“Es ingenuo hablar de patriarcado”


Nancy Giampaolo-. Ahora se impone revisar esto del "patriarcado" que es, en rigor de la verdad, una forma arcaica de organización social en la que las minas no votaban, no heredaban, no laburaban, etc. Por lo tanto, hay que entender que, cuando el feminismo de género o hegemónico habla de patriarcado, en realidad, está hablando de machismo (que sí sigue existiendo, y que por supuesto que está mal).



Segunda parte del intercambio entre dos periodistas que se animan a cuestionar al feminismo hegemónico



Nancy Giampaolo: Ahora se impone revisar esto del "patriarcado" que es, en rigor de verdad, una forma arcaica de organización social en la que las minas no votaban, no heredaban, no laburaban, etc. Por lo tanto, hay que entender que, cuando el feminismo de género o hegemónico habla de patriarcado, en realidad, está hablando de machismo (que sí sigue existiendo, y que por supuesto que está mal) pero han preferido usar una palabra grandilocuente -y falaz si la tomamos por lo que realmente significa-. ¿Qué pensás de esto? ¿Se te ocurre alguna explicación? De nuevo estamos ante una suerte de intervención sobre el lenguaje, como la generación de jerga y esa clase de iniciativas de corte meramente dialéctico que, en la acción, no tienen la misma envergadura...

Romina Rocha: Bueno, creo que este punto es clave para entender con claridad lo que nos está pasando, porque partimos de una falacia. El patriarcado es, como bien decís, una forma de organización social pero que no tiene que ver con esto que indicás como machismo; es decir, patriarcado y machismo no son sinónimos y eso es algo que hay que poder diferenciar. El patriarcado al que tanto quieren "tirar abajo" es básicamente la forma de organizarnos que nos permitió sobrevivir como especie a lo largo de todo nuestro desarrollo. Los hombres, por ser más fuertes, salían de las cuevas a cazar para proveer a la familia de alimentos y la protegían de los peligros que, históricamente, tuvimos que afrontar en estado de naturaleza. Y las mujeres, por ser las únicas capaces de gestar vida y darle los primeros cuidados a la descendencia, se quedaban en la protección de las cuevas ejerciendo ese rol, tan fundamental como el de su par masculino en pos de la preservación de la especie. Así es como llegamos a formar comunidades y sociedades que, luego de haber superado los peligros del mundo natural gracias a los avances en ciencia, industria y tecnología, pasamos a constituir un conglomerado de cuestiones culturales que, partiendo de esa base en la que el hombre proveía para que la mujer pudiera dar vida, se fue transformando en la forma machista de concebir las relaciones en sociedad. Entonces, cuando escuchamos hablar de que "el patriarcado mata" equiparado a "el machismo mata", estamos ante una falsedad y una construcción peligrosa de un sinsentido, ya que es justamente lo contrario y es gracias a la estructura patriarcal que pudimos sobrevivir como especie. En este sentido, cuando la respuesta al "machismo" es el "feminismo", en verdad no estamos ante una solución a una desigualdad, sino ante una inversión en los roles de esa misma desigualdad, en la que se propone que para "dejar de ser machista" una persona debe ceder en todo lo que implique al hombre y su desempeño histórico para que ese lugar sea ocupado por las mujeres, dejando de esta manera en evidencia que cuando vemos todo este menjunje estamos, en realidad, ante una disputa por el poder sobre el conjunto y no ante una lucha por una equidad ni mucho menos por algo que se asemeje a la justicia. Más bien, estamos hablando de una revancha sexista.

Nancy Giampaolo: Todo eso me hace pensar en la vieja frase patriarcal “Las mujeres y los niños primero”. Después de todo, reconocer que los que históricamente han muerto por millones en las guerras siempre fueron mayoritariamente los hombres, sería un acto enaltecedor, lo mismo que reivindicar los enormes logros científicos que los varones desarrollaron a lo largo del tiempo en beneficio de las mujeres, entre tantas otras cosas que se cargaron al hombro y de las que hoy nosotras, afortunadamente, nos podemos servir a gusto. Esta idea pueril de “derribar al patriarcado”, además, molesta a muchas activistas, digamos, pioneras, porque se desvalorizan sus logros y luchas en tiempos y contextos muchos más adversos para las reivindicaciones de género. No sucede sólo acá, se vio muy claramente en Francia el año pasado, con el manifiesto firmado por un centenar de intelectuales feministas advirtiendo sobre el sectarismo y la infantilización victimista de la mujer de este nuevo feminismo, que parece no conocer demasiado de historia, política y, sobre todo, de justicia social. En cuanto a esto de arrancar desde una falacia que decís, me parece que cuando el feminismo local finge desconocer ciertas realidades o, peor aún, cuando falsea datos en pos de sus objetivos, se entrampa a sí mismo porque cae en una cosa al estilo “la mentira tiene patas cortas”. Se habla de brecha salarial y techo de cristal sin presentar estadísticas correctamente hechas y cuando alguien lo aclara, como la filósofa Roxana Kreimer a través de su proyecto feminismo científico, es desoído o ninguneado. No se blanquea nunca la gran mayoría femenina en PAMI y ANSES, los dos principales entes autárquicos del Poder Ejecutivo, o de la incorporación de cada vez más mujeres a la policía y, en cambio, se pide más cupo femenino en todas las áreas. Se acusa a la Justicia de “patriarcal” sin decir que dispone de tres unidades de la Corte Suprema destinadas a las mujeres en exclusiva como la Oficina de la Mujer, la de Violencia Doméstica, y el Registro Nacional de Femicidios, además del Instituto Nacional de la Mujer. Los cargos en estos organismos suelen estar muy bien remunerados y quien haya conocido un juzgado de familia puede dar fe de la mayoría de presencia femenina en peritos que, a veces, trabajan mancomunadamente con ONGs feministas dedicadas a intervenir en denuncias de violencia familiar y demás. También existen las comisarías para la mujer, algo conceptualmente bizarro si pensamos que el feminismo habla de igualdad, equidad y otros principios que entran en coalición con tener una institución policial a tu exclusivo servicio. Creo que Kreimer también dio a conocer los números reales de presos por violación en Argentina, dejando claro que no es real que las violaciones no se paguen, pero lamentablemente es casi la única feminista que conozco capaz de reconocer esta clase de cosas y difundirlas con valentía y amor a la verdad. Se machaca con la violencia contra la mujer, pero se soslaya que el 100 por ciento de las víctimas de gatillo fácil son hombres pobres, se insta a dar a conocer los abusos sufridos mediante el escrache, pero no se propone visibilizar el abuso institucional y policial sufrido por tipos, se dan a conocer las cifras de femicidio (según decía hace poco Casa del Encuentro, la ONG que nutre a los medios con sus números, siguen siendo alrededor de 29 por día, al igual que en 2015 cuando empezó la movida niunamenos) pero no se insiste con los números de pobreza y mortalidad infantil. Y Cambiemos está a full con todo esto, pese a  que lo progres pretendan que no es así. La inversión en campañas contra la violencia machista del gobierno de Macri no tiene precedentes en el país y es una de las más grosas de America Latina. En fin, con la palabra patriarcado se fue articulando un feminismo endogámico, sectario, elitista y rimbombante en sus arengas, pero no tan eficaz en sus resultados. Al menos no para los sectores populares que cada día están más complicados económica y socialmente, independientemente del género al que sus integrantes correspondan.

Romina Rocha: Además, hay algo que no se discute directamente desde estos postulados posmodernos pero que se sugiere permanentemente a través de la imposición de los "nuevos modelos" de familia, en los cuales los roles son invertidos y las estructuras naturales se exponen como algo malo que debemos combatir. Y este punto es crucial, porque es la familia la clave y el objetivo que los intereses corporativos a nivel mundial quieren destruir. ¿Por qué? Porque la base fundacional de nuestras sociedades y sus avances a lo largo de la historia es justamente la familia en la que la división de tareas, originada allá en la caverna por necesidad de supervivencia y luego esquematizada para evolucionar, motivo por el cual ahora los capitales financieros a nivel mundial están trabajando fuertemente para destruirla, ya que para incrementar las "ganancias" lo que necesitan es que estemos enfermos, deprimidos y ansiosos (para comprar medicamentos), que estemos confundidos sobre nuestras identidades (para que gastemos guita en tratamientos, hormonas y operaciones que nos invisibilicen nuestra condición natural) y que estemos enojados y frustrados (para que consumamos cualquier cosa prefabricada que nos haga evadirnos de nosotros mismos). Por eso es que la defensa de la familia no tiene que ver con volver al pasado, como nos quieren hacer creer desde el menosprecio con el que se dirigen a quienes no comulgamos con esta deformación del tejido social, sino por el contrario, es la mayor defensa que tenemos los pueblos ante el enemigo máximo que enfrentamos en todo el planeta, que son las corporaciones apátridas que buscan un globalismo sin gobiernos, sin familias, sin amor y sin futuro en el que sólo nos mueva la necesidad de un capital que ahogue nuestro ser para entregarlo al servicio del dios dinero.

Nancy Giampaolo: En esto que decís hay bastante consonancia con lo que el filósofo coreano tan de moda, Byul Chun Han, asevera en relación al hombre explotándose a sí mismo para alimentar a la maquinaria capitalista. Claramente una gran victoria de lo que conocemos como sistema es haber logrado que practiquemos la opresión hacia nosotros mismos y el feminismo de género no es una excepción. Cuando llegamos a creer que la libertad y la equidad van a conseguirse a través de un corte trasversal de la sociedad y no a través de la identificación de los poderosos, corruptos y opresores como verdaderos enemigos de la justicia, nos estamos haciendo un gran daño. Ideas fomentadas tanto desde sectores progres como desde la propaganda oficialista de género como “cualquier mujer que vive con un hombre está en peligro de ser golpeada, violentada y abusada física o simbólicamente” o “el varón es naturalmente violento” o “la mujer tiene sí o sí una relación de inferioridad frente a él” no hacen más que generar una división entre personas de condiciones económicas y sociales similares, eliminando el ideal de “pueblo” y favoreciendo
la preservación de las elites y de los referentes y activistas financiados que, con todo este fervor feminista, están de para bienes. Mientras asumíamos una deuda monumental con el FMI salimos a la calle a pelear por el aborto con el glitter y el misoprostol como emblemas de un derecho básico; y mientras se daban a conocer las nuevas estadísticas de pobreza infantil, todos los diarios importantes sacaban en tapa el caso Darthes. El aborto y el abuso existen, al igual que otros muchos problemas que afectan a las mujeres, pero ponerlos tan por encima de otros problemas aún más urgentes en el contexto de una economía deprimida como la nuestra, es funcional al poder y no ayuda realmente a nadie. Por ahora, el feminismo no atina a fomentar en serio la justicia social con la que se llena la boca.

La primera parte de esta conversación, se encuentra en este link
La tercera parte de esta conversacióncontinúa acá.