Las chances electorales de los anarcocapitalistas



Lucas Carrasco-. Ni Espert ni Olmedo le restan votos solamente a Cambiemos. Por más marginales que sean (y lo son) su nivel de influencia cultural es creciente y su asimilación conceptual es transversal al espectro político, conectándose muy bien con el electorado peronista, fragmentado como está.



Contra lo que muchos creen, la corriente anarcocapitalista no tiene nada que ver con el nacionalismo que caracteriza a los líderes de extrema derecha como los presidentes de Hungría, Polonia, Brasil, Argentina, EEUU, Italia, etc. Aunque eventualmente pueden establecer puntos de contacto en lo económico, estos líderes del nacionalismo de ultraderecha son estatistas en cuanto a la producción intelectual del derecho: consideran que la coerción debe ser estatal, aún cuando pueda subcontratarse -al estilo yanqui- los medios por los cuales efectivizar la coerción, la finalidad de esa coerción siempre la definirá el Estado. En esto, son antagónicos con los anarcocapitalistas.
Es cierto que los anarcocapitalistas crecen al calor del clima imperante cuando estos líderes nacionalistas emergen como contracara de un progresismo bobo, sin sujeto social, lo que en lenguaje cheto se denomina "política de las identidades" y encarnan los Clinton en EEUU, Lula en Brasil y últimamente, en su nueva transformación ideológica, Cristina Kirchner en Argentina.

Contra la creciente creencia de que estas corrientes de ultraderecha serán marginales pero restarán votos a Cambiemos, hay que tener en cuenta que el voto por el progreso social, que ensanchó la base electoral de Cambiemos en el balotage de 2015, hoy está buscando nuevas opciones. Es difícil que estas candidaturas marginales cobren volumen electoral, pero sí que recojan parte de ese voto que en su gran mayoría nutrirá a un candidato emergente que tercie en la cansina pelea entre Cristina Kirchner y Mauricio Macri. Tan funcional a ambos.
El voto por el progreso social es de clase media baja, esto es, lo que otrora se llamaría clase obrera, pero en clave precarizada por varias generaciones, que depende fundamentalmente del crecimiento del precio de los granos que el país vende al mundo para de ese modo subsidiar industrias y los insumos estratégicos de las industrias, lo que genera inflación crónica que se va remediando con subsidios al consumo popular hasta que llega el cuello de botella: ingresan menos dólares de los que entran y se cubre parcialmente con endeudamiento y devaluaciones, hasta que colapsa.
Este sector fue determinante en el amplio triunfo de Cristina Kirchner en el 2011, en el amplio triunfo de Massa en 2013 y en el triunfo en el balotage de Macri en 2015 y luego en 2017. Pero difícilmente vuelvan a votar por Macri o por Cristina Kirchner.
Las elecciones desdobladas en muchos distritos dejan sin el aparato estatal al peronismo de cualquier tipo para una estrategia unificada nacionalmente y la territorialidad que la UCR le brinda a Macri se debilita. Así las cosas, el escenario para una tercer fuerza que pase a un balotage está. Habrá que ver si alguien aparece.
Lo más probable es que ésto último suceda. Y se nutra de votantes que priorizan el ascenso social.
Para taponar esa emergencia de un candidato que tercie sobre el segmento más grande del electorado disponible, que es casi el 60%, las candidaturas alocadas y marginales son funcionales al esquema binario de Macri versus Cristina.
Es decir que la lectura lineal de que le sacan votos a Cambiemos por derecha, peca de sobreideologización y no comprende la idea del colapso estatal que sufren jubilados, empleados comunes, jóvenes desocupados. Las colas constantes, los servicios públicos de mierda, la incapacidad municipal para arreglar pequeñas boludeces de la vida cotidiana; los gobiernos convertidos, por la impotencia ante la globalización, en centros de estudiantes que hacen peñas y ferias, van formando una masa crítica cuyo correlato electoral está por verse. Puede derivar en cualquier cosa: en ésta o la próxima elección presidencial. 
No hay que descartar que una ultraizquierda menos conservadora que el trotskismo que vive en ese nicho, sea la contracara de los anarcocapitalistas y recoja un porcentaje marginal también de votos, pero robados a esa tercera alternativa que aún no existe.

La insistencia sobre una alternativa que no existe deviene de tantas discusiones parecidas en vísperas lejanas de elecciones: hasta seis meses antes de las elecciones, es imposible conocer una tendencia electoral. Y el análisis político tradicional, vendehumo, se centra en los chimentos aburridos de los políticos profesionales en vez de qué está pasando en el electorado y cuáles son las tendencias culturales que van prevaleciendo sobre la sociedad.

Nosotros leemos ésto: