Romina Rocha y Nancy Giampaolo contra el dogma de “poner el cuerpo”


Las periodistas continúan su reflexión en torno a las contradicciones del feminismo hegemónico.





Romina Rocha: Hay contradicciones dentro de lo que llamamos “feminismo hegemónico”, que están emparentadas a la estética. Podríamos resumirlas en dos grandes temas: los cuerpos y el arte. Cuando escuchamos decir que lo que reclama el feminismo hegemónico es la soberanía del propio cuerpo, vemos en los hechos una serie de aspectos que hacen el camino inverso; es decir, que aumentan la presión sobre la condición física y, por lo tanto, limitan la libertad que se pretende alcanzar desde las proclamas públicas. Porque dentro del mismo movimiento nos encontramos con que las maneras en las que creen que se “combate” al “patriarcado” y al “machismo” son diversas y se chocan entre sí, aumentando el desconcierto sobre los objetivos reales que se persiguen. Unas dicen que hay que dejar de depilarse o no atender al sobrepeso tiene que ver con la lucha, mientras que las otras salen, con una depilación definitiva y los cuerpos súper laburados en gimnasios y centros de estética, a decir que la lucha es la misma que la de las primeras a las que, se supone, representan mediáticamente.


Nancy Giampaolo: Unas usan unos jeans de 2500 pesos y otras de 250, no tan lindos, pero parecidos. Unas son rentadas por las marcas para venderlos, las otras aspiran a comprarlos, si tienen suerte. Esa diferencia es muy significativa.


Romina Rocha: Claro. Las mujeres que adhieren al feminismo desde la idea de pueblo y ponen el cuerpo a lo que ellas creen que es justo y verdadero, ¿son realmente representadas por un discurso que pasó a estar hegemonizado por estrellas de Twitter o actrices (que además ahora se organizaron en una especie de sindicato que ya se está complicando con peleas internas)? Las mujeres de los medios que dicen “mi cuerpo, mi decisión” y cobran fortunas por posar semidesnudas en producciones elogiadas por el público masculino, con títulos del estilo “Hay que apoyar la lucha feminista”, ¿tienen tanto que ver con las pibas que en la calle la están peleando a muerte porque tienen una necesidad insoportable de ser escuchadas y de tener la razón?


Nancy Giampaolo: Es muy difícil que la mayoría de las argentinas esté genuinamente representada por quienes  acceden casi irrestrictamente a los medios masivos, gozan de una realidad socioeconómica privilegiada, de una ocupación llena de disfrute y recompensa, y que viven, en buena medida, de su apariencia física, como todo actor o sujeto mediático. No hay nada nuevo en la fascinación que despierta la farándula dentro de las masas que desean imaginarse conviviendo en un espacio común con sus famosos favoritos. Pero a la inversa no es igual: el famoso en general sabe perfectamente que no forma parte de la masa. Y el famoso es en muchísimos casos el elemento del que se sirve el mercado para promocionar sus productos entre la masa, como decíamos recién. Hay un libro genial de Diego Vecino “La felicidad según Coca Cola” (Paco Ediciones) que da cuenta de la fagocitación de las causas sociales por parte de la maquinaria de publicidad capitalista. A partir de un momento, el sistema capitalista (del que ni siquiera estoy renegando tanto porque, como vos y como la mayor parte del mundo, vivo dentro de él) comprende que las mujeres son un agente de consumo ultra valioso y que la industria, por ejemplo, cosmética, puede crecer exponencialmente gracias a ellas. Empieza a venderles modelos a seguir, al tiempo que se apodera de parte de sus reclamos y los banaliza. El panorama hoy, según la mayor parte de las encuestas globales, es que las mujeres monopolizan bastante más de la mitad del consumo mundial. Sin caer en tecnicismos, es fácil entender que amalgamar las luchas sociales con el consumo va a ser en detrimento de las primeras. Con el feminismo hegemónico viene sucediendo eso en todo el mundo y, aunque acá las voces críticas son, aún, escasas, es cuestión de tiempo para que proliferen como sucede en Francia o Estados Unidos, dos países en los que la trayectoria del feminismo es muy extensa. En esto de parodiar acciones de las celebrities norteamericanas, pero no molestarse en investigar a las pensadoras disidentes de allá, mostramos nuestro gusto por transitar la superficie de los problemas. Igual hay mucha gente que ve como medio bizarro el hecho de pensar que se pelea por el bien de todas las mujeres de nuestro país con una movida ampulosamente llamada “Me Too Argentino”, y que la fiebre desatada por lo de Darthés (un personaje que ni siquiera se puede analogar a Westein, porque está muy lejos de haber tenido un poder de la magnitud del que tienen productores o estrellas mucho más rutilantes del cine y la televisión) es un despertar de las conciencias. Y aparecen más preguntas a responderse sobre los cuerpos. Aquellos que son admirados, envidiados, emulados y aptos para la exhibición masiva y la propaganda, esos cuerpos a los que un progresismo mediático tilda de hegemónicos: ¿qué representan realmente? ¿Los cuerpos de las mujeres valen todos lo mismo? ¿Y los de los tipos? ¿Y los de las católicas, “antiderechos”, Pro-vida? ¿Sufre igual un cuerpo de una mujer pobre, sub alimentada y expuesta a un trabajo duro e insalubre que el de una actriz de telenovelas? ¿O la mujer pobre sufre de una manera mucho más cercana a la del hombre pobre?


