Ligero el Chivo

 

Manuel Langsam-. Interrumpido el trabajo por una fuerte lluvia, me acerqué al fogón en donde se habían reunido los peones a la espera de que amainara.



Mientras circulaba el mate, escuché distintos comentarios sobre lluvias y malos tiempos. Hasta que tomó la palabra  un viejo peón que, ya en el final de su carrera, solo trabajaba como patiero.

Y contó lo siguiente:

Lluvia fuerte fue la que me corrió una tarde que había ido al pueblo. El patrón me mandó a que llevara el auto a lavar, ya que tenía un viaje al día siguiente. En ese entonces tenía un Chevrolet que andaba muy bien. Linda y calurosa la tarde cuando salí, pero el tiempo empezó a armarse de a poco.

Ya cuando lo estaban lavando se empezó a escuchar los primeros truenos. Cuando me lo entregaron, brillante y limpito, el cielo estaba completamente negro. Lo puse en la ruta y empezaron a caer las primeras gotas…

Bueno Chivo, le dije,  a ver como te portás ahora. Y ahí nomás le empecé a poner pata con un tremendo chaparrón atrás mío.

Y yo no le aflojaba al acelerador y el Chivo me respondía. Y la lluvia corriéndome de atrás…

Qué macana, pensaba. Tan lindo que quedó y que se ensuciara ahora. Pero no le aflojaba, y la lluvia cada vez más fuerte atrás…

Bueno, llegué a la estancia, lo metí en el garage y salí a ver cómo había quedado…

Y, fíjese,  la lluvia apenas me había alcanzado con unas gotitas en el paragolpe trasero…