El amor y la revolución



Manuel Ibiza-.


Cuando era adolescente
tenía amores políticos,
que a nadie le importaban
pero los tenía.

Amaba con categorías revolucionarias
si es que eso todavía
quiere decir algo.
Amaba sirenas, ballenas, poemas.

Los conceptos tenían minifalda.
Eran tiempos perfectos y estúpidos.
La revolución tenía tetas.
Y era una utopía, profunda como una vagina.
Sinuosa como sus labios carnosos.
Resbaladiza como un orgasmo femenino.
La poesía era una prostituta que me amaba.
A la vuelta de cada esquina.

Y venía Artaud y se iba por la ventana Cortázar
Todo era contra Borges. Todo era por Sartre.
Naufragé con Olga Orozco todas las islas de Hemingway
cosiendo zapatos rotos con Vallejos.

La luna me importaba.
Cubierta de edificios.
En los bares donde me emborrachaba.
Solo. Siempre solo.

Las cosas han cambiado un poco.
La luna sigue llena de edificios.
Los flujos son informáticos.
Y yo sigo solo. Siempre solo.