Romina Rocha: Son demasiado evidentes las contradicciones, aunque pareciera que se invisibilizan por el sólo hecho de pasar por el filtro mediático. Por otro lado, al plantear el tema del arte volvemos a ver una contradicción entre los dichos y la práctica. Porque una de las peleas que vemos es la del uso de los símbolos y de cómo se la muestra a la mujer dentro de la música, la pintura, la fotografía, las producciones audiovisuales y cuanto elemento artístico exista, planteando que hay un factor de sometimiento hacia la figura femenina en prácticamente todo lo que vemos y que eso debe acabarse, porque es censura de la libertad de las mujeres.


Nancy Giampaolo: Claro, y, de nuevo, copiando las acciones más berretas de la seudocultura global que cae en cruzadas por la ignorancia internacional, pretendiendo censurar a Polanski o a Balthus, por nombrar sólo a dos, o aplica revisionismos forzados, acá hay voces censuradoras que se alzan sin sonrojarse por su bestialidad. El arte es el lugar en el que una parte muy enardecida del feminismo hegemónico muestra con menos disimulo una visión pacata del mundo y sus problemas para separar goce estético de la moral, la moralina, o las reivindicaciones sociales. Y existen cosas que sólo sirven para darle argumentos al machismo que nos supone inferiores artística e intelectualmente además de incapaces de generar obras que compitan en talento y calidad con los producido por hombres, como los grupos de escrachadoras de “obras machistas”...


Romina Rocha: Es que en esto de indicar qué se puede y qué no, hay una lógica absurda de definir sobre los cuerpos de los demás, cuando se reclama por la soberanía del propio. Es realmente preocupante, no tanto por nosotras, que somos adultas y podemos decidir y determinar los límites de lo que aceptamos y de lo que no, sino más que nada por los más chicos, en formación aún, que se encuentran en medio de este menjunje de contradicciones. Ahí es donde tenemos que poder poner los límites reales: no estamos discutiendo el color de un pañuelo o un proyecto de ley puntual, estamos conformando los cimientos en los que las nuevas generaciones se van a apoyar para construir el futuro...


Nancy Giampaolo: Esa idea de un cuerpo “soberano” te hace preguntarte: ¿qué grado de soberanía individual se puede alcanzar si uno está inmerso en un contexto como el nuestro, en el que la soberanía a nivel colectivo se pierde día a día? Pero, sobre soberanía y geopolítica, dos temas que ninguna referente del feminismo parece encontrar prioritarios, podemos hablar más adelante.



"No todas estamos representadas por el feminismo hegemónico"

“Es ingenuo hablar de patriarcado”




Tercera Parte: 

Romina Rocha-Nancy Giampaolo y el neoliberalismo progresista