Reglas de comportamiento en WhatsApp



Daniela Sánchez-. Ya es hora de que alguien ponga freno a tanto descalabro. Basta de agregarnos a grupos, mandarnos mensajes de voz larguísimooooos y preguntar "¿estás?" o volverse locos porque te clavó el visto y no contestó.


Primero: la gente normal pasa igual que vos 25 horas al día delante de WhatsApp, pero en algunas ocasiones, no se baña con el teléfono, usa la línea para mantener charlas (con los vendedores de otras líneas) o discute con su pareja y no interrumpe la discusión -bueno, todo depende- para contestar tu emoticón de un gatito sonriente.
Hay ciertas reglas que la gente de bien, y la otra gente también, debería saber.

Es bastante incómodo que te digan "Buen día" y nada más, como si hubieran dormido en la misma casa. Es WhatsApp, andá al punto. Lo mismo que preguntar "¿estás?". ¿Dónde querés saber si estoy? Y en todo caso, no te importa, ¿no te parece?. Andá al punto, decí lo que tengas que decir y cuando se me de la gana o cuando pueda, te voy a contestar. Tal vez. No te pongas loco si clavo el visto y no te contesto, porque puede ser que simplemente haya desactivado las notificaciones, con lo cual tampoco me llegan tus vistos.
Cuando Olmedo sea Presidente (ya se le bajó su vice, el Tata Yofre) además de la castración a los violadores, el servicio militar obligatorio y la pena de muerte, debería prohibir los mensajes de voz que excedan los 2 minutos, con graves multas. Y si excede los 5 minutos: cárcel. Y si se va a más de diez minutos, deportación.
Pero también, ya que estamos colaborando con tu delirante plataforma, querido Olmedo, tenés que incluir la amputación de un brazo a quien manda mensajes de voz diciendo solamente "ok" o peor aún -y esto ya da para la pena de muerte porque son dos delitos aberrantes juntos- para quienes digan "chau". Primero porque si vas a poner "chau" no seas haragán y escribilo. Segundo, porque en WhatsApp NO SE SALUDA.

Un mensaje escrito, en vez de uno de voz, una lo puede leer tranquilamente en el trabajo, en la facultad, mientras discutís con tu pareja, mientras hacés el amor con tu pareja e incluso mientras estás haciendo una operación a corazón abierto sin necesidad de que la gente que está al lado ESCUCHE lo que tenés para decirme, que generalmente, además, no tiene importancia.



Ahora vamos con el flagelo de la humanidad: los grupos de WhatsApp. Un invento más dañino que la bomba atómica o los sobres de sopa para adelgazar.
Primera regla: no agregues gente a los grupos, a menos que te lo pidan.
Segunda regla: no huyas inmediatamente de los grupos apenas te agregan, la gente se enoja.
Tercera regla: ya son bastantes en el grupo, así que cuanto más escuetos y concisos sean los mensajes, mejor.

Todo esto debería formar parte de la Constitución Nacional y los Pactos Internaciones. Como mínimo.

De la pandemia de los emoticones ya nos referimos acá.