Los anarcocapitalistas argentinos



Lucas Carrasco-. Un fantasma recorre los canales de cable: viejos lobos de la derecha comportándose como adolescentes, quieren importar el anarcocapitalismo y presentarse, por primera vez, a elecciones nacionales. ¿Tendrán suerte?





Ya se han presentado electoralmente pero en elecciones acotadas, con diversos formatos desfachatados (tirando a lo banana) sin suerte: para las elecciones de intendente porteño en Argentina. En los sistemas parlamentarios de democracias europeas avanzadas, tienen cierto vuelo, módico. En Estados Unidos, algunos son parte de la ola neoconservadora dentro del Partido Republicano y otros apuestan a candidaturas independientes, generalmente de multimillonarios aburridos.
Su principio rector es la Ley Policéntrica. Esta ley no se entiende sin llevar al extremo a los ya extremistas de la Escuela Austríaca de Economía: los salchichas de Viena que con inteligencia fundaron las bases de una derecha democrática y moderna, lo que habitualmente el término polisémico (por tanto, inoperante en la realidad) denomina "neoliberalismo".
En resumidas cuentas, la Ley Policéntrica viene a ser el paraíso socialista o anarquista, la etapa superior, digamos, que es cuando desaparece el Estado (considerado como un Estado de clase, por los izquierdistas y por ambos, incluidos los derechistas extremos, un Estado opresor). La diferencia radica en que bajo la Ley Policéntrica, la desaparición del Estado no significa la desaparición de las clases sociales, sino una especie de meritocracia con amplias libertades civiles e individuales.
Al igual que el comunismo, la Ley Policéntrica encuentra, en la etapa anterior a la Edad Media sus primeros esbozos.
La Ley, antes de la Edad Media, no estaba necesariamente sujeta al Estado. Por lo tanto, no regía en un territorio concreto. La Ley para los sacerdotes podía ser distinta que para los esclavos (prisioneros de guerras) y superponerse o estar por encima de la ley del reino.
En la actualidad, los anarcocapitalistas proponen la producción privada del derecho. Así como en el marxismo la producción de los medios de producción es la que vertebra toda la arquitectura conceptual y su estatización es el primer paso para la desaparición del Estado, en la Ley Policéntrica el Estado es ya el que vertebra la ley y por lo tanto su efectiva desaparición se lograría a través de la producción privada del derecho. Algo así como una asamblea de "vecinos" de un barrio privado que eligen un gerente anualmente, ven los resultados y objetivos cumplidos y lo reeligen o cambian. Del mismo modo, empresas especializadas en resolución de litigios -desde derechos de propiedad hasta asesinatos- bajo acuerdo de ambas partes en litigio, resuelven una salida o incluso una pena o castigo. Esta pena o castigo la realizaría una policía que serían agencias de seguridad armadas.
La clave de esta desaparición del Estado es que no habría que pagar impuestos. Uno solo paga a la empresa de juicios si hace un juicio, solo paga la universidad si va a la universidad y así. Por ejemplo: si yo necesito un transplante de hígado, pago por el trasplante de hígado, pero si yo no lo necesito, estoy pagando el trasplante de hígado de otro, que se lo hace gratis en los hospitales.
Está claro por qué esta teoría no prende mucho en países como la Argentina: los ricos no pagan impuestos. Y además se enriquecen con el Estado, no a pesar del Estado. Como Macri.
Por eso, los anarcocapitalistas apelan a claves populistas en el estilo de Laclau: unan cadena equivalencial de demandas, que bordean el fanatismo religioso, sobre todo el que enfatiza la ética individual (los evangélicos posmodernos y protestantes ortodoxos, más que los católicos y judíos y menos, los musulmanes), el nacionalismo de Billiken y los miedos a la criminalidad, para lo cual enfatizan el rol del Estado al punto de pedir el Servicio Militar Obligatorio, o que la policía cobre un plus por cada persona pobre que mate.

La posmodernidad líquida los hace simpáticos a estos personajes a menudo esquemáticos, facilitas, graciosos, medio berretas pero hábiles para hacer dinero y cómodos de sentirse el centro de la escena.
Su falta de densidad los termina devorando, pero son una corriente ideológica que seguramente irá en crecimiento, fundamentalmente en Europa y Estados Unidos. 

Nosotros leemos ésto: