2008/2009, eran un choclo, y hoy en día el mensaje político son dos renglones, pone algo conciso y después comunica más en un video o una foto.
A mí me parece que el primer desafío que tienen los políticos es avanzar y entender el nuevo lenguaje de las redes sociales. El que no hace eso, no llega a la generación de millenials que hay hoy.
En Chile, hay Youtubers que hacen entrevistas políticas, y es la única forma que tienen los políticos de llegar a la franja entre los 16 y los 18 años. Algunos estudios muestran que son chicos que casi no miran televisión. Entonces me parece que ahí está el desafío. Entender que hay nuevas plataformas. Ya no es sentarse a tomar un café con el periodista que tiene el programa en el noticiero central y caerle bien a ese tipo para que me publiquen en una editorial una nota. A Clarín lo compran 10.000 personas y un posteo en una página digital tiene 120.000 interacciones. Me parece que ahí hay una nueva forma de comunicar que si no la entendes, en el mejor de los casos, tenes una comunicación excluyente, le hablas a muy poca gente. 

- Entonces, además de la modernización en el lenguaje y forma de comunicación, ¿qué le aconsejarías a un político en el uso de las redes sociales?

- Me parece que hay gente que se dedica a estudiar eso. Los community manager que han aparecido, y hace diez años no existían, son una herramienta que un político tiene que tener. Las redes sociales demandan que haya gente en los equipos de los políticos, de los gobernantes, de las instituciones, que estén exclusivamente dedicadas a eso. Son un mundo aparte, son el nuevo foro donde se critica, se habla, se debate. Y me parece que, por lo menos, un community manager tienen que tener. Hay gente especializada en eso que es muy buena, que te enseña a establecer mensajes y demás. No les queda otra que asesorarse.

- Con respecto a eso, ¿qué es lo principal que debe saber un community manager?

- Saber comunicar el lenguaje. Y te lo digo con un caso concreto: la semana pasada estuve recorriendo un comedor infantil, lo que haría un político tipo es subir un posteo hablando de que el 50% de los chicos son pobres, y yo subí una foto diciendo que había estado recorriendo el comedor y que me tiraron la pelota y me dieron ganas de jugar al fútbol. Y tuvo buena repercusión porque la gente no siente que vos estás dando un mensaje político directamente. Estuviste recorriendo un barrio carenciado, pero estuviste ahí con la gente, no es que bajas desde un lugar divino a visitar y ver la realidad. Es una realidad que vos vivís y estás compartiéndola, y hay mil formas de hacerlo. 
Lo que un community manager tiene que hacer, para mí, es humanizar al político. Que es casi imposible a veces. La función que tiene específicamente es la de humanizarlo, es darle un lenguaje, y desde el meta mensaje comunicar la política. La gente que de todo hace un mensaje político me parece que no sirve.

- Esta idea me transmite un poco de vaciamiento del mensaje.

- Hay un estudio donde analizan cuánto lee la gente en promedio en una publicación en Instagram y lo máximo son dos renglones y medio, salvo que les interese y se pongan a leer, los videos los ven tres segundos, si se aburren, lo dejan de ver. Entonces el gran desafío es en eso poder plasmar una idea; que obviamente no va a ser una idea desarrollada, va a ser un mensaje que después, si tenes la posibilidad de explayarlo, tenes que elaborar y convencer. 
La política se ha reducido bastante en sí. Tenías a Perón que hablaba una hora y media en un balcón y hoy, 70 años después, tenes a un presidente que habla en 100 caracteres. Ha cambiado el mundo. ¿Cuál de los dos tiene más contenido político? Creo que el primero. ¿Cuál de los dos hace más o menos política? Creo que los dos, en sus tiempos y en sus formas, es decir, de la manera que demanda el tiempo. 
Yo puedo pararme acá en un cajón como hacían en Inglaterra hace 200 años y ponerme a gritar consignas políticas, pero es probable que me traten de loco. No se si la palabra es vaciado, pero sí se ha resumido la política. 

- Si, puede ser. Y eso, para mí, es una de las fallas del kirchnerismo. Como decías vos al principio, no supieron captar las nuevas necesidades como sí lo hizo Cambiemos.

- Yo creo que Cambiemos está adelantado diez años en términos de redes sociales. Son muy ordenados. Si te pones a ver entrevistas de sus funcionarios o de sus allegados, como Yamil Santoro, todos tienen el mismo discurso. Todos dicen lo mismo, todos comunican de la misma manera. Y lo mismo pasa en sus redes sociales, se ve reflejado que tienen un lenguaje moderno, ordenado. Mientras que la oposición es un desastre, lo tenes a D'Elía bañándose en la fuente de Plaza de Mayo, a Guillermo Moreno que dice que lo cagaría a piñas a Macri, a Kicillof que trata de modernizarse, a Felipe subiendo fotos de la chancha, y a Scioli que sigue pensando que subir fotos saludando gente en la playa sirve de algo. Es un caos la oposición en cuanto a términos comunicacionales, y el oficialismo estando ordenados con un relato unificado están muy adelantados.
Después hay una gran paradoja: el núcleo votante de Cambiemos es de sectores que no son de las grandes urbes, excepto CABA y Córdoba, y de gente mayor de 55 años, que se supone que es la que menos usa las redes sociales. Entonces ahí también hay una dicotomía porque tienen el manejo de las redes sociales pero los más jóvenes no los votan, en menores de 55 años y las grandes urbes está el núcleo duro, si se quiere, de la oposición. Son los mejores en redes sociales, son muy buenos comunicando pero, ¿les sirve? Me parece que políticamente no si no sabes las necesidades de esa gente a la que le queres comunicar.
No se si está más vacía la política, quizás el mensaje político está más resumido. Pero la gente, cuando la política no los beneficia, a pesar de que les comuniques bárbaro, no los vota.

- En cuanto a Cristina Kirchner, ¿crees que pudo responder a estas nuevas necesidades?

- En los últimos años, si. Me parece que el día antes de terminar su mandato, cuando se fue después de ser ocho años presidenta con la aprobación alta de toda la gente llenando Plaza de Mayo, sacó una muy buena foto para comunicar.
¿Cristina estuvo al nivel de Obama? No, por lejos. Obama fue el primero en cuanto a redes sociales, fue innovador, fue el Messi de todo eso. Pero Cristina me parece que se aggiornó bastante. 
En cuanto a Unidad Ciudadana me parece que tiene algo interesante, o al menos está haciendo el intento. Ella, por ejemplo, cuando era presidenta hacía un hilo de veinte tweets seguidos que era un bodrio, hoy ya hace videos o usa dos o tres frases fuertes como cuando dijo lo de "Machirulo", ahí en realidad hay una crítica a Macri, pero estableció un mensaje de dos renglones en veinte segundos. Lo entendió mucho mejor. No está al nivel de hacer un vivo y contestar preguntas como hace Macri en la Rosada, pero está en el proceso. Es una necesidad para poder comunicarte en una etapa millenial.