Una tragedia silenciosa



Ezequiel Bauman-. Las políticas industriales del kirchnerismo fueron arrasadas por el macrismo. La tragedia dejó miles de pymes cerradas, puestos de trabajo que se van al exterior, riqueza perdida, desocupados, miseria.



Las pequeñas y medianas empresas manufactureras son las que dan mejor trabajo, con mayor salario y en los países serios, mayor estabilidad. En el país surgieron como consecuencia de la casi paralización del comercio mundial de entreguerras y el agotamiento del modelo agroexportador. Posteriormente, bajo la primer presidencia de Juan Domingo Perón, se les dio un impulso fenomenal junto al alza salarial y el empoderamiento de los trabajadores, crearon las condiciones para un mercado interno fuerte y pujante, donde estas pymes industriales se consolidaron.
Con el Proceso de Reorganización Nacional del fatídico 1976, no solo hubo un sistemático plan de terrorismo de estado sino también un plan sistemático de destrucción de las bases de nuestra economía nacional, sustentada en el mercado interno, con el pilar de los altos salarios y las pymes industriales. El objetivo, logrado, fue volver al modelo agroexportador.



Al asumir el kirchnerismo -aunque debe reconocerse el esfuerzo del Doctor Duhalde en dar el puntapié inicial- se volvieron a fomentar estas políticas de creación de pymes industriales.
Entre Ríos, sobre todo durante la gestión de Sergio Urribarri, que entabló una buena sintonía con la Nación, se vio beneficiada de este proceso naciendo así una incipiente industria local. Mejor dicho, volviendo a nacer, ya que Entre Ríos la tuvo desde antes de que se independizara Argentina de España y hasta mediados del siglo pasado, cuando por razones que no vienen al caso comentar, Entre Ríos fue perdiendo su lugar en el concierto nacional. He leído con sumo interés en Noticias Entre Ríos el trabajo del joven Doctor Ramiro Pereira sobre la historia del radicalismo entrerriano y he notado que en un párrafo da algunas de las claves de este proceso. Recomiendo su lectura.

El  Índice de Producción Industrial PYME (IPIP) que elabora todos los meses la corporación patronal CAME, arrojó los siguientes datos de noviembre de 2018: caída del 5,6% de la producción PYME industrial en relación al mes pasado, luego de siete meses de caídas consecutivas dejando como saldo una merma de 2,2% en once meses. Solo un tercio de las empresas de las 11 ramas relevadas, tiene rentabilidad, aunque muy baja. Fundamentalmente, producto de la brutal devaluación (que huelga aclarar: la mayoría de ese sector pedía).

Se está utilizando la mitad de la capacidad instalada. Esto quiere decir que se produce la mitad de lo que antes de que llegara al gobierno Cambiemos, se podía producir en estas fábricas. Estas fábricas pequeñas y medianas son en su mayoría fábricas familiares, con buena parte de la familia trabajando en ellas, además de ser una parte importante de quienes brindan trabajo en el mercado. A diferencia de otros rubros como la construcción, la limpieza, el campo, en este sector se pagan altos salarios, mayormente en blanco, lo que redunda en que los trabajadores vayan a la despensa, al supermercado, a una playa barata como las ofrecidas por el turismo entrerriano. Son estos trabajadores de los grandes polos industriales del país los que vienen a Entre Ríos con sus familias de vacaciones.
La caída de este sector repercute en toda la economía de las personas comunes, en su día a día.
Además, la caída de este sector representa una caída de los ingresos por impuestos de los Estados nacional, provinciales y municipales. Una tragedia en toda regla